Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1983/07/04 00:00

PACIENTE ARTESANIA

En la Tertulia de Cali, el argentino Camporeale replantea el realismo como práctica artística

PACIENTE ARTESANIA

Una vez más, la obra de Sergio Camporeale (Buenos Aires 1937) vuelve a plantear el problema del realismo como práctica en América Latina, al tiempo que este ejercicio se sucede en un exilio voluntario en Europa. Volver sobre la realidad como un hecho verificable pareció en otro momento un suceso ya superado en la figuración y abstracción de los años 50, y una forma obsoleta en la hegemonia del Pop o las investigaciones ópticas. Sin embargo, a lo largo de la década del 70, en distintos puntos del Continente, las maneras realísticas invadieron el interés de diversos artistas y naturalmente del público--léase mercado--.
Se adhirió al realismo una zona notable de los nuevos artistas, y muchos de la generación anterior viraron su concepción dejándose seducir por esa avalancha dictaminada por el nuevo gusto y su definitiva aceptación.
Si bien muchos trabajos de esta tendencia han colaborado a la aguda observación de las formas reconocibles como medios de recrear conceptos e inaugurar nuevos, el fenómeno realísrico y su boom obedece a presiones de mercadeo, marcadas por pautas tanto en el inconsciente como en el consciente de los productores y, por ende, de los consumidores. Es curioso que a la par con los realismos--hiper y sus variantes--atendidos por diversas prácticas de la fotografía, se incrementara al arte no-objetual--conceptual y todas las formas de arte no convencionales y efímeras--como la otra cara de la moneda. Naturalmente por un no-objetualista se dieron 20 realistas; esa fue la proporción por lo menos en Colombia y en los casos similares en Argentina, Chile, México y Venezuela.
Sergio Camporeale ha ido elaborando sus imágenes, cada vez con mayor técnica, para que su paciente artesanía prevalezca como señal, al tiempo que facilita la comprensión de sus simbologías, convertidas ahora en anécdotas fragmentadas por situaciones conflictivas.
En 1971 se formó en Buenos Aires un grupo de grabadores, dibujantes, pintores y objetistas, que se juntaron conservando su quehacer individual.
Conocidos como el Grupo Grabas, lo integraban-además de Camporeale, Delia, Cugat, Pablo Obelar y Daniel Zelaya--todos figurativos e interesados en argumentar en torno al hombre y sus problemas. Hasta 1977 duraron unidos exhibiendo repetidas veces en Colombia (Cali, Medellín, Pereira y Bogotá) en los principales museos y galerías. Camporeale en ese lapso producía impecables serigrafías y pequeños objetos en metal y acrílico, manejando símbolos orgánicos y geométricos, y elementos paisajísticos con fantasía y dirección surreal. En 1976 se traslada a Europa y fija su residencia definitiva en París, donde hoy continúa trabajando. Los 6 óleos y las 18 tintas presentes en la Galeria Taller del Museo de Arte Moderno La Tertulia muestran las huellas de la transformación de su pintura hacia un buscado internacionalismo.
Para armar su realismo, Camporeale acude a la puesta en escena tanto de los elementos de utileria como de los personajes, constantemente presentes y punto determinante en las obras. El explica el fraccionamiento de las situaciones, la presencia de objetos diversos y la indistinta argumentación, como ejercicios de la memoria y parte de una imaginación activa donde coexisten muchos elementos, casi siempre contrapuntísticos.
La muestra enseña personajes en grupo (Una lección de Anatomía, La espera, Las bañistas, el Faró de Brest, Aquellas pajaritas mecánicas, Un díá de Fiesta) y figuras solas (La ruta de Flandes, El espión, Equilibrio, El vendedorde Globos, El sargento Murphy Coronel Ozawa, Fuga, Hacia el tren, El sueño de Max). Las primeras refieren situaciones homologadas: humanos de hoy esperan o actúan, en ambientes tratados con elementos reconocibles cuyo resultado no deja de ser misterioso. Las mujeres u hombres solos estan repartidos entre paisajes urbanos donde se incluyen vallas, camiones y diversos elementos en exteriores. Otros transitan en interiores despojados, o acompañados de obras de arte alteradas en sus dimensiones (cuadros de Hokusai, Utamaro y Leger). La argumentación resulta dispersa y su unidad reside en el tema de un recuerdo dispar. Sin embargo, Camporeale logra residenciarse en el realismo y pertenecerle acreditado. -
Miguel González -

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