Martes, 17 de enero de 2017

| 2001/09/17 00:00

Otto, el vendedor de música

Otto, el vendedor de música

Por: Mauricio Botero*



Premio Nacional de Cultura (2001), con el libro "Otto, el vendedor de música", 33 cuentos que giran en torno a la "Caja de música", almacén de discos de música clásica administrado por Otto, cultivado personaje que en el Chapinero bogotano frente a la iglesia de Lourdes va narrando la vida de lo que ocurre al unísono con la música de fondo.

Los cuentos reciben el nombre de Bach, Beethoven, Mozart y de otros nombres afines al hilo conductor. El paso del poeta León de Greiff por la "Caja de música" queda registrada así:

De Greiff, OTEANDO con travesura de sus gruesos anteojos, me contó esta historia de cuando fue Secretario del general Uribe Uribe. Durante la guerra de los mil días, habla en Bogotá un enajenado que creía que Dante se había apropiado en el pasado de su poema sobre la vida de ultratumba. En consecuencia quemaba las ediciones de "La Divina Comedia" a las que podía echar mano, convirtiéndose en el pavor de los libreros. Como en su barrio vivía cierto vecino de apellido Dantini, le pareció que la cercanía fonética lo hacía su enemigo jurado y convirtió esa homonimia en un caso de inspección de policía. Contra el propio Dante del siglo XIII, entabló una complicada demanda alegando que el haber nacido unos siglos antes no facultaba al tal Alighiere a anular las posibilidades futuras de los demás poetas. Máximo las de él mismo cuya única obra concebible comenzaba "A la mitad del camino de nuestra vida me extravié en una selva obscura"… versos que, escritos por un bogotano, debían suscitar mayor respaldo de nuestra poca nacionalista Cancillería indiferente ante esa rapacidad italiana.

Así pues dio traslado de su queja al cónsul italiano. El diplomático vio ocasión de llevarle la cuerda y con donosura florentina lo invitó a almorzar. Acicalándose lo mejor que pudo lo visitó. Ya a manteles el cónsul le preguntó, como cateando un vino extranjero, sí tenía muchas amigas. Con esa coherencia que da la locura, sólo admitió haber conocido de lejos a una joven pereirana llamada Beatriz.

El cónsul, con tono que demandaba complicidad de género, le informó que el mujeriego Dante había logrado que en el purgatorio el ángel le borrase seis de los siete pecados capitales, pero que por pudor calló respecto al último que el ángel también había omitido borrar. Metido así con más confianza en la trastienda del criollo, le aconsejó con picardía que cambiase su nombre por el del poeta avivato para que, ya que no podía destruir todas las copias de la Divina Comedia, al menos quedase claro ante el mundo a quien debería corresponder esa fama póstuma.

Hoy en el cementerio central no lejos de la actual capilla hay una lápida con una cruz entre dos fechas en que se lee: Dante Alighiere 1865 – 1921. (Tomado del cuento. Schola Cantorum Romana).

*Ganador en el área de literatura. Subárea cuento.

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