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| 4/24/2005 12:00:00 AM

París no era una fiesta

En su nueva novela, 'El síndrome de Ulises', el escritor bogotano Santiago Gamboa describe el mundo oscuro de los inmigrantes en Europa.

Cuandoo Santiago Gamboa estaba terminando su carrera de literatura quería ser escritor. Alguien le dijo entonces que la única forma de lograrlo era irse a vivir a París. Por allí, le dijeron, habían pasado todos los grandes escritores latinoamericanos del boom y para escribir como ellos tendría que vivir en una buhardilla en el Barrio Latino. Por eso se fue a la Ciudad Luz. Pero cuando llegó se encontró con una realidad muy diferente a la que le habían descrito: París no era una ciudad de artistas y escritores sentados en cafés, era más bien una ciudad de inmigrantes, de prostitución y de drogas. Era una ciudad en la que siempre llovía y la gente era miserable.

Además no tenía mucho dinero ni trabajo. Gamboa comenzó a sentirse mal: sufría de mareos, dolor en el cuerpo y depresión. Al principio no sabía qué le estaba pasando, pero un amigo inmigrante le explicó cuál era su enfermedad. Tenía el síndrome de Ulises, una especie de estrés postraumático que sufren los inmigrantes ilegales, nombre, por supuesto, tomado de La Odisea. Casi 20 años después Gamboa decidió escribir una novela sobre esta experiencia. Y aunque El síndrome de Ulises no es una novela autobiográfica, sí está basada en sus primeros años como estudiante en París: "Quería destruir ese mito que existe sobre París. En realidad es una de las ciudades más duras del mundo y vivir allí me marcó para el resto de mi vida. Quería describir una ciudad que no tiene nada que ver con el que muestra la literatura latinoamericana", dice. "Mis años en esa ciudad fueron tan duros que me dejaron un mal sabor en la boca. Es tan fuerte que siempre que regreso, no importa que sea en condiciones diferentes, lo vuelvo a sentir".

En El síndrome de Ulises quiso reconstruir la historia de varias personas que conoció o de los que oyó hablar en Francia. Por eso se trata de una novela de personajes y está convencido de que la fuerza de su relato depende, en gran parte, de ellos. Entre los inmigrantes que se cruzan el protagonista (un alter ego del autor), se encuentran una pareja de colombianos exiliados políticos, un escritor marroquí y una prostituta rumana, entre otros. Justamente una de las grandes dificultades que tuvo fue darles una voz propia a cada uno de ellos: lograr un lenguaje creíble para personajes de diferentes nacionalidades.

Además de la inmigración, la novela gira sobre otros dos temas fundamentales: el sexo y la literatura. Aunque Gamboa insiste en que no se trata de una novela erótica, sí reconoce que la carga sexual es muy fuerte. "Los personajes viven en condiciones miserables y el sexo es, de cierta forma, la única manera que tienen para afirmar su existencia y para demostrarse que no están muertos", explica. Esta situación también implicó una dificultad narrativa pues describir escenas sexuales es un gran reto para cualquier escritor. Pero Gamboa encontró una solución: por un lado decidió utilizar un lenguaje crudo, sin muchas metáforas, en el que "las cosas se llaman por su nombre". Pero en otras escenas utilizó un lenguaje barroco y desbordado, para insistir en el absurdo de algunos momentos. "El pulso de un escritor se puede medir en dos momentos: a la hora de describir grandes batallas o escenas de sexo. Me parecía muy complicado escribir una orgía, por ejemplo, así que ahí utilicé un tono paródico", dice.

La literatura es también una de las protagonistas de El síndrome de Ulises. Todos los personajes están relacionados de alguna forma con ella. Por ejemplo el protagonista descubre, como le sucedió al mismo Gamboa, la escritura en medio de la miseria y la desesperación. Y es que en París, a pesar de las dificultades, pensó su primera novela, Páginas de vuelta. Allí también conoció personas que fueron decisivas para su carrera. Recuerda con especial cariño el encuentro que tuvo con el cuentista Julio Ramón Ribeyro, a quien está dedicado este libro. El bogotano siente una enorme gratitud por el cuentista peruano pues cree que le salvó la vida ya que en varias ocasiones lo animó a escribir y a quedarse en París.

Gamboa acepta que su estadía en Europa -después de vivir en París se mudó a Roma- ha sido determinante para su escritura. Vivir afuera ha alimentado su narrativa y le ha ayudado a encontrar nuevas historias. Por supuesto es consciente de que para los lectores extranjeros es muy atractiva la idea de un escritor bogotano que hable sobre la violencia, el narcotráfico y la corrupción pero eso ya no le atrae. Gamboa es un narrador maduro y tiene un proyecto literario muy ambicioso. "Podría publicar 'Perder es cuestión de método' 2, 3 y 4, pero no me interesa. Me gusta que mis novelas sean arriesgadas. Yo me la juego, como si estuviera en una mesa de póquer, en cada una de mis novelas y es esa sensación de riesgo la que me permite seguir escribiendo".
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