Martes, 17 de enero de 2017

| 2000/02/21 00:00

Paso a la lectura

La Luis-Angel Arango de Bogotá se ha convertido silenciosamente en una biblioteca de primer nivel en el mundo.

Paso a la lectura

Su nombre implica para muchos un sinónimo de largas filas y de espera por un libro deseado. O de congestión de estudiantes . La imagen de sus pobladas salas de lectura invita a suponer que llevar a cabo una consulta allí requiere

más paciencia que amor a las letras. Es la impresión de quienes no se han acercado a la Luis-Angel Arango en los últimos años y de aquellos que apenas perciben el contraste de su presencia en medio de las calles que conservan la nostalgia por la capital de José Asunción Silva.

Pero esa ya no es la realidad en la mayor biblioteca pública del país. Gracias a su avanzada sistematización, hoy la espera promedio por un libro no pasa de 15 minutos. Existe una colección de música de 15.000 discos y videos, unas 4.000 partituras y 10 cabinas de sonido, tres de ellas con pianos y las demás con equipos electrónicos que permiten la consulta individual o en grupos institucionales. La colección de libros y publicaciones se renueva permanentemente en todas las áreas, sobre todo en español. La institución dispone de mil títulos de revistas internacionales en formato electrónico principalmente en economía, administración y ciencias sociales. Aunque parezca raro, la Luis-Angel Arango es hoy por hoy una de las bibliotecas más importantes del mundo.

Su historia, no tan vieja como la del barrio La Candelaria, se remonta a 1923 cuando el Banco de la República comenzó a recibir en donación bibliotecas privadas. En 1955 el entonces gerente general, el abogado antioqueño Luis-Angel Arango, impulsor también de la construcción del Museo del Oro, se empeñó en construir una sede adecuada para que el público pudiera aprovechar la creciente colección del Banco.

Lo irónico es que no pudo ver realizado lo que se propuso. Murió el 13 de enero de 1957, un año antes de la inauguración oficial del actual edificio ubicado en la carrera cuarta con calle 11. La firma Esguerra Sáenz-Urdaneta Samper diseñó las instalaciones que en un principio estaban dispuestas para recibir a 250 lectores. Su inmediata acogida obligó a triplicar las salas de lectura. Hoy recibe por día a 8.000 visitantes.

Para muchos la asistencia masiva se debe a que en una ciudad de siete millones de habitantes es casi única la presencia de este tipo de bibliotecas. Amén de la Nacional, que está destinada para investigadores, y de las universitarias, la Luis-Angel es la única que abarca todo tipo de públicos. Tal vez por ello supere en visitantes a bibliotecas a nivel mundial que son más grandes pero que tienen en su misma ciudad salas de consulta equipadas con la misma calidad.

Las cifras en cuanto a crecimiento de lectores producirían envidia a las bibliotecas más grandes del mundo. En 1990 el promedio de visitantes oscilaba entre 4.000 y 5.000 diarios y el año pasado la cifra se duplicó. La Luis-Angel ofrece hoy en día 2.000 sillas distribuidas en sus 10 salas de lectura, número superior a la Biblioteca Pública de Nueva York o de la British Library que tiene, por ejemplo, 1.300 puestos de estudio. Y la Luis-Angel no se queda atrás en cuanto a las artes plásticas. Para no ir muy lejos, antes de que termine el año, al lado de la Casa de Moneda (que también hace parte de la biblioteca) se instalará el museo que albergará la donación de la colección personal de Fernando Botero, que contará, además de 80 obras suyas, con muestras de Renoir, Picasso, Braque, Giacometti, entre muchos otros. Pero aún hay más por hacer y el propio Jorge Orlando Melo, director de la Biblioteca, es consciente de ello. La cobertura de las regiones del país no es la mejor, en parte por la escasa iniciativa de los propios escritores de difundir sus obras. Algo parecido sucede con publicaciones universitarias que permanecen en el anonimato. Si bien el sistema de préstamo de material se ha ampliado a 200.000, la idea es extender el número de afiliados, que hoy llega a los 13.000. También se tiene previsto para antes de 3 años la digitalización de los libros colombianos publicados desde 1900.

Con un promedio de adquisiciones anuales de 15.000 libros, la Biblioteca Luis-Angel Arango alberga 600.000 títulos y más de 1.000.000 de ejemplares. Cifra nada despreciable, si se tiene en cuenta que 80.000 personas a la semana se acercan a consultarlos,principalmente estudiantes, músicos e investigadores, haciendo que la Biblioteca esté en la lista de las más prestigiosas del mundo. Y, aunque parezca mentira, está aquí, en pleno corazón de Bogotá.

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