Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2002/11/03 00:00

Operas para disfrutar

Los melómanos son los grandes beneficiados de la música trasladada al formato del DVD: por precio y por calidad artística.

Si un sector puede considerarse verdadero beneficiario del sistema DVD de video son los melómanos. Por razones prácticas y artísticas. Por el lado de las prácticas está el hecho de que frente al ya prácticamente abolido video láser, que jamás terminó de imponerse por su alto costo y un diseño no del todo funcional, el DVD es práctico de manipular, favorable al bolsillo -esto sí que es práctico- y la inversión es doble: un disco puede contener una ópera completa, para ver, o sencillamente para oír, como si de un compacto se tratara. En lo artístico el patrimonio es monumental, y para todos los gustos: grandes directores musicales y de escena, los mejores diseñadores y elencos estelares en noches irrepetibles. Valga no obviar la ayuda del subtitulado. En esta edición tres buenas muestras del tema.

Rossini
IL BARBIERE DI
SIVIGLIA
Deustche Grammophon

La producción del Barbiere di Siviglia, de Jean Pierre Ponelle, es un clásico de clásicos, con los magníficos oficios del coro y orquesta de la Scala de Milán dirigidos por el entonces muy joven Claudio Abbado.

Abbado trabaja un sentido moderno de la interpretación, limpia de viejos vicios, pero sin perder vitalidad. Ponelle entendía con increíble claridad ya en 1974 que la búsqueda del humor no puede permitirse lo chabacano.

Si se agrega un elenco esplendoroso, todo mejora: el barítono alemán Hermann Prey canta su Fígaro con clase, calidad y timbre hermosísimo. Teresa Berganza es Rossina, voz de terciopelo y justa dosis de picante. Corona el trío el tenor peruano Luigi Alva, el más autorizado Almaviva del siglo XX: Alvaviva le decían. Además, Enzo Dara como Bartolo, el Basilio de Paolo Montároslo y la Berta de Stefania Malagú.

El concertante que cierra el acto I es un paradigma de cómo se hace ópera: teatral y musicalmente.

Wagner
DIE WALKÜRE
Philips

Un registro importante esta Walkiria -segunda jornada del Anillo del nibelungo de Wagner- que a fines de los 70 el Festival de Bayreuth puso en escena para celebrar el centenario del estreno del Anillo, con dirección musical de Pierre Bolulez y de escena de Patrick Chérau. Cuando se estrenó hubo abucheos y pataletas en la Festphielhaus pero cuando se retiró de repertorio se le daba el tratamiento de un clásico. Hoy se entiende: Chérau conmocionó los cimientos de la puesta en escena wagneriana al situar el universo de los dioses en una especie de mundo industrializado, pero con un gusto y una inteligencia indiscutibles. Boulez hizo su lectura desde los originales, independiente de la tradición y ofreció algo nuevo y refrescante.

Encabeza el elenco la galesa Gwyneth Jones, en la plenitud de sus facultades de soprano dramática, cantando una Brünhilde arrolladora, imponente, y de paso delgada y atractiva, enfrentada al Wotan intenso de Donald McIntry y a la Fricka de Hanna Schwarz. No están atrás la Sieglinde de Jeannine Altmeyer y el Sigmund de Peter Hoffmann: rebosan juventud y fogosidad.

Buen ejemplo de una puesta en escena histórica y original.

Verdi
FALSTAFF
Sony Classical

La dirección musical de Herbert von Karajan eleva este Falstaff a su justo lugar de obra maestra de fin del siglo XIX. La grabación se realizó en el festival de Salzburgo de 1982. Karajan -quien dirige la escena- sabía que esta ópera bufa italiana, inspirada en Shakespeare y producto de una larguísima meditación estética del compositor, es su testamento estético, por eso no elude un cierto toque de auténtica grandeza sonora, en tanto que permite a los cantantes detalles de ingeniosa comicidad, a la altura de una obra, inspirada fundamentalmente en Las comadres de Windsor. No es exagerado decir que es humor con clase y comicidad elegante. Tremendo elenco: Giuseppe Taddei es Falstaff, Rolando Panerai canta a Ford, Raina Kavaivanska es Alice, Francisco Araiza es Fenton, Janet Perry es Nanetta y Chista Ludwig una Mrs. Quickly de lujo. La puesta en escena es exquisita, con decorados de época de Günter Schneider-Siemsssen y fino vestuario de Georges Walkhevitch.

Es más que la filmación de un buen espectáculo: Karajan intuía la futura importancia del video, y por lo mismo cuidó que sus producciones resultaran lo suficientemente 'fotogénicas' para los espectadores del futuro: nosotros.

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