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| 3/7/2009 12:00:00 AM

Oye qué rico suena

Este 12 de marzo se presentan en Bogotá las Estrellas de Fania, uno de los míticos experimentos colectivos gracias a los cuales la salsa es un género universal.

En 1963, Johnny Pacheco y Jerry Masucci trabajaban en el primer disco de un pequeño sello que quería volver a darle brillo a la música latina. Habían pedido un préstamo de 2.000 dólares. La década de los 50, en Nueva York, había dejado una resaca por las viejas big bands de Mario Bauzá, Tito Puente, Tito Rodríguez y Chano Pozo, que consiguieron notoriedad en clubes como el Palladium, ubicado en la calle 54 con Broadway. Masucci, un abogado italoamericano, se había enamorado de esos ritmos cuando conoció a Pacheco. Era su abogado. Y lo protegía por asuntos de regalías. Pacheco era uno de los flautistas más reputados del medio latino en Nueva York y estaba descontento por el trato de las disqueras. Así que este hombre nacido en República Dominicana, que para entonces tocaba charangas, con su gran olfato intentaba fichar a nuevas figuras para su naciente sello que pudieran inyectarle un sonido diferente a la música latina apabullada por la nueva ola de los Beatles, el rock and roll, la bossa nova y la balada americana. Ese primer disco, distribuido de mano en mano, fue el comienzo de todo. Se llamó Cañonazo e incluyó un tema del compositor Reinaldo Bolaño que serviría para bautizar una de las aventuras musicales más notables del siglo XX: Fania Funché.

Desde entonces la Fania fue catalogada como un empaque comercial para una serie de ritmos afrocubanos que, en la década de los años 70, se recogieron en un solo término: salsa. Pero más allá de esas discusiones, el talento de Pacheco al descubrir en las calles y en el ambiente de Nueva York a incipientes músicos que conectaban con el público, que se alejaban de la temática campesina del son cubano y que prometían rudeza tanto en sus líricas como instrumentalmente, fue indudable. Después de Cañonazo, Pacheco grabó a Larry Harlow, un pianista norteamericano de origen judío que comenzó a exhibir esa amalgama que después definiría el nuevo sonido de la Fania. Los trombones carrasposos, el piano brutal, las letras sobre las cosas que pasaban en las calles de Nueva York y un ímpetu que no se había conocido antes. Después de ello la Fania no hizo más que crecer. Pacheco sabía que debía tener una mezcla interesante de músicos consolidados, estudiosos y que ya habían paseado por los clubes de Nueva York, como es el caso de Ray Barreto, y debía ponerlos junto a jóvenes arriesgados, sonoramente no muy pulidos pero con la rabia necesaria para exponer la realidad de la calle. Así apareció Willie Colón, quien con apenas 19 años grabó El malo, su primer disco para Fania, junto con otra leyenda, el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe.

Por su parte, Masucci entendía que debía ofrecerles a los músicos un ambiente de familiaridad, un pago justo y un marketing novedoso que vendiera a las nacientes estrellas como eso, como estrellas. De ahí el cuidado del diseño gráfico de sus portadas. Y de ahí que, en 1968, Masucci haya realizado en el pequeño club Red Garter una primera reunión de sus músicos que quizá para entonces sonaba grandilocuente: Fania All Stars.

Con esa experiencia -que comercialmente no resultó- Masucci vio la posibilidad de reunir en un mismo escenario a los principales músicos de sus grupos y mercadearlos como una combinación estelar. Y lo logró. Para muchos, el verdadero nacimiento de las Estrellas de Fania ocurrió el 26 de agosto de 1971 en el club Cheetah, un viejo salón de baile en el corazón de Times Square, utilizado como gimnasio y pista de patinaje. Allí, se grabaron dos discos y se filmó el mítico documental Nuestra cosa latina, dirigido por Leon Gast, un documentalista fundamental en los años 70 que luego haría el documental Cuando éramos reyes, sobre Mohamed Alí. En esa ocasión actuó como director musical Johnny Pacheco, Ray Barretto en la tumbadora, Larry Harlow en el piano, Willie Colón y Barry Rogers en el trombón, Bobby Valentín en el bajo, Roberto Roena en el bongó. Como invitados especiales Ricardo Ray y Bobby Cruz, que ingresaron a la Fania a principios de los años 70, además de los cantantes Pete 'El Conde' Rodríguez, Adalberto Santiago, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Santos Colón y Cheo Feliciano, entre otros.

Después de ese concierto, la empresa Pacheco-Masucci se disparó. Las Estrellas de Fania se convirtieron con el tiempo en una verdadera galaxia de rutilantes nombres sin los que la música latina sería lo que hoy es. La estrategia de Masucci fue ir agregando a su catalogo músicos de otros sellos como Tico y Alegre, hasta convertir a la Fania en el monopolio de la salsa en los 70.

Quizás por eso mismo, a finales de esa década y cuando la Fania era conocida en los cinco continentes, el gesto de un rebelde y político músico panameño que había comenzado en la Fania como mensajero, se convirtió en la piedra de toque para la decadencia de la empresa. Rubén Blades, en compañía de Willie Colón, le imprimió a la salsa un tinte más político. Blades jamás se conformó con las políticas de una empresa que había comenzado repartiendo sus discos en las calles y se había convertido en el dios todopoderoso de la salsa. Por eso renunció a su contrato con la disquera y su disidencia hizo que otros músicos, con la llegada de los años 80, migraran hacia nuevas disqueras como la de Ralph Mercado.

Con todo, la Fania fue durante la década de los 70 la posibilidad de expresión de miles de inmigrantes latinos que convirtieron a Nueva York en la capital mundial de la salsa. Celia Cruz se hizo famosa allí después de estar relegada en México tras su época dorada en Cuba con la Sonora Matancera. La Lupe se hizo la estrella del latin soul. Joe Cuba regresó del ostracismo. Y artistas como Mark Dimmond, Ángel Canales, la Orquesta Flamboyán o Yomo Toro, fueron relevantes para el panorama musical latino en el mundo entero. "Para mí, la Fania es la agrupación de las mejores estrellas que ha dado la historia de la salsa desde que apareció como fenómeno comercial.", dice Alberto Littfack, dueño de Café Libro, uno de los legendarios rumbeaderos de salsa en Bogotá.

A través de más de 1.300 discos, con ventas millonarias y un legado insuperable, la Fania ha atravesado décadas y su música es reverenciada en todo el mundo. Su catálogo fue adquirido en 2005 por Emusica Records y gracias a una remasterización completa los melómanos pueden volver a tener ese acervo a su disposición. Y ahora, este 12 de marzo algunas de sus estrellas como Cheo Feliciano, Richie Ray, Bobby Cruz, Yomo Toro, Bobby Valentín, Adalberto Santiago, Roberto Roena, y Papo Lucca en cabeza de Johnny Pacheco, además del talento del rockero latino Carlos Santana, volverán a subirse a un escenario. Y lo harán, como dice Giora Breil, gerente de Emusica Records, para preparar una gira que será la última de una orquesta que inmortalizó un sonido bestial.

Santana y las Estrellas de la Fania se presentan el 12 de marzo en el Coliseo Cubierto El Campín.

Las boletas tienen un costo de $290.000, $160.000, $70.000.

www.tuboleta.com (1) 5936300
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