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| 8/22/1983 12:00:00 AM

¿OTRA TRAMPA DE FELLINI?

Sin haber sido estrenada, "La ciudad de las mujeres" comienza a desatar una agitada controversia

Pronto podrá verse en Colombía la última película de Federico Fellini, "La ciudad de las mujeres", cinta que seguramente creará controversia pero que, igualmente, llenará un vacío, dadas las pocas películas de calidad vistas este año. Con tal motivo, SEMANA incluye las opiniones de sus dos habituales críticos de cine.

TEMATICA SIN FUERZA
Qué se haría la fuerza del cine de Fellini? De aquellos personajes primarios pero tan humanos y con tanta capacidad de emocionar como los de "Las noches de Cabiria" y "La Strada" no queda nada. Prefiero el bellísimo melodrama de su primera película, el de la joven campesina que durante su luna de miel en la gran ciudad encuentra al personaje de sus sueños, que conocía en tiras cómicas y ahora conoce en persona y la desilusiona ("El jeque blanco") a estos malabarismos surrealistas. el antiguo Fellini tuvo su culmen en "Ocho y medio" y "La dolce vita", obras que conmovieron el mundo cinematográfico y el de los comentarios por su fuerza, coherencia y porque su estructura compleja correspondía a un universo temático muy denso. Pero a partir de "Julieta de los espíritus" la balanza comienza a desequilibrarse: disminuye el peso interno y aumenta el juego de imágenes (escenografías complicadas, vestuario exuberante, continuos movimientos de cámara).
Un bello envoltorio para un inmenso vacío con apariencias de profundidad psicológica. Lo que siguió no fue sino la confirmación de decadencia, desde el "Satiricón" hasta "Casanova", con momentos lúcidos en "Roma Fellini" y en "Amarcord" de reconstrucción de ambientes populares de los años 40 y 50.
La idea de esta película es ingeniosa: una ciudad de sólo mujeres, un hombre perdido en ella. Lástima, porque el interés inicial se va diluyendo paulatinamente cuando la película va colocando al espectador en el trabajo de interpretar símbolos abstractos. Es la imposibilidad total de vivir personajes y situaciones, que es a lo que va uno a cine, no a ver abstracciones ni maniobras intelectuales. La imagen, como siempre en Fellini, es bella, sorpresiva, pero ahí se queda, porque el resto no es sino el regreso del autor a los temas que lo hicieron famoso en "Ocho y medio" y "La dolce vita": la crisis de la pareja, la crisis de la sociedad, los conflictos infantiles del personaje central, el hombre que vive una relación despedazada con las mujeres (la mujer madre, la mujer esposa, la mujer sexo, la mujer sentimientos). Son temáticas que se alcanzan a vislumbrar pero que en ningún momento adquieren fuerza, así la película luche por darles un toque moderno al introducir el problema del feminismo. Pero también este aspecto se pierde en medio de la simbología sexual (bastante trillada y obvia) y del juego onírico del espacio y tiempo que al final se explica por medio de uno de los trucos más pobres que ha utilizado el cine.
Sin embargo,entre tanta confusión emerge con cierta coherencia el tema del cine. Hay escenas que se dirigen a un análisis de lo que es la creación cinematográfica y de lo que es el cine hoy.
Critica, o parece criticar, al cine llamado temático y al que se apoya en diálogos, temas y personajes de archivo, reconocibles, que son la negación de la creatividad. Es un tema que ha preocupado a Fellini en obras anteriores, y que podría salvar la película del continuo patinar en que se deja enredar.
Puede ser que el rechazo a la película provenga del sentirse fuera de ella, de su mundo críptico para iniciados en fellinología y en simbología sexo-psicológica. Sentirse fuera de ese cine hecho para ser visto con el ceño fruncido y actitud racional, sin posibilidad de emocionarse.

FABRICA DE SUEÑOS
"Conocete a ti mismo" es la vieja sentencia del oráculo de Delfos. Fellini le ha hecho caso al oráculo, y aún más, ha complementado ese antiguo precepto al agregarle "y deja que los demás también te conozcan". Con su última película, "La ciudad de las mujeres", se comprueba que Fellini es el directo contemporáneo que, en su afán de conocerse a sí mismo, ha realizado el autoanálisis crítico más completo de la historia del cine. Sus obsesiones, sus temores, sus frustraciones, sus pasiones, etc., están presentes sin ningún reparo en sus películas, hecho que ha sido logrado mediante la utilización cinematográfica de un descubrimiento sicoanalítico realizado por la misma época en que el cine daba sus primeros pasos: el papel de los sueños como expresión de deseos y como indicadores de los contenidos del inconsciente.
Cuando se ve "La ciudad de las mujeres" por primera vez, es muy probable que el espectador caiga en la trampa tendida por Fellini en las primeras escenas y se empeñe en seguir la historia, esforzándose en buscarle coherencia lógica a lo narrado, para descubrir sólo hasta el final de la película que se trataba de un sueño del protagonista (Marcelo Mastroiani), y como tal su coherencia no podía ser otra que la propia del material onírico. El protagonista no es otro que el mismo Fellini en su condición de creador dotado de una notable memoria visual. El oficio de recordar, se sabe, es más difícil de lo que parece. Hay que vencer las trampas y estar dispuesto a pasar verguenza, lo cual es asumido por Fellini con cierto desparpajo y estoicismo en el momento en que introduce furtivamente en la conciencia del espectador, fingiendo imágenes aparentemente faltas de sentido, recuerdos de su infancia largo tiempo reprimidos.
En "La ciudad de las mujeres" están presentes las percepciones subjetivas de Fellini sobre el movimiento feminista, su distorsionada y caricaturesca visión del "amante latino" que se ha pasado la vida coleccionando grabaciones de los gemidos emitidos durante el coito por las incontables mujeres que ha poseído, su pasión por el cine y por el circo, su infancia, en fin toda una serie de recuerdos nostálgicos que estamos acostumbrados a ver desde "Ocho y medio", "Roma" y "Amarcord". Todo ello plasmado con el carnavalesco sentido del espectáculo que le es propio.
Es muy probable que muchos ya estén cansados de estas imágenes "fellinescas" y arremetan lanza en ristre contra esta película como ya arremetieron hace algunos años contra "Casanova". Es comprensible, pues la senectud es un achaque que aumenta con los años y a él no escapan ni los directores ni los críticos. Fellini parece insistir en el cine como "fábrica de sueños", aunque en este caso no son propiamente sueños idílicos, y es indudable que sus primeras películas son mucho mejores. Aun así "La ciudad de las mujeres" se deja ver con placer.
En "La ciudad de las mujeres" Fellini muestra en un tono burlesco que la vida es compleja, cambiante, contradictoria, a menudo inaprensible, y si algo dice esta película es, en primer lugar, que cada ser humano es un cosmos, y en segundo, que no hay una fórmula que permita describirlos a todos (sin que esto sea una moraleja). De todos modos, siempre es muy instructivo ver el removido suelo sobre el que se alzan orgullosas nuestras virtudes, y no extrañarnos cuando después de escarbar un poco aparezcan, al igual que en las películas de Fellini, los traseros enormes y grandes senos que hemos mantenido hábilmente escondidos en nuestra memoria.
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