Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/12/04 00:00

Operación ja ja

Un ciego y un sordo son acusados de un crimen que no cometieron, en una de las mejores comedias del año.

Operación ja ja


"Ciegos, sordos y locos"
Dirigida por Arthur Hiller - Comedia
Con Gene Wilder y Richard Pryor.
Por tercera vez se hallan reunidos dos de los mejores cómicos del cine norteamericano contemporáneo: el rubio Gene Wilder y el negro Richard Pryor. Antes estuvieron juntos en "Locos de remate" (se disfrazan de gallinas y unos ladrones toman sus trajes para robar un banco), y "El expreso de Chicago" (huyendo de vagón en vagón, a toda velocidad de un asesino enloquecido).
Ahora Wilder es sordo y Pryor es ciego, y son acusados por el asesinato de un desconocido a pocos pasos de la venta de periódicos que tienen en un edificio: Wilder no escuchó el disparo pero pudo ver el más hermoso par de piernas llevado por una mujer vestida de rojo; Pryor oye el tiro y alcanza a detectar el olor de la mujer, el olor del perfume Shalimar. La policía se los lleva como sospechosos pero con la imagen de las piernas tentadoras y el olor del perfume, los dos tendrán que reconstruir su supervivencia en medio del caos.
"Ciegos, sordos y locos" es muy divertida, está llena de equívocos, situaciones ridículas, especialmente porque el ciego no quiere aceptar su incapacidad, no quiere que los demás descubran su problema, cruza la calle impunemente y hasta tiene el coraje de ayudar a otro ciego a que siga su camino. Acompañado de su hermana, comienza a gritar en un bus cuando, supuestamente, descubre que es negro y se siente traicionado por los padres y el mundo. Sube y baja escaleras eléctricas, discute con la gente, atraviesa las más peligrosas esquinas y en el colmo de su irresponsabilidad, cuando se encuentran en plena fuga de los policías y los mafiosos que los persiguen, toma el volante de un autopatrulla mientras el sordo le va indicando hacia dónde debe cruzar.
Arthur Hiller, el realizador de esta comedia enloquecedora, es un veterano del género. Aunque muchos no le perdonan Love story, tiene otros títulos como Outrageous Fortune, con Bette Midler; Hospital, con George C. Scott; Plaza Suite, con Walter Matheau y, entre numerosas películas, Making love, una de las primeras en abordar francamente el tema de la homosexualidad. Actor desde los 9 años, peleó durante la II Guerra, estudió sicología, dirigió más de 300 programas y episodios para la televisión hasta cuando encontró su verdadero espíritu, la comedia y eso lo demuestra con esta película, donde dos actores, tan completos y agresivos como estos, consiguen personajes sensacionales, el sordo discreto y educado, y el ciego altanero y conquistador, detrás de quienes se arma una cacería interminable, caótica y contagiosa.
Hiller tiene su propia definición de la película: "Es una comedia sobre dos minusválidos que aprenden el uno del otro y encuentran maneras de enfrentarse mejor a la vida. El espectador no sólo se ríe, también se conmueve con ellos". Colocar dos cómicos como estos en una misma historia es un riesgo porque, en la mayoría de los casos, se salen del guión, inventan sus propios gestos y diálogos, apenas siguen las instrucciones básicas del director y ponen en peligro el presupuesto y el plazo de rodaje. Pero Gene Wilder y Richard Pryor conocen demasiado su oficio y por eso se arriesgan a la improvisación mientras el realizador descubre, como en este caso, que la película está resultando mejor de lo que esperaban.
Los personajes minusválidos casi nunca son cómicos porque en Hollywood existe el temor de ofender a los espectadores y cualquier situación puede convertirse en una ridiculización o una burla. Nadie ha podido olvidar, en cambio, películas como "Terror ciego", con Mia Farrow tanteando la presencia del asesino, o Joan Crawford confinada en una silla de ruedas en Baby Jane, o Marlee Matlin en "Te amaré en silencio", todas historias dramáticas. En cambio, aquí se plantea el humor desde el comienzo, especialmente con ese diálogo entre Wilder y Pryor cuando este llega en busca de trabajo, intentando fingir que no es ciego mientras el otro se siente torpe con la situación que se plantea. Entonces, aparece la mujer. De ahí en adelante ocurre de todo, desde la estrellada contra kilos y kilos de carne que están colgando, hasta la caída en una barcaza llena de desperdicios y el encuentro con el enemigo principal, rodeado de cabezas de animales salvajes e intentando acabar con los dos novicios aventureros. Hasta cuando Pryor descubre que basta con apagar la luz.

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