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| 9/6/1982 12:00:00 AM

PESO PESADO DE LA PINTURA

El Museo de Arte Moderno presenta la obra de un gran abstraccionista: Philip Guston.

Con pocas, realmente, las oportunidades que tiene el público en Colombia de apreciar a través de los ejemplos más dicientes los trabajos de artistas internacionales de gran nombre, aun cuando son comunes, especialmente en Bogotá, las llamadas "exposiciones de embajada": muestras menores conformadas sin teorías ni propuestas ambiciosas y promovidas por diplomáticos de buena voluntad, como las que presentan con frecuencia los Colombos. De vez en cuando, sin embargo, algún museo o instituto cultural de otro país organiza alguna exposición con material de primer orden y de máxima importancia en cuanto a un tema o movimiento se refiere, y haciendo gala de generosidad y de confianza en el profesionalismo de entidades nacionales, permite su presentación en nuestro medio, contribuyendo de esta forma a incrementar tanto la experiencia estética como la cultura plástica y visual de nuestro público.
En algunas ocasiones estas muestras cuentan, cómo las "exposiciones de embajada", con el apoyo de las misiones diplomáticas acreditadas en Colombia; pero se trata por regla general de exposiciones de grandes dimensiones, producto de un estudio concienzudo y con miras claras y precisas, con las cuales se definen logros importantes en el arte o se informa de manera iluminante y exhaustiva respecto a una escuela, a una obra, o a un período en el trabajo de un artista.
Este es precisamente el caso de la exposición de Philip Guston que actualmente se presenta en el Museo de Arte Moderno de Bogotá con la activa y eficiente colaboración de la Embajada Americana; muestra estructurada por el Museo correspondiente en San Francisco, que incluye varios de los cuadros que representaron a los Estados Unidos en la pasada Bienal de Arte de Sao Paulo, y la cual no deja duda de la personalidad y el talento del artista, al tiempo que cuestiona simplistas concepciones, por ejemplo, sobre el anacronismo o la vigencia de un estilo como resultado de su aceptación entre el público y la crítica.
Philip Guston (1913 1980) ingresó en la historia de arte norteamericano como un pintor "de acción", es decir, interesado en la expresión del gesto y el pigmento, convirtiéndose con Pollock, Rothko, Hofmann, Newman, Gorky, Gottlieb, Francis, Tomlin Motherwell, Still, Kline, y de Kooning en uno de los pilares del Expresionismo Abstracto. Previamente Guston, como Pollock, había pintado cuadros y murales influenciado por las metas de los muralistas mexicanos de cuya producción ambos artistas derivaron enseñanzas perdurables. Pero es sólo cuando su obra abandona la representación de cosas y personas y se adentra en la filosofía de ese ya legendario movimiento, cuando el artista logra, a mediados de este siglo, un reconocimiento extenso y entusiasta.
Sus pinturas de esa época fueron calificadas de "poéticas" por el suave colorido, las pinceladas delicadas, y por cierto ambiguo resplandor que recordaba la luz impresionista a pesar de su deuda estructural con los trabajos de Mondrian. Algún tiempo más tarde, sin embargo, su pintura hace un viraje en cuanto empieza a denotar cierta aspereza y tosquedad; y a mediados de la década de los sesenta manchas oscuras y macizas, sugerentes de formas conocidas comienzan a surgir entre los tonos claros y los gestos multidireccionales que comúnmente usa en sus fondos.
En 1968, finalmente, el trabajo de Guston vuelve a cambiar de dirección con la representación de objetos cotidianos que abre paso a esa figuración franca y directa y simultáneamente ruda y tierna que habría de ocuparlo hasta su muerte. Es esta última época en su obra la que se ilustra con la exposición del Museo de Arte Moderno; y en la muestra no sólo es perceptible la emoción de quien se expresa honestamente con pintura sino que por el significado de los cuadros en el contexto total de su trabajo, también se hace evidente la absoluta libertad que el artista demandaba para el acto y el concepto de pintar.
Con los trabajos de estos años vuelve Guston a expresar sus comentarios y sus críticas mediante imágenes que no revelan ninguna timidez por su abierta dependencia de la anécdota.
Con ellos retornan igualmente las preocupaciones sociales y políticas que había aprendido a confrontar en las pinturas de los muralistas mexicanos. Horror y humor son la reacción de su trabajo ante la vida. Toma fuerza nuevamente la sindicación burlona y corrosiva de la caricatura. Y en ellos se hacen alusiones inequívocas, a través de la composición y de las formas, a sus maestros favoritos en la historia del medio que utiliza.
Pero no implican estos cuadros un regreso a la misma clase de pinturas de su periodo formativo, porque el artista retiene, por ejemplo, la pincelada definida y esa mezcla de delicadeza y de rudeza que se inició con su obra abstracta. Guston revela en estas obras un candor y una pasión, y una alegría y una tristeza profundas y espontáneas, para las cuales tampoco hay paralelo en su obra previa. Además, según su propia observación "muchos artistas abstractos son tan solo pintores figuralivos y muchos artistas figurativos son muy abstractos" lo que indica la total indiferencia que le produjeron al pintor dichas divisiones. Y Guston, al olvidar lo establecido en la escena artística de su país y al perseguir con tanta independencia sus propios objetivos, hizo patente que su producción pictórica final era sencillamente el resultado de ideas nuevas y distintas convicciones en esta etapa prolífica, especial y última en su vida.
En conclusión, la exposición de Philip Guston además de que permite comprobar directamente las particularidades de su mundo y su pintura, es una muestra que da mucho que pensar en un medio como el nuestro en donde el arte parece tan lejano del artista y sus problemas. Es una exposición que pone de presente la unión íntima entre la obra y el autor. Una muestra que subraya que no sólo la vanguardia sino inclusive la figuración gestual en la pintura, hacen parte de tendencias sin límites geográficos, cuya exclusividad, por consiguiente no puede reclamarse para una zona o un país. Pero sobre todo, es una muestra que enfatiza la posibilidad del logro artístico en cualquier técnica o estilo siempre y cuando, desde luego, se trate de un trabajo tan imaginativo y tan vital y tan honesto y personal como el de Guston. -
Eduardo Scrrano -
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