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| 9/26/2009 12:00:00 AM

Para verse mejor

Quienes consumen medios sólo conocen una cara de la historia del país. Los documentalistas están mostrando otras a través de historias asombrosas muy premiadas afuera.

En Colombia se producen cientos de documentales al año. Puede no ser evidente, pero es cierto. En 2008, por ejemplo, se presentaron 123 proyectos a las convocatorias de documental del Ministerio de Cultura y los 6 ganadores recibieron más de 200 millones de pesos para producción. Otras 167 personas se han postulado a los premios de documental del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico en los últimos dos años y en este momento se están realizando cerca de 25 proyectos para los que el Fondo entregó más 1.000 millones de pesos. Pero aunque en el país haya directores, sobren temas y no falten apoyos, muy pocos documentales llegan a la gran audiencia. "Muchos de ellos se quedan en proyecciones privadas para familiares y amigos", dice la productora Ximena Sotomayor de Lulo Films.

A partir de este lunes 28 de septiembre, sin embargo, la Muestra Internacional Docu-mental de Bogotá proyectará los 10 mejores documentales realizados en Colombia en 2008 y 2009. Durante una semana se podrán ver Basurerum Progressio, sobre la curiosas intenciones del creador del primer Museo de la Basura en el barrio La Soledad de Bogotá; Migraciones, de la caleña Marcela Gómez Montoya, un conmovedor documental sobre la migración de colombianos a Estados Unidos, y La eternidad tiene tiempo de esperarme, un perfil del poeta Jaime Jaramillo Escobar, X-504, uno de los fundadores del nadaísmo. La muestra será, además, escenario del estreno mundial de documentales de realizadores colombianos que viven y trabajan fuera del país: El caso Coca-cola, un documental de Germán Gutiérrez, sobre el proceso que un grupo de sindicalistas colombianos inició en 2006 contra Coca-Cola. Y por otro lado La batalla por la Corte Penal Internacional, de Pamela Yates y Paco de Onis, quienes siguieron la investigación del fiscal Luis Moreno Ocampo durante tres años por crímenes de lesa humanidad en Uganda, Sudán y Colombia. Ambas películas ponen a Colombia en un contexto mundial y tienen producciones de primer nivel.

País de documentales
El documental es quizá el género más notorio en la historia fílmica del país. Pero la suya es una historia larga y accidentada, como lo es, en general, la historia del cine colombiano que, al decir del director Luis Ospina, es un ave Fénix que se levanta una y otra vez de sus cenizas.

Las aproximaciones han sido tan diversas que juntas podrían contar una muy buena contrahistoria del país. Esto es válido desde los años 20 con el cine mudo y en miradas como las de Félix Restrepo, con Manizales City, pasando por las míticas filmaciones de Camilo Correa a mediados de los años 50, hasta los ya consagrados Marta Rodríguez, Jorge Silva, Francisco Norden, Luis Ospina y Carlos Mayolo en los años 70. O Jorge Echeverri, Antonio Dorado, Catalina Villar, Lizette Lemoine, Margarita García o Diego García en la generación de los años 80 y 90, y nombres del presente como Richard Decaillet, Miguel Salazar, Antonio von Hildebrand o Pablo Burgos.

Para Ospina, jurado en diversas ocasiones de las convocatorias del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, "el documental funciona como contrainformación porque estamos recibiendo las noticias desde dos cadenas que repiten un esquema. Además, si uno hace un balance en la historia del cine nacional y compara los documentales con las ficciones, los primeros salen mejor parados". Varios documentalistas colombianos son respetados fuera del país, como es el caso de la citada Marta Rodríguez, cuya obra es estudiada en las principales facultades internacionales de cine, así como el mismo Ospina, que el año pasado fue homenajeado en el festival de Cine de Mar del Plata, y Germán Gutiérrez, cuyas producciones se ven en Colombia en canales como Discovery y NatGeo. Incluso documentalistas jóvenes, como Jorge Caballero, autor de Bagatella, han demostrado la calidad de sus producciones. Su documental fue premiado en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara, hizo parte de la selección oficial de Sunny Side of the Doc de París, uno de los festivales documentales más importante de Francia, y de Bafici, el festival de cine independiente de Buenos Aires.

Cuello de la botella
Pero si hay calidad, ¿por qué los documentales colombianos no se ven fuera de las muestras internacionales? Las salas de cine comercial en Colombia rara vez incluyen documentales en su cartelera. En los últimos cinco años, por ejemplo, se pudieron ver acaso los de Michael Moore, el premiado Ser y tener, del francés Nicolas Philibert, y Un tigre de papel, de Ospina. Y en televisión -para muchos, "el lugar natural del documental"- la situación no es muy distinta. Las apuestas de los canales privados por la exhibición son irregulares: se abren espacios, como el actual Entre ojos, del canal Caracol, a las 11 de la noche, o simplemente no se quieren correr riesgos.

Un ejemplo inverso es el de los canales regionales y públicos, que apoyan este tipo de producciones y son la cuna de muchos documentalistas colombianos. Señal Colombia muestra los 24 documentales regionales que ganaron la convocatoria del Ministerio de Cultura y transmite producciones nacionales independientes en franjas como Colombia hacia adentro, Ser en el sur y Recorridos. Con todo, hoy su programación es prácticamente desconocida. Según Andrés Bayona, director de Proyectos de Proimágenes, parte del problema está en que los canales públicos "no muestran una línea programática clara en su parrilla. Parecen no seguir horarios, ni franjas, ni tener políticas claras de adquisición". Mientras en Estados Unidos y Europa todos los días se muestran documentales en la franja triple A, en Colombia no se sabe dónde ni cuándo se transmitirán documentales producidos en el país sobre temas nacionales.

Realizadores, productores y promotores están de acuerdo con que el cuello de botella está en la distribución. Según Ricardo Restrepo, director de la Muestra Internacional Documental, "las televisiones dicen que ellos programan según los gustos del público. Pero con ese argumento el perro se muerde la cola. Yo no creo en las encuestas de las preferencias de los espectadores. Lo que el público quiere ver en televisión es lo que le ponen". Tanta es la preocupación del sector que en la primera charla de las jornadas académicas de la Muestra se discutirá el tema a fondo. El objetivo es saber en qué está la producción independiente en países con industria desarrollada y cómo son sus modelos de distribución. Aprender de casos como el de la PBS (Public Broadcasting System), el canal análogo a Señal Colombia en Estados Unidos y el responsable de la gran producción de documentales en ese país.

De no ser por muestras como la de esta semana, sería muy difícil conocer las historias cotidianas del país, la vida de personajes de la cultura que rara vez figuran en la prensa, sobre los distintos festivales de música popular en las regiones o, incluso, sobre las minucias de casos internacionales que tocan la realidad política colombiana. Y más importante: estas muestras hacen posible que, como dice Restrepo, "el río de documentales hechos en Colombia tenga su curso, pueda llegar a su destino final: un mar de públicos que llama telespectadores" y aseguren la visibilidad de los que viene. Sería una lástima que la producción documental de un país con el potencial que tiene Colombia se quede estancada en el cuello de botella de las programadoras.
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