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| 8/4/1986 12:00:00 AM

PARIS ES UNA FIESTA

Con Rubén Blades, la salsa llena de ritmo el verano de los franceses.

En la mítica sala del Olimpia en París, lo mismo que en otros escenarios franceses, muchos no entendían lo que ese hombre de talla pequeña, calva que cada semana va en aumento y típicos bigotes latinos les estaba contando, pero en cambio, iban siguiendo el ritmo pegajoso de la música de sus canciones, aplaudían cuando finalizaba una tanda y se dejaban arrastrar por el aura de violencia, erotismo y soledad que hay en cada una de las palabras de su más famoso tema, "Pedro Navaja".
Rubén Blades, el cantante, el compositor, el novelista, el político, el amigo de Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante y otros escritores latinoamericanos, el político, el hombre que estuvo cerca de Omar Torrijos y su batalla contra los norteamericanos, se encuentra actualmente en gira por Europa. Comenzó por París, por donde comienzan los cantantes extranjeros que quieren imponerse en el Viejo Continente y de allí pasa pronto a otros países como Alemania, Gran Bretaña, Italia y, por supuesto, España.
Los críticos ya no saben que más escribir o decir sobre Blades y el público lo ha seguido, no sólo los latinoamericanos sino los franceses, que tienen de Panamá, el país natal del artista, una idea muy vaga y apenas lo recuerdan como escenario de algunas pésimas novelas policiacas. Lo han seguido de concierto en concierto y no es simple casualidad que en el mismo espectáculo de Blades también se presente la que actualmente es la orquesta más popular entre los cubanos, los Van Van, los que han grabado la banda musical de la mayoría de las películas recientes de ese país, una agrupación que le ha dado un vuelco a los sones típicos de la isla, la favorita en las encuestas realizadas por la revista Opina (la que más circula allá), porque no sólo tiene numerosos y nuevos temas sino por la adaptación alegre, humorística y agresiva que ha logrado de canciones que los cubanos guardan como tesoros desde hace muchos años.
La combinación no podia fallar: Blades, con sus letras y sones que reflejan toda una rebeldía y toda una protesta contra la situación de millones de latinoamericanos aunque, entremezclados, también están sus temas de amor, juguetones, divertidos.
Para Blades, todo un símbolo de la música salsa en el mundo y el mejor ejemplo de la influencia latina en la cultura norteamericana, este éxito en Francia es la consolidación de una carrera que comenzó cuando el segundo de una familia de cinco hijos (nació el 16 de julio de 1948, así que su cumpleaños tendrá que celebrarlo con vino francés), fue tomado bajo la protección humana y cultural de su abuelo, un anciano moreno de ascendencia antillana quien era el mejor bongosero en Ciudad de Panamá.
Desde pequeño, Blades se sintió arrastrado por la música. Fascinado por el rock, a los quince años hacía imitaciones perfectas de Frank Sinatra, sobre todo con su canción "Extraños en la noche" que cantaba en la calle mientras los amigos de barra se burlaban aunque en el fondo, reconocían que había algo más que simples ganas de divertirse en Blades.
Todo esto lo ha recordado con los periodistas franceses que han escarbado con ganas en el pasado de un muchacho que para millones de latinoamericanos, especialmente los que viven en la zona del Caribe y las Antillas, es el símbolo inequívoco de una cultura auténtica.
A los 16 años tuvo su primera batalla con la situación política y social de Panamá: en 1964, cuando centenares de muchachos chocan con las tropas norteamericanas que defienden su base en la Zona del Canal y mueren 21 personas, Blades entiende que está equivocado, que no puede seguir cantando en inglés, que Sinatra no tiene nada que ver con esa pelea que está ahí, a pocos metros, con la sangre derramada de algunos de sus amigos y decide que si su vida será la música, tiene que hacerlo en castellano, con la jerga que aprendió en los barrios panameños y con historias que cuenten esos dramas cotidianos.
En esa época sus ídolos eran Joe Cuba, Ismael Rivera, Cortijo y su Combo y Mon Rivera.
Está a punto de finalizar su secundaria cuando un productor que lo conoce muy bien y quien será su apoyo en los años próximos, Pancho Cristal, le ofrece tomar la vacante que ha dejado el cantante Cheo Feliciano en la Joe Cuba Band. Blades entiende que el destino lo tienta pero acepta el consejo de sus familiares y termina sus estudios.
La próxima meta para un músico latino, para alguien como él en quien la salsa es algo natural, es Nueva York, con sus barrios llenos de inmigrantes desempleados, con sus andenes repletos de basuras y navajeros, con sus muchachas que sólo esperan el sábado en la noche para salir a bailar y también, con sus grandes estudios de grabación. Graba un disco con Pete Rodríguez, con canciones que tienen letra propia. Comienza el mito de Blades en Estados Unidos.
Hace memoria y les dice a los periodistas franceses que lo rodean: "En esa época, cuando me sentaba en la mesa de la cocina para componer, para escribir mis canciones, había dictadores en casi todos los rincones de Latinoamérica y entendí que la música que yo creaba tenía que servir al menos simbólicamente, para combatirlos. Ellos, por supuesto, no oían mis canciones porque si no me hubieran perseguido".
En esos momentos, la imagen de la salsa era la del carnaval, una música desordenada que no tenía connotación social y política alguna. Blades tuvo que convencer a los de las casas de discos que grabaran sus temas, que representaban una renovación en la salsa. A partir de 1973 se afianza y trabaja con Ray Barreto, la Fania All Stars y cuatro años después se une a Willy Colón y surgen los temas ya inmortales como " Pablo Pueblo", "Metiendo mano" y el larga duración "Siembra" donde se halla su canción más famosa, "Pedro Navaja". A pesar del dinero, la fama y los numerosos discos y premios, Blades sigue su pelea. "Canciones del solar de los aburridos" con Colón, se refiere a la situación injusta de los artistas latinos en Estados Unidos.
Los franceses, ingenuos, le preguntan cuándo cambiará de temática, de estilo y dice Blades: "Cuando Latinoamérica cambie, cuando mejoren las cosas".






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