Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/08/11 00:00

Perturbadas

Esta dura mirada a la adolescencia en Los Angeles se queda corta hasta volverse una fábula llena de moralejas.

La problemática Allison (Anne Hathaway, arriba) desciende al infierno del este de Los Ángeles sin saber por qué hace lo que hace

Título original: Havoc.
Año de estreno: 2005.
Dirección: Barbara Kopple
Actores: Anne Hathaway, Bijou Phillips, Shiri Appleby, Michael Biehn, Freddy Rodríguez, Laura San Giacomo, Matt O'Leary.

Estas películas sobre las miserias de la adolescencia tienen algo de video institucional. A la larga les sirven más a los profesores de urbanidad que a los aficionados al cine, más a los padres de familia preocupados que a los hijos que no han aprendido aún a cuidarse a sí mismos. Seguimos esta vez, en Perturbadas, a una hastiada colegiala de clase alta llamada Allison Lang. Que cree que todo es un juego. Que un día, cansada de su familia disfuncional, cansada de un patético grupo de amigos millonarios que bailan hip hop disfrazados de cantantes de rap, decide visitar el oriente de Los Angeles en busca de emociones fuertes. Y las encuentra. Conoce a un pandillero de la calle 16 que dice llamarse Héctor. Y junto a Emily, su mejor amiga, comienza a experimentar el lado más duro de la ciudad sin imaginar que aquel plan de viernes en la noche pronto se trasformará en pesadilla.

Se han filmado, en los últimos 10 años, las más descarnadas películas sobre la adolescencia. Está esa escalofriante obra francesa titulada Malas compañías (1999). Está esa extraña producción alemana llamada Crazy (2000). Está la incómoda A los trece (2003), de la norteamericana Catherine Hardwicke, que no logró ser estrenada en Colombia. Y si pensamos en la línea más dura, en una línea tan realista que bordea la inverosimilitud, está la obra entera de ese artista tan perturbador que es Larry Clark: quienes han visto Kids (1995), Bully (2001) o Ken Park (2002) saben que nadie ha descendido tanto al infierno de la adolescencia. Perturbadas desciende a medias. Logra escalofriarnos, extrañarnos, incomodarnos. Pero no nos perturba como debería.

Y es raro que no lo haga porque su directora, la documentalista Barbara Kopple, se ha dado a conocer gracias a una serie de contundentes trabajos periodísticos que ponen al descubierto los principales vicios de la sociedad estadounidense. Su mirada implacable a los mundos de la clase alta, de los latinos resentidos y de los colegios cargados de odio (a la que contribuye un guión del mismo Stephen Gaghan que escribió Tráfico) esta vez se ve nublada por una serie de giros dramáticos que nos dejan la sensación de haber visto una fábula con tres moralejas que nos sabemos de memoria: "cuídense de las malas compañías", "no pierdan de vista a sus hijos", "recuerden que uno mismo es su peor enemigo".

Quizá lo más interesante para los espectadores sea la participación de Anne Hathaway, en algún momento una estrella del cine para niños, en el papel de la protagonista que se deja arrastrar por el río del sexo indeseado y las drogas de largo alcance. Hathaway, que apareció en Secreto en la montaña en el también difícil papel de la campeona de rodeo, ha logrado dar el salto a actriz de verdad a punta de correr verdaderos riesgos. Y logra, en Perturbadas, hacernos sentir que no tiene ni idea de qué hacer con su vida.

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