Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/01/15 00:00

OTRA METAMORFOSIS

El austriaco Ransmayr va a las raices de Ovidio.

OTRA METAMORFOSIS

Cristoph Ransmayr es un joven escritor austriaco que se consagró recientemente con su libro "El último mundo", por el que fue nombrado autor del año en Alemania Federal en 1988. La novela es la última metamorfosis, la que Ovidio nunca soño, la que fusiona el destino del poeta romano con las escenas y los personajes de su obra "Las metamorfosis".
Siguiendo con aquella máxima según la cual "Nadie conserva su forma", el austriaco rinde un homenaje a Ovidio Nason al recrear sus últimos años de exilio en Tomis.
En Tomis, ciudad de hierro donde esta desterrado el romano, habitan los personajes de este último mundo, destinados a vivir la última metamorfosis, la apocalíptica. Allí esta Bato, el muchacho epiléptico que termina por petrificarse; Eco, la mujer solitaria cuya piel parece de escamas; Aracne, la sordomuda que teje las historias de Nasón en sus tapices; Pitágoras, el criado que dejó de sentirse solo el día en que reconocio sus propios pensamientos y opiniones en los del poeta, y Cota, el ciudadano de Roma y admirador de Nasón.
Es precisamente desde este último personaje desde el cual se narra la historia. Cota llega una mañana de abril a Tomis, "un lugar perdido al que uno llegaba por una serie de circunstancias desgraciadas y disposiciones del destino, para vivir aqui entre ruinas hasta que era liberado de este desierto por el tiempo o por una casualidad". En Roma, Cota, ha oído que el poeta ha muerto en el destierro y viene en busca de la verdad sobre la suerte del maestro para volver a Roma con ella o con su obra. Pero el abandono del pueblo lo hechiza y se va quedando allí, en esas costas donde la gente, indiferente y gris, parece haber olvidado al desterrado autor.
Sin embargo, a medida que pasan los días y cambian las estaciones, Cota se va dando cuenta de que el escritor ha dejado tallados sus relatos en los destinos de estos personajes que se petrifican y se convierten en lobo o en ave, sin asombrarse. Las palabras del romano se han hecho vida. Es entonces cuando descubre que en realidad él solo ha ido a cumplir su propio destino.
Derrochando imaginacion y talento, Ransmayr se apropia de las escenas de Ovidio y les vuelve a dar vida: es posible ver de nuevo,por ejemplo,a un esplendoroso Argos. Pero, además, el escritor se demora en fantásticas descripciones de cinematógrafos oscuros que huelen a carne y proyectores de imágenes que hechizan a la gente al mostrar la vida interior de las cosas dormidas.
Para redimir a los hombres contemporaneos que se pierden kafkianamente en mundos donde buscan inútilmente el sentido de sus vidas, Ransmayr retoma la condena de Nason,quien "había acabado liberando a su propio mundo de los seres humanos y de sus disposiciones al poner fin a cada historia". Y por eso los petrifica en vez de dejarlos seguir degradándose en la vida.

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