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| 10/27/2012 12:00:00 AM

Paul Auster: poeta en Nueva York

Aunque es uno de los novelistas más reconocidos de la actualidad, Paul Auster empezó su carrera como poeta. A propósito de la publicación de su poesía completa en español, el escritor habló con SEMANA.

Paul Auster es uno de los escritores más prolíficos, premiados y leídos de la actualidad. Sus novelas y narraciones, como La trilogía de Nueva York, El libro de las ilusiones, Leviatán, La noche del oráculo, Un hombre en la oscuridad y Diario de invierno, entre muchas otras, son referentes obligados de la literatura contemporánea. Auster también es un exitoso guionista y director de cine: en 1998 dirigió Lulú en el puente y en 2007 La vida interior de Martin Frost.

Lo que pocos saben es que empezó su carrera como poeta en 1970 con su libro Radios. Durante los diez años siguientes se dedicó casi exclusivamente a este oficio y publicó varias obras: Exhumación, Escritura mural, Desapariciones, Efigies, Fragmentos del frío, Aceptando las consecuencias, Espacios blancos y Cimientos. Este mes se publica por primera vez en Colombia una antología de sus poemas traducidos al español por Jordi Doce. Desde su casa en Brooklyn, Auster habló con SEMANA sobre Poesía completa.

SEMANA: ¿Recuerda cómo se convirtió en poeta?

PAUL AUSTER:
La verdad es que no me acuerdo con exactitud. Empecé a leer muy joven y me marcaron los libros de Robert Louis Stevenson. En ese momento sentí el deseo de imitar sus historias. No recuerdo cómo escribía yo de niño, pero sí me acuerdo de que me hacía sentir mejor sobre mí mismo y sobre mi lugar en el mundo. Desde entonces ninguna actividad me ha dado tanta satisfacción.

SEMANA: ¿En qué momento empezó a tomar en serio su escritura?

P.A.:
Probablemente a los 17 o 18 años. Pero es complicado, porque a esa edad quería ser novelista. Antes de cumplir los 20 años escribí cientos de páginas de ficción, con unas ambiciones muy altas. Pero era frustrante porque el resultado nunca me gustaba. Empecé a darle la espalda a la prosa y me enfoqué en la poesía. Ahora, tantos años después, siento que en esas páginas de ficción que escribí está el germen de mis primeras novelas. El fundamento de esas historias estaba ahí, solo que a esa edad no sabía cómo escribirlas. El caso es que a los 20 años me dediqué a ser poeta de tiempo completo.

SEMANA: Sus primeros poemas hablan sobre los problemas del lenguaje, sobre la dificultad de expresar el mundo a través de las palabras…

P.A.:
Para mí esa es la cuestión principal no solo de mi escritura, sino de mi vida en general. Siento que las palabras nos fallan, que no nos permiten describir el mundo en su totalidad de matices. Y de ahí nace otro problema esencial para mí: la dificultad de la comunicación. Busco entender la barrera que el lenguaje crea entre las personas.

SEMANA: Eso recuerda a las últimas cartas de Arthur Rimbaud, donde dice que el lenguaje poético es insuficiente y por eso abandona la escritura…

P.A.:
Es un tema que siempre me ha atormentado. En Diario de invierno, uno de mis libros más recientes, reflexiono sobre esa distancia entre el mundo y la palabra. En inglés, curiosamente, se escriben de manera muy similar: word y world. Cuando uno las mira se ven casi iguales, solo las separa una letra, pero en realidad hay un abismo entre las dos.

SEMANA: En ese sentido, ¿cuál de las dos es mejor para representar el mundo: la prosa o el verso?

P.A.:
Se puede hacer de las dos maneras y no hay una mejor que la otra. Pero para mí, al final, la prosa resultó ser mucho más efectiva. Por eso a los 30 años, después de haber publicado varios libros de poesía, decidí dedicarme a las novelas. Como dije, mi primer impulso fue el de ser novelista y resultó acertado. La ficción está más cerca a mi sensibilidad y me permite expresar mejor mis contradicciones.

SEMANA: Su libro 'Poesía completa' acaba de ser publicado en una edición bilingüe, ¿cómo se siente frente a la traducción?

P.A.:
Sé que mis poemas son difíciles de traducir porque son bastante crípticos y muchas palabras tienen dos o tres significados al mismo tiempo. Así que es casi imposible llevarlos a otro idioma. Pero creo que Jordi Doce, mi traductor al español, hizo un fantástico trabajo: encontró el significado y logró traducir la musicalidad. Él no podía reproducir la cadencia de los versos en inglés pero encontró la equivalencia en español. Ahora, la traducción de poesía es un ejercicio en el que es muy fácil fracasar. Yo he sido traductor y sé de lo que hablo. Sin embargo, los poemas que más me han gustado en mi vida fueron escritos en idiomas que no hablo. Mi vida como lector sería mucho más pobre si no hubiera podido leer grandes traducciones.

SEMANA: Usted ha leído, traducido y escrito sobre muchos poetas franceses, ¿cómo lo han influido?

P.A.:
Aunque siempre he estado muy cerca a la literatura francesa, no estoy seguro de que exista una conexión con mi trabajo. Uno de los grandes protagonistas de mis libros es el inglés: las peculiaridades y la riqueza de ese idioma. Así que no es tan fácil establecer una relación con el francés. Ahora, lo que sí aprendí de los poetas franceses, en especial los de la posguerra, es a concentrarme en un campo reducido de palabras. Me enseñaron la economía del lenguaje. Mis poemas son muy poco descriptivos y muy compactos: como un puño cerrado que el lector tiene que abrir.

SEMANA: Sus poemas también son bastante autobiográficos, ¿hay una relación entre ellos y 'Diario de invierno', su autobiografía?

P.A.:
En cierto punto, sí. No había pensado en esa posible relación pero me parece muy interesante. Diario de invierno no es precisamente una autobiografía es un libro construido a partir de fragmentos narrativos autobiográficos. Siempre pensé en ese libro como una pieza musical y, en ese sentido, es muy cercano a la poesía

SEMANA: ¿Volvería a publicar poemas?

P.A.:
No lo sé, pero es muy posible que sí. Últimamente he vuelto a sentir ese impulso. En realidad, si lo pienso bien, nunca he estado muy alejado de la poesía. Cuando se escribe un texto narrativo el ritmo y la musicalidad son igual de importantes y mis años como poeta me ayudaron a afinar mi oído. Leo más poesía que cualquier otra cosa y siempre estoy inmerso en ella: es como una fuente de energía renovable que me ayuda a encontrar lo que quiero cuando escribo una frase o un párrafo. Sobre todo me gusta volver a encontrarme con mis viejos amigos de toda la vida: Emily Dickinson, John Donne y Shakespeare.

SEMANA: Es imposible no preguntarle sobre política, ¿cuál es su opinión sobre las elecciones en Estados Unidos?

P.A.:
Ha sido un espectáculo deprimente ver cómo el país está partido en dos. El ala conservadora se ha vuelto tan extremista que he llegado a pensar que están completamente locos. Creo que los integrantes del llamado Tea Party son yihadistas que viven en el odio. Quieren, además, destruir los pocos avances sociales que han surgido en este país en los últimos cuatro años.

SEMANA: Lo que ha mostrado la campaña son dos visiones radicalmente diferentes de entender el mundo…

P.A.:
No soy religioso, pero todos los días pido que gane Obama. Si Obama pierde, vamos a volver a una época oscura de nuestra historia. Cuando Bush dejó el poder pensé que tardaríamos 20 años en recuperarnos de todo el daño que le hizo a nuestro país, y solo han pasado cuatro. Los republicanos tienen una visión paranoica y ven conspiraciones por todos lados. Eso es peligroso. Lo más grave es que la elección del presidente de Estados Unidos trasciende nuestras fronteras y afecta a todo el planeta.
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