Sábado, 21 de enero de 2017

| 1997/06/02 00:00

ORGULLOSAMENTE COLOMBIANOS

Este año han aparecido en el mercado discográfico de música clásica grabaciones colombianas que no tienen nada que envidiarle a las producciones e intérpretes extranjeros.

ORGULLOSAMENTE COLOMBIANOS

Desde cuando en Colombia se graban discos, ese ha sido un espacio casi exclusivo de los artistas provenientes de la música popular. Porque cuando los de la mal llamada música clásica lo hacían, jamás conseguían superar las fronteras del medio especializado, que siempre los sometió a comparaciones con trabajos similares de grandes casas discográficas de Europa y de Estados Unidos. Sin embargo este año, prácticamente sin invertir un centavo en publicidad -y sin alarde- aparece en los estantes de las tiendas de música una nada despreciable serie de grabaciones de artistas colombianos que el público ha recibido con respeto y entusiasmo. Porque, sin pretenderlo, nadie ha hecho comparaciones. Al fin y al cabo la calidad está libre de cualquier sombra de sospecha. SEMANA registra algunas de estas grabaciones que pisan duro y se imponen con paso seguro.

Teresa Gómez, piano
Obras de Calvo, Viecco, Mejía, Vidal, Yepes
Caribú Internacional
La audición de este disco, grabado en el auditorio de Eafit de Medellín, deja en el oyente la certeza de que Teresa Gómez, cuando se acerca al teclado, se juega la vida. Primero por esa manera tan franca de desentrañar sonoridades descarnadas del instrumento a través de la búsqueda de un sonido que no hace concesiones al gusto ortodoxo, lo que a ella parece tenerla sin cuidado. Pero especialmente porque en el recorrido de esta hora de música toca sin pudor para transmitir a quien la oiga una emoción que es genuina, sin artificios y sin amaneramientos. Repertorio colombiano, fundamentalmente de obras de Luis A. Calvo, que en sus manos adquiere la dimensión de un grande del piano, básicamente en los tres Intermezzi y una versión formidable de Madeja de luna, interpretaciones más allá de la nota escrita y de la búsqueda de una expresión justa. Otro momento extraordinario es su versión de la Danza de Adolfo Mejía, que en su interpretación se convierte en poesía pura. No se queda atrás su aporte y vigor para engrandecer la obra de Carlos Viecco, Gonzalo Vidal y Gustavo Yepes. En esta, su primera aparición discográfica en el formato de disco compacto, Teresa Gómez viene a demostrar que si bien no necesariamente sea ella la pianista con la técnica más aplastante o con mayor cantidad de repertorio archivado en la memoria, sí es la artista con un discurso musical más personal y claramente enunciado, con mayor capacidad para transmitir emoción y con el don de establecer una conexión fuerte con el oyente.

Música Ficta
Romances y villancicos de España y del Nuevo Mundo
El furor que hay en el mundo entero por recrear el universo musical del Renacimiento lo refleja en Colombia Música Ficta, integrado por Adriana Caro (flautas dulces), Leonor Convers (canto y percusión), Sergio Gómez, (vihuela y guitarra), Carlos Serrano (vientos antiguos y flautas dulces) y Jairo Serrano (canto, laúd y percusión). El disco sorprende, primero por el admirable rigor del trabajo, segundo por la versatilidad organológica del conjunto y tercero por el dominio y seguridad para aproximarse a la estética y al estilo. Ahora bien, el disco no se queda ahí, porque la intención es claramente didáctica en el recorrido concreto por selecciones que provienen del Cancionero de la colombina del siglo XVI, colección de Romances moros del siglo XVI español, obras del barroco mexicano de los siglos XVI y XVII y archivo de la Catedral de Bogotá del siglo XVII. Un trabajo francamente ejemplar.

Johann Sebastian Bach
Sonatas para viola dagamba y clavecín
Anibal dos Santos, viola; Sergio Posada, clavecín
Radicado en Viena, el joven clavecinista antioqueño Sergio Posada, con los buenos oficios del violista venezolano Anibal dos Santos, enfrenta en esta grabación realizada en Austria, una de las colecciones más comprometidas del corpus musical de Juan Sebastián Bach: sus tres sonatas para viola da gamba y clave. Es evidente que Posada ha buscado sobriedad de registración del instrumento, también discreción en la ornamentación y dotar el fraseo de una fluidez constante, admirable en los movimientos lentos (el inicial de la Nº 2 es particularmente afortunado). Dos Santos, por su parte, tiene una notable riqueza tímbrica, seguridad en el arco y cuida con especial fortuna la afinación. Un reto difícil del que salen más que airosos y libres de cualquier lesión.

Lucila Paillíé, piano
Diversos autores
Cuando el talento, el conocimiento de la técnica, la capacidad de trabajar ad-libitum y el gusto innato se ponen al servicio de la música popular, los resultados son francamente seductores. Es el caso de Lucila Paillié, una vida consagrada a la interpretación del repertorio llamado clásico, pero siempre interesada por la música popular. Su selección es la menos ortodoxa y la más grata: desde boleros de Lara (Hastío, Señora tentación, Rival, etc.), Portillo de la luz (Delirio) y Luis Demetrio (La puerta) hasta una rica muestra de obras de diversas estéticas, como Alfonsina y el mar de Ramírez y Luna, que sin exagerar no solo le pisa los talones al original sino que francamente lo supera, hasta una de las menos divulgadas y más exquisitas melodías de Armando Manzanero: Jamás imaginé. Una lección de cómo hacer música popular con gusto y rigor.

Piano recital
Tuomas Turriago, piano
Obras de Rachmaninov,
Hindemith y Liszt
Quizá más conocido que Tuomas, nacido en 1979, sea su padre Carlos Turriago, maestro del Conservatorio Central de Finlandia, y su maestro allí. Su hoja de vida tan excepcional solo encuentra explicación en el hecho de haberse iniciado en los escenarios como niño prodigio. Este disco, tomado del vivo, recoge una actuación suya en el Cullen Hall de Houston en Estados Unidos. El programa no es el más corriente; abre con 2 preludios, un Etude-tableau y Lilacs de Rachmaninov, impecables. Sigue la difícil y angulosa Sonata Nº 3 de Hindemith, que toca con sorprendente madurez. Concluye con tres temibles caballitos de batalla del repertorio lisztiano: una poética versión del Soneto 104 del Petrarca, un fluido Sospiro Nº 3 y la Balada en si menor en la cual Turriago, a pesar de su edad, se revela como un pianista capaz de proponer su propia versión, sin deudas con los paradigmas y sin esquivar el exigente y temible virtuosismo.

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