Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/19/2011 12:00:00 AM

Partida de inconformes

Un libro de Enrique Gaviria Liévano desempolva la historia de Los Nuevos, grupo bogotano que reunió a jóvenes intelectuales liberales de comienzos del siglo XX. Por Pedro Arciniegas Rueda.

Pese a haber presenciado y protagonizado más de un siglo de la historia de Colombia, el grupo de Los Nuevos, fundado en 1925 al tiempo con la revista homónima, ha sido casi olvidado. Inspirados en la obra Ariel, de José Enrique Rodó, lo que les permitiría ser llamados 'Arielitos', como lo eran todos los que adherían a la ideología americanista del intelectual uruguayo, de él hacían parte jóvenes bohemios e idealistas que luego fueron diplomáticos, ministros y hasta presidentes. Su último sobreviviente fue Germán Arciniegas, fallecido en 1999.

Los Nuevos venían todos de una clase media autodidacta. Se reunían en el centro de Bogotá, en los cafés Windsor, Riviere, La Paz y La Gran Vía. De él hicieron parte, entre otros, Felipe y Alberto Lleras Camargo, el capitán Juan Lozano y Lozano, el frustrado Gabriel Turbay, el vikingo y germano León de Greiff y el maestro Ricardo Rendón, que se suicidó en La Gran Vía y cuya patria era el tercer reino de Dostoievski.

Pese a estar conformado en su mayoría por liberales, este no era un grupo homogéneo. Incluía también marxistas y no marxistas, bolcheviques y 'anarcosocialistas' además de socialdemócratas. Pese a este ingrediente de izquierda, al final el grupo se inclinó hacia el centro: muchos se sumaron a la República Liberal. Los demás abrazaron el marxismo.

Los Nuevos (que profesaban odio, injusto por demás, hacia 'La generación del Centenario') intentaban revitalizar su partido, el Liberal, dividido en varias corrientes, cada una con candidatos propios; así como entre 'nacionalistas', partidarios del gobierno e 'históricos', opuestos a la corrupción.

Su ambiente se puede comparar con el palacio presidencial de Santander: con rasgos de aldea rústica y colonial en su fachada, pero con interior europeo, reformista. Entre tradición y vanguardia, eran conscientes de que asistían a las transformaciones que cambiaban el mundo en entreguerras y adoptaban posiciones frente a problemas. Eran, en palabras de Gaviria, "una pléyade de brillantes jóvenes que constituían la vanguardia de la literatura y de la política del país".

De sus tertulias surgieron ideas nuevas que, sin desvincularse del pasado, acogían novedosas corrientes. El autor del libro recuerda la revista que publicaban, así: "Por sí misma no tendrá orientación ni carácter alguno. Será simplemente un índice de las nuevas generaciones, especie de aparato de resonancia que recoja el pensamiento nacional. Todas las ideas o principios hallarán cabida allí". Aunque estaban entre los 19 y los 30, sobre su edad, Gaviria remata: "No se trata de años, sino de juventud espiritual".

La revista no resistió la fama, desapareció y dejó una época dorada, como puede verse en los anexos del libro. Para Gaviria, se debe subrayar cómo "nos dejó encuadrados en un grupo que se siguió reuniendo en los cafés, que fue cada vez más arrogante y complicado -también más extenso- y que terminó por publicar todo lo que le daba la gana en los suplementos de los diarios bogotanos. Y entró en la política en ambos partidos".

Curiosamente, en el libro se describe a Los Nuevos y a Los Leopardos (el grupo de jóvenes intelectuales conservadores contemporáneo) como dos caras de la misma moneda.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.