Jueves, 19 de enero de 2017

| 2008/07/05 00:00

Paseo millonario

¿Está preparada la Orquesta Sinfónica Nacional para realizar giras internacionales? ¿Se justifica invertir tanto dinero en una gira mientras las demás orquestas del país viven casi de limosnas?

Paseo millonario

La Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) terminó una insólita gira por Israel "Por la amistad Israel-Colombia". La OSN fue creada en 2003 para reemplazar a la Sinfónica de Colombia, la más antigua orquesta del país, que desapareció por una decisión del gobierno nacional en medio de una de las polémicas culturales más enconadas de las últimas décadas.

La nueva orquesta no ha conseguido llenar las expectativas que generó su creación, pese a que el proceso de selección de sus integrantes fue uno de los más exigentes de que se tenga noticia en Colombia. Porque, en una decisión sin pies ni cabeza, sus directivos tomaron la determinación de encargar la titularidad no a uno, sino a tres directores: Alejandro Posada, Eduardo Carrizosa y Luis Biava. A la postre, como era de preverse, el experimento fracasó: ninguno de los tres se sentía lo suficientemente comprometido ni lo suficientemente responsable de la criatura.

Como resultado de tamaño disparate -musicalmente hablando-, la OSN presenta unos resultados apenas decorosos y por supuesto muy lejos de la categoría de los buenos tiempos de la desaparecida Sinfónica de Colombia que pretende reemplazar.

La Asociación Sinfónica Nacional, entidad de quien depende la orquesta, resolvió dar marcha atrás con la dirección tricéfala y abrió una convocatoria para someter a concurso la designación del nuevo titular. De más de un centenar de hojas de vida, un comité seleccionó cuatro nombres: el argentino Yeruham Scharovsky, el norteamericano Stefan Lano, el suizo Baldur Brönnimann y el coreano David In Jae-Cho, pasando completamente por alto el nombre del colombiano Adrián Chamorro, cuyas trayectoria y experiencia en Europa, como violinista y director, son excepcionales: Orquesta de los Campos Elíseos, Ricercar Consort, Orquesta Filarmónica de Salerno, Ensemble Música viva de Moscú, (Ver recuadro).

A la fecha, el único de los finalistas que ha dirigido la OSN es Scharovsky, quien luego de hacerlo a principios de este año (un concierto realmente notable), aclaró a la prensa no estar interesado en el cargo, por lo apretado de su agenda y por lo exiguo del presupuesto de la Sinfónica, que a su juicio se debería incrementar a ocho millones de dólares.

Paradójicamente, Scharovsky fue el gestor de la gira por Israel. Porque aparentemente estaría efectivamente interesado en el cargo, pero no en someterse al proceso del concurso. Sería el candidato favorito de algunos miembros de la junta de la OSN, que preside el delegado de la Ministra, Hernán Bravo, un ingeniero de petróleos (de los miembros de la junta sólo uno es músico) y el más entusiasta del nombramiento del argentino.

No amerita una gira

A la OSN le ocurre como a esos papás que se dejan deslumbrar por un entusiasta que les encandila con la posibilidad de mandar a su hija al reinado de belleza, cuando la niña es bonita pero no como para ir a un reinado.

No. Su calidad actual no justifica una gira internacional que, entre otras cosas le ha costado al Estado Colombiano (el presupuesto de la OSN proviene de la arcas del Estado casi en su totalidad) la suma de 400.000 dólares (Israel patrocinó el 35 por ciento de los costos), un precio demasiado alto para que el público haya aplaudido dos obras colombianas, la Fanfarria, de Blas Emilio Atehortúa, y Colombia, tierra querida, de Lucho Bermúdez, así se haya puesto de pies el público para llevar el ritmo con las palmas. Las otras obras interpretadas fueron la Cuarta Sinfonía de Tchaikovski y el Concierto Nº2 de Rachmaninov.

Naturalmente a cualquier colombiano sensato le agradaría que la OSN llegara al nivel, por ejemplo, de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, que ha sido ovacionada en los más grandes escenarios del mundo. Pero no es el caso de una entidad que emprende una gira de costos millonarios con resultados artísticos muy discretos, como de hecho ocurrió.

Más le convendría a la OSN aplicarse en lo suyo: designar su director titular mediante un proceso libre de suspicacias, hacer bien su trabajo y luego sí meditar en salir de gira. Todo a su tiempo.

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