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| 8/7/2005 12:00:00 AM

Pecados digitales

Nunca antes una película había logrado traducir con tanta fidelidad el estilo de los cómics. 'La ciudad del pecado', de Robert Rodríguez y Frank Miller, es el fenómeno cinematográfico del año.

Cuando Robert Rodríguez vio por primera vez Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, se quedó sin palabras. En ese momento, el joven director texano decidió que quería ser como ese hombre que había logrado contar una historia de una manera tan innovadora, que había mezclado el humor con la violencia extrema, que había escrito unos diálogos tan delirantes. En otras palabras, quería ser como el director que había cambiado el cine de los 90. Y todo parece indicar que con su nueva película, La ciudad del pecado, se acercó bastante a su objetivo.

Lo más sorprendente es que lo hizo en un campo que parecía ya agotado: el de las adaptaciones de cómics al cine. Rodríguez descubrió que las más recientes versiones de cómics clásicos -Los cuatros fantásticos, Daredevil, Los hombres X o Elektra, por sólo citar algunos- fallaban, pues querían cambiar su lenguaje original y hacerlo más cinematográfico. El director buscó entonces una historieta novedosa que le permitiera hacer una nueva propuesta. Fue así como se encontró con Sin City, del legendario Frank Miller.

Sin embargo, hacer una versión de La ciudad del pecado (su traducción al castellano) no era una tarea fácil. Hasta ahora nadie se había atrevido a hacerlo, pues se trata de una serie de novelas gráficas muy respetada en el mundo, y su autor, Frank Miller, es considerado un dios por los fanáticos de los cómics. Miller, de 48 años, creció leyendo historietas de superhéroes, lo que, con el tiempo, lo llevó a descubrir a los escritores de policiales como Raymond Chandler y a Mickey Spillane, maestro del género pulp fiction, historias de crímenes en ediciones baratas.

Luego trabajó para la editorial Marvel, donde hizo varios episodios de El Hombre Araña y le dio vida a Daredevil, un superhéroe ciego, y a la poderosa Elektra. Unos años más tarde publicó una de sus novelas gráficas más populares, Batman: The dark knight returns, en la que proponía una nueva versión del hombre murciélago. En 1991, creó Sin City, una historieta en la que dejaba de lado a los superhéroes buenos que luchan por el bien de la humanidad. Sin City era un regreso al pulp fiction que tanto amaba: un sorprendente paisaje urbano habitado por mujeres voluptuosas, policías deshonestos, asesinos a sueldo y pequeños maleantes.

Después de varias adaptaciones desastrosas de sus novelas gráficas, Miller había jurado que no le iba a entregar los derechos de La ciudad del pecado a ningún director. Sentía que Hollywood no había entendido la esencia de sus historias y temía, más que nada, que sucediera lo mismo con su mejor trabajo. Robert Rodríguez sabía esto y, sin embargo, estaba dispuesto a correr el riesgo. Después de haber hecho películas tan irregulares como El Mariachi y Miniespías, quería hacer una cinta que cambiara su imagen de director mediocre.

Sin consultarlo, Rodríguez filmó un corto basado en una de las historias de Miller. En sus estudios, situados al frente de su casa en Austin, Texas, rodó una secuencia protagonizada por Josh Hartnett y Marley Shelton titulada El cliente siempre tiene la razón. En ella hizo lo que siempre había querido: darles vida a las historias de Miller tal y como aparecían en papel. Rodríguez se esforzó por respetar cada uno de los detalles del cómic. Unos meses después fue a casa del autor y se la mostró. "Quedé con la boca abierta. Eran mis dibujos que se movían; no actores de carne y hueso, sino las mismas tonalidades de blanco y negro sobre los mismos fondos", dijo el dibujante después de ver la propuesta del director. De inmediato, Miller le dio la autorización para que continuara con el trabajo.

La serie de La ciudad del pecado está compuesta por varias novelas, pero para esta primera entrega Rodríguez decidió utilizar sólo tres de ellas. Cada una corresponde a un capítulo independiente de la película: The hard goodbye, The big fat kill y Yellow bastard. Sin embargo, Rodríguez afirmó que su intención era filmar todas las historias de Miller en un futuro. Y parece que, impulsado por el éxito económico de su primera parte, el sueño se hará realidad antes de lo imaginado: La ciudad del pecado 2 será estrenada el año entrante y la tercera parte estará en los teatros en 2008.

Cada paso de la producción fue seguido atentamente por Miller. Era tal su entrega al proyecto, que Rodríguez le propuso compartir los créditos como director. Pero la poderosa Asociación de Directores de Estados Unidos (DGA) rechazó el crédito de Miller como director, argumentando que iba contra las reglas. Inmediatamente, Miller renunció a la DGA en señal de protesta. "Se trataba de obedecer las reglas o hacer esta película. Yo no sabía que tener un segundo director iba contra las reglas; he visto filmes dirigidos por varios directores. Simplemente pensé que sería mejor renunciar antes que detener la filmación o no filmar. Es decir, todos sentíamos que esto era algo verdaderamente nuevo, excitante y yo no iba a detenerlo", explicó Rodríguez.

Esta decisión era muy riesgosa para Miller y Rodríguez, ya que muy pocos productores estaban dispuestos a financiar un proyecto que no estuviera amparado por la DGA. Pero, de nuevo, la suerte les sonrió: los hermanos Bob y Harvey Weinstein decidieron dar el dinero para rodar. Lo curioso del asunto es que cuando Quentin Tarantino era un desconocido, fueron los mismos hermanos Weinstein quienes financiaron sus primeras películas. Con un presupuesto de apenas 25 millones de dólares, los directores se dieron el lujo de contratar sólo grandes: Jessica Alba, Bruce Willis, Mickey Rourke, Elijah Wood, Rosario Dawson, Michael Madsen, Michael Clarke Duncan, Nick Stahl, Rutger Hauer y Josh Hartnett. Pagar el sueldo de este grupo de actores habría triplicado el presupuesto, pero casi todos aceptaron trabajar por un salario mucho menor a lo habitual.

Desde luego, crear una versión idéntica al cómic de Miller significó también un enorme reto técnico. Para poder lograr los encuadres y las tonalidades exactas, Rodríguez optó por escenarios virtuales, pues era imposible filmar en lugares reales. Por esto los actores trabajaron solos, con unos pocos elementos de utilería y con un fondo de pantalla verde. Más tarde, todos los demás elementos que aparecen en pantalla fueron diseñados por computador.

Rodríguez decidió utilizar las cámaras digitales más avanzadas del mercado, las Sony HFC-950. Esto le permitió rodar a gran velocidad y con una alta definición de imagen. Filmó toda la película en colores y luego, en la sala de edición, trasladó todo el material a blanco y negro -sin tonalidades grises- con algunos detalles de color. Su idea era resaltar las características de algún personaje o de algún lugar poniéndole un color específico. Además, las acciones están divididas toma a toma para reproducir el avance cuadro a cuadro de la tira cómica.

Como si esto fuera poco, Rodríguez decidió invitar a Tarantino al set de grabación. Los dos ya habían trabajado juntos en From dusk till dawn y Rodríguez había compuesto la música de Kill Bill 2 por un salario de un dólar, la misma suma que cobró Tarantino por su colaboración en La ciudad del pecado. Esta vez, Rodríguez quería que Tarantino tuviera la oportunidad de trabajar con la tecnología digital y la pantalla verde -algo que nunca había hecho-, de modo que lo invitó a dirigir una impresionante secuencia con Clive Owen y Benicio del Toro. En los créditos finales Tarantino aparece como 'director invitado'.

El resultado del trabajo de los tres directores es impresionante. La ciudad del pecado es una de las propuestas visuales más arriesgadas de los últimos años. Desde luego muchos la han criticado por su violencia excesiva o por la abundancia de recursos técnicos. Pero esto tiene sin cuidado a Miller y a los miles de fanáticos de Sin City, pues no se sienten traicionados con la adaptación. Sienten que por fin -y después de muchos abusos- un cineasta respetó las complicadas reglas de juego del mundo de los cómics. Y eso los deja dormir tranquilos.

Pero, sobre todo, las criticas tiene sin cuidado a Rodríguez. Es él quien duerme más tranquilo: 10 años después de haber visto Pulp fiction logró una película tan violenta, tan controvertida y tan genial como la de su maestro.
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