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| 10/25/2014 10:00:00 PM

Óscar de la Renta, el artista de la moda

¿Qué tipo de mujer vestía ropa de Óscar de la Renta? ¿En dónde estaba la magia de sus diseños y qué quería resaltar con sus sastres y vestidos?

Óscar de la Renta, fallecido el 20 de octubre a los 82 años de edad, estaba convencido de que le había tocado vivir la época más interesante del diseño de modas, porque creaba ropa para una mujer segura de sí misma y dueña de su destino. Su obra resaltó la feminidad, la elegancia y el poder de la mujer moderna.

Desde hace unos años –explicaba para Vanity Fair– las ejecutivas comenzaron a ir al trabajo con vestidos de coctel que resaltaban las curvas de su cuerpo. Los logros de las mujeres desde comienzos del siglo XX hacían que la feminidad dejara de ser sinónimo de debilidad y se convirtiera en una expresión de sensualidad y poder. Y Óscar de la Renta, nacido en Santo Domingo en 1932, acopló a esa realidad sus diseños y cosió para las damas de su círculo social. De la Renta era un maestro del lujo, de los volúmenes, de la pedrería y del encaje. Cada abrigo y vestido de noche era una exquisita obra de arte solo al alcance de mujeres con dinero, poder y una influencia sin límites.

El diseñador llegó a la alta costura por casualidad. Estudió arte en República Dominicana y en 1950, con la complicidad de su madre, viajó a Madrid para continuar su formación. En España comenzó a trabajar como dibujante de moda para periódicos y revistas. Su habilidad para el trazo le permitía copiar sin problema los vestidos que le ponían en frente. Ese camino lo llevó el estudio de Cristóbal Balenciaga, uno de los grandes diseñadores españoles y el más importante del momento. Su trabajo consistía en pintar bocetos y, entre uno y otro, se dio cuenta de que tenía creatividad suficiente para diseñar su propia ropa pensada en la mujer latinoamericana, cuyas curvas no necesitan de estructura alguna para resaltar su feminidad. Después de trabajar con Balenciaga, de la Renta se mudó a París convencido de que para triunfar en la moda debía estar en la capital francesa. Allí trabajó en Lanvin, bajo la dirección de Antonio del Castillo, otro gran diseñador español, y continuó empapándose del mundo de la alta costura europea. En 1960 viajó a Estados Unidos y a los pocos años entre sus clientas se contaban varias estrellas de Hollywood y Jackie Kennedy, entre otras primeras damas norteamericanas.

El principal encanto de Óscar de la Renta era la manera como logró mezclar su alegría latina, su formación en la alta costura europea y su vida en medio de la elite neoyorquina. “Era el amo indiscutible de los volúmenes”, dice Pilar Castaño. Se enfrentaba a cortes monumentales, lograba que la tela del vestido cayera de manera espectacular y osaba mezclar materiales muy distintos. La viveza de lo latino se desvelaba a través de la combinación de colores fuertes y el vaivén de sus faldas recargadas de capas que por momentos hace pensar en la particular manera como caminan las negras del Caribe. Siempre anduvo impecablemente vestido y compartía el gusto de las damas de la alta sociedad por el lujo y la elegancia. Su pasión era hacer que una mujer se viera hermosa y femenina. 
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