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| 12/10/1990 12:00:00 AM

OPERA VIVA

Después de 66 años de su muerte, sigue en juego el legado de Puccini.

OPERA VIVA OPERA VIVA

Es como si lo hubiera presentido. Una de las óperas de Giacomo Puccini, compuesta a comienzos del siglo, gira alrededor del tema de una herencia embolatada que finalmente queda en poder del menos indicado. Se trata de "Gianni Schicchi", en la cual el personaje que le da el nombre a la pieza musical se presenta ante el notario florentino encargado de la sucesión y se hace pasar por un pariente del difunto millonario. Luego de una treta muy bien montada, Schizchi recibe la mayor parte de los bienes y los verdaderos familiares deben conformarse con un conjunto de detalles que no pasa de tener un lejano valor sentimental.

Las ironías del destino: una comedia como ésta, que a pesar de su tema vulgar quedó enmarcada en la historia de la música gracias al genio de Puccini, se devuelve ahora como un bumerang contra el legado del propio compositor. 66 años después de su muerte, cuando podría pensarse que cualquier debate alrededor de su herencia ha quedado ya muy bien enterrado, acaba de desatarse una polémica que involucra a familiares del autor de "Tosca", empleados que estuvieron al servicio de la casa Puccini e, incluso, al propio Estado italiano. Con este enredo el propio Puccini hubiera podido escribir un epílogo para su divertida ópera, y cualquier productor cinematográfico estaría encantado de construir una película de suspenso.
Con la muerte del compositor italiano en 1924, su único hijo, Antonio, ejerció sus derechos como heredero universal. Antonio estaba casado con Ritta Dell'Anna, de manera que en 1946, con su muerte, ésta tomó posesión de la fortuna del maestro. Dell'Anna murió años después, y su hermano Livio entró a formar parte de esta cadena de sucesores, que muy pronto se había desviado del tronco original.

Se dice que Puccini dejó una inmensa fortuna al morir. No obstante, Livio Dell'Anna afrontaba una penosa miseria cuando se produjo su deceso, en 1986. ¿Qué pudo pasar, entonces, con el nada despreciable legado material del compositor? La verdad ha empezado a conocerse apenas ahora, en momentos en que "Gianni Schicchi" resulta una ópera viva, con protagonistas de carne y hueso que resultaron más avivatos que el personaje central de la comedia.

Este capítulo comenzó hace algunos años, cuando se presentó ante el tribunal italiano una tal Simonetta Giurumello para pedir cambio de apellido, alegando ser una hija no reconocida de Antonio Puccini, es decir nieta del autor de Madame Butterfly. Ante la negativa de las autoridades, Giurumello contrató un abogado de renombre para que recuperara lo que fuera posible de la herencia del músico. Consciente de que una jugosa suma por concepto de honorarios estaba en juego, el abogado adoptó el papel de investigador y hace apenas unos días descubrió que en esta maraña de acontecimientos la pieza clave la constituía un hombre digno de protagonizar la consabida ópera.
Se trata nada menos que de Pasquale Belladona, mayordomo durante mucho tiempo de Livio Dell'Anna. Un año antes de morir, Dell'Anna, legó una suma fabulosa a diversas organizaciones de beneficencia italianas, pero reservó para sí dos inmuebles ubicados en Montecarlo de características principescas, así como una gruesa suma de dinero, valiosas obras de arte y una buena cantidad de joyas que depositó en un banco del principado.

Las averiguaciones del abogado de la señora Giurumello han permitido establecer que Belladona es hoy el feliz propietario de una de las villas de Livio Dell'Anna y su existencia transcurre plácidamente con una renta que le permite llevar vida de millonario. Supuestamente el dinero que Livio tenía en su cuenta de Montecarlo fue retirado unas semanas antes de morir por el mayordomo.

Todo hace suponer, según ventila la prensa que Belladona, bajo presiones, chantaje o extorsión, logró que su patrón le firmara varios documentos que lo acreditan como dueño de la fortuna. Aunque hoy en día niega, obviamente, que haya algo turbio en lo que a sus pertenencias se refiere, las pretensiones de la supuesta hija de Antonio Puccini apuntan a quedarse con lo único salvable del embrollo: la residencia de Torre del Lago, en la Toscana, donde el compositor pasó buena parte de su vida.

Si bien a los seguidores, admiradores y amantes de la obra de Puccini poco deberían interesarles los problemas a que se ha visto sometida su herencia material, pues debe bastarles con el maravilloso legado artístico, lo cierto es que precisamente la casa de Torre del Lago constituye un verdadero museo, donde se conservan las pertenencias y los recuerdos más queridos del músico. Por lo pronto el tribunal sigue adelante con el proceso, y hay quienes comentan que no es difícil lograr un fallo a favor de la señora Giurumello. En tal caso, no habría otra alternativa que vender la residencia-museo y entregar el producido a la demandante. Y, por supuesto, el comprador no podría ser otro que el propio Estado italiano, pues los habitantes de la Toscana no están dispuestos a perder uno de sus mayores santuarios. De cualquier forma, sólo el tiempo podrá revelar el verdadero epílogo de "Gianni Schischi" -
María Teresa del Castillo

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