Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/01/10 00:00

Pasado y futuro

Expoartesanías 99 muestra cómo la tradición, de la mano del diseño, se adapta a las necesidades de nuevos mercados.

Pasado y futuro

Uno de los mayores atractivos de Expoartesanías, evento que se lleva a cabo en Corferias desde el pasado 8 de diciembre, es la posibilidad que les ofrece a los bogotanos para adquirir objetos muy variados con el encanto adicional que distingue ‘lo hecho a mano’.

Lo que pocas personas saben es que buena parte de la oferta de este certamen que cada año reúne a miles de visitantes (se calcula que entre 90.000 y 100.000 personas entran a Expoartesanías) es el resultado de un proceso que les ha permitido a muchos artesanos del país adaptar su producción a las necesidades de un nuevo mercado: el de los habitantes de las ciudades que adquieren objetos artesanales no con un fin utilitario sino decorativo.

Algunos antropólogos están en desacuerdo con estas adaptaciones del saber tradicional a las nuevas necesidades del mercado. Sin embargo muchas comunidades han mejorado sus ingresos al diversificar su producción y, en algunos casos, sus técnicas.

Aunque por lo general se mira como algo pintoresco y propio de pequeñas comunidades dispersas y en vías de extinción, el sector de las artesanías es, después de la agricultura, el que más mano de obra ocupa. Se calcula que en Colombia hay 350.000 artesanos y que un millón de personas viven de este oficio.

No obstante la creciente modernización del país ha relegado la producción artesanal. Muchos de esos objetos utilitarios que producen las comunidades indígenas, campesinas y afrocolombianas han sido sustituidos, lo que ha deprimido la producción artesanal. Cecilia Duque, directora de Artesanías de Colombia, lo explica así: “En el pasado los artesanos de las comunidades indígenas y campesinas producían objetos utilitarios. Sin embargo, como éstos han sido reemplazados por productos industriales (zapatos de plástico en vez de alpargatas de fique, ollas de aluminio en vez de tiestos de barro), los oficios se deprimen y comienza a perderse la tradición”.

Las adaptaciones a nuevos mercados les ha permitido a las comunidades darle otra dimensión a su oficio. Un caso muy conocido es el de las mantas guajiras, que estuvieron de moda entre las mujeres de las ciudades, o el de las hamacas tejidas a mano, que se han vuelto casi que obligatorias en la decoración de las casas de las clases más altas. “Un ejemplo muy interesante es el de los pañolones, recalca Cecilia Duque. Estos llegaron de España durante la colonia. Las mujeres campesinas aprendieron a hacerlos y los adoptaron a su cultura. Hoy día ya no existen en España, y en ExpoSevilla y ExpoLisboa los pañolones de Duitama se vendieron como arroz”.



Talleres de intercambio

Artesanías de Colombia cuenta con tres laboratorios de innovación en Armenia, Nariño y Bogotá. Los diseñadores visitan las comunidades y dictan talleres sobre sistemas de teñido, desarrollo de productos y manejo sostenible de la materia prima, pues en muchos lugares la excesiva demanda ha puesto en peligro la fuente primaria de la producción.

Una de las premisas del equipo de diseñadores de Artesanías de Colombia que trabajan con las comunidades es respetar al máximo la voluntad de éstas. Sólo trabajan con ellas si están interesadas en hacer esos cambios. Otras veces sólo brindan ayuda para mercadear y difundir sus objetos. En otras ocasiones trabajan con los diseñadores para atacar las necesidades del mercado. Por ejemplo, las hamacas wayúu originales traen unos colores muy fuertes que no gustan en Europa. Por ese motivo han desarrollado una línea especial en colores más suaves. Otras comunidades que originalmente sólo producían sombreros han adaptado sus técnicas para elaborar carteras, maletines y estuches. Otras veces los artesanos, al entrar en contacto con los compradores, deciden ellos mismos las adaptaciones y los cambios.

Y mientras sigue vigente la polémica entre los puristas y los pragmáticos, más y más personas adquieren estos objetos artesanales para mejorar su calidad de vida en las ciudades.

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