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| 9/26/2015 10:00:00 PM

Buen balance jazzístico

Se va cerrando otro mes de septiembre con sus festivales de ‘jazz’ en todo el país, y un panorama alentador para sus representantes nacionales.

El pianista panameño Danilo Pérez puede darse el lujo de decir que visitó cinco ciudades colombianas (y seis escenarios distintos) en ocho días. La hazaña permitió que los melómanos de casi todo el país fueran testigos de su nueva búsqueda estética: una reflexión sobre la colonización de Panamá y una mirada retrospectiva a la obra del maestro Thelonious Monk.

La llegada de figuras de vital importancia para el mundo del jazz sucede siempre en septiembre, y se da gracias a una red que han establecido estos festivales a nivel nacional. Aunque mantienen independencia de criterios (unos tienden más hacia las músicas tradicionales del mundo, otros hacia el lado latino), eligen cada año una o dos estrellas y comparten los costos de una gira bien estructurada. Hace un par de años, durante el festival Barranquijazz, el flautista puertorriqueño Néstor Torres afirmaba sorprendido que “no hay un sistema así ni siquiera en los festivales de ‘jazz’ de Europa”.

Así ha transcurrido un nuevo mes del jazz en Colombia, que empieza a mostrar sus frutos en cuanto al surgimiento de figuras locales. La nueva generación creció acostumbrada a las visitas de importantes jazzistas, y la apertura de estudios profesionales de jazz en las facultades de música ha permitido que tengamos algo que aportar a este género. Los festivales de Pasto, Cali y Medellín vieron este año el debut de la pianista cartagenera Melissa Pinto, cuyas composiciones se basan en ritmos costeños como la puya y el fandango. Por su parte, el festival de Mompox presentará a Fatso, un grupo bogotano difícil de clasificar, que recuerda las bandas sonoras del cine negro y los discos más oscuros del roquero Tom Waits.

“Estamos en un borde entre el ‘rock’ y el ‘jazz’”, explica Daniel Restrepo, de Fatso. “Es algo que ha sucedido de manera natural: nos invitan a diferentes escenarios. Pero cuando son festivales de ‘jazz’ hacemos solos más largos, dejamos que haya momentos impredecibles”.

Y en cuanto a la utilización de instrumentos autóctonos, la gran sorpresa ha sido el grupo Redil, que pasó por Pasto y Barranquilla. Su originalidad consiste en agregarle al jazz una marimba de chonta del Pacífico, “un instrumento que permite la improvisación al 100 por ciento”, según cuenta su intérprete, Adrián Sabogal. “La marimba me ha llevado a profundizar en un estudio no solo técnico, sino de contextualización. Lo puedo usar como si fuera un xilófono, pero no puedo olvidar que a la vez es un estandarte del currulao”.

Todas estas propuestas jóvenes les adeudan, sin duda, a los pioneros del jazz colombiano, que también tuvieron presencia este año. En Barranquijazz, el septuagenario Edy Martínez confirmó el afecto que le tienen sus seguidores, improvisando el estribillo “A Barranquilla me voy” sobre una melodía del compositor cubano Emiliano Salvador. Y Jazz al Parque, de Bogotá, celebró sus 20 años por todo lo alto, invitando a Antonio Arnedo a dirigir el llamado ‘Colectivo Colombia’: un desfile de estrellas locales que nos paseó por visiones jazzísticas del joropo llanero, el abozao del Pacífico e, incluso, en clave de humor, esa salsa montañera que llamamos chucuchucu.

¿Qué sigan viniendo las grandes figuras internacionales? Magnífico y, sobre todo, necesario para nuestros modestos oídos. Pero una gran conclusión, luego de casi dos décadas de septiembres de jazz, es que ya tenemos figuras nacionales capaces de aportar su particular colorido a ese gran concierto del jazz mundial.
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