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| 5/2/2015 10:00:00 PM

Un genio del cine

Hace 100 años nació Orson Welles, un joven prodigio que hizo historia en el cine, en el teatro y en la radio. Esta es su historia.

Orson Welles fue un hombre multifacético; como actor, director y escritor innovó el teatro, dirigió la emisión de radio más polémica de la historia y cambió la manera como se hacen películas. Lo más increíble es que todo esto lo logró antes de cumplir 26 años, y a los 30 muchos opinaban que sus mejores días habían quedado atrás.

Welles comenzó su carrera a los 15 años en el Teatro Gate de Dublín. Con tabaco en mano y una gabardina que le sumaba años, el joven estadounidense se paró en la puerta del teatro y se presentó como un reconocido actor de Broadway. Era mentira. Sin embargo, los del Gate quedaron impresionados con la farsa y con la seguridad que destilaba el joven, y le ofrecieron trabajo. Welles interpretó maravillosamente a Duke Karl Alexander en Jew Suss.

Las buenas críticas que recibió le abrieron las puertas de los teatros del mundo y su nombre comenzó a sonar. Welles tenía una figura imponente, una voz fuerte y profunda y una teatralidad natural. En 1936 –con 20 años–  se sumó al Federal Theatre Project, creado por el gobierno de Estados Unidos para ayudar a los artistas a sobrellevar la Gran Depresión. Welles actuó y dirigió varias obras, entre ellas dos que se hicieron legendarias. Sobre el escenario el joven se caracterizaba por ser un actor de carácter y como director se distinguía por su sentido de la historia.

Convirtió el Julio César de Shakespeare –una obra que narra la conspiración contra el dictador romano y su asesinato– en un grito de rebeldía para la Italia de Mussolini; y Macbeth –la tragedia del general escocés quien por una profecía asesina al rey de Escocia, se pone la corona y termina devorado por la ambición– adquiere una dimensión distinta con un elenco afroamericano y un escenario tribal. El experimento es conocido como Vudú Macbeth.

En 1937 –en compañía del actor y productor John Houseman– fundó la compañía Mercury Theatre con la que montó varias obras y creó una serie de radio, The Mercury Theatre on the Air, que le dio fama mundial. La historia es conocida: en 1938 Welles adaptó la novela La guerra de los mundos de H. G. Wells para radio. Aprovechando que el ambiente estaba tenso porque se sabía que la guerra era inevitable, el joven dramatizó la invasión de unos extraterrestres a Nueva Jersey como si del inicio del enfrentamiento se tratara. La música era interrumpida repentinamente por boletines de prensa que narraban minuto a minuto lo que ocurría. A pesar de lo increíble de la historia, el montaje era tan realista que entre los oyentes cundió el pánico.

Al día siguiente la noticia encabezaba los periódicos del mundo: “Una guerra falsa genera pánico en los Estados Unidos”, decía The New York Times, y “Los Estados Unidos cerraron su espacio aéreo por una farsa”, afirmaba el Daily News.

Su fama le dio una oportunidad que pocos en Hollywood han tenido: la posibilidad de hacer un filme con absoluta libertad. En compañía de Herman Mankiewicz, Welles escribió el guion del Ciudadano Kane, dirigió la película, la protagonizó y la editó. Esta –considerada por muchos como la mejor de la historia– cuenta la vida de Charles Foster Kane, un magnate norteamericano dueño de varios de los medios de comunicación más influyentes del país.

La película no tardó en generar polémica pues el protagonista se parecía demasiado a William Randolph Hearst, quien montó en furia y prohibió a sus múltiples medios de comunicación mencionarla. Sin embargo, críticos y expertos alrededor del mundo estaban fascinados. Viniendo del teatro –explicó Welles en una entrevista en 1960– no conocía las reglas que hasta el momento habían regido el cine, y por pura ignorancia y gusto por la experimentación comenzó a jugar con la cámara como nadie lo había hecho hasta el momento. La narrativa de la obra no es continua, las largas tomas sin que la cámara se acerque a un objeto obligan al espectador a buscar lo que debe mirar como ocurre en el teatro, y los profundos claroscuros agregan dramatismo.

La película le significó a Welles el título de joven prodigio y paradójicamente también le destruyó su prometedora carrera. Por cada crítico que elogiaba los ángulos de las tomas, otro decía que el papel de Kane había sido sobreactuado y que la historia era poco profunda. El fracaso en taquilla empeoró las cosas y comenzaron a correr rumores de que Welles era un hombre complicado. Los estudios de cine nunca volvieron a darle la libertad de la que gozó en Ciudadano Kane. A pesar de que trabajó hasta el día de su muerte, muchos consideran que su ocaso había comenzado a sus 30 años.
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