Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/14/1983 12:00:00 AM

"PIENSO EN UN ARTE QUE VAYA A LA CALLE"

ENTREVISTA

MARTA TRABA
SEMANA: ¿Qué representa la FIAC en el mercado internacional del arte?
MARTA TRABA: La FIAC es un buen recuento de lo que pasa hoy, a nivel artístico, en el mundo. Da un poco de esa idea, como plural, de que todo es posible.

Hay un registro bastante amplio donde la transvanguardia coexiste con las otras tendencias, sin eliminarlas. Esto constituye un cambio con respecto a los procesos de los años cincuenta cuando los abstractos norteamericanos -la llamada "Escuela Nueva York" -copó totalmente el panorama artístico y produjo esa modalidad visual en Europa y, a la zaga, en América Latina.

Hoy todos los movimientos son débiles, bastante artificiales y promovidos más por la desesperación de las galerias que por necesidad de los artistas.

La FIAC, como parece hacerse perdonar su pecado de origen, se ha convertido en una feria elegante. En las grandes exposiciones individuales, como la de Tapies o de Tamayo, las galerías dejan grandes espacios perdidos, tipo museo, para que el visitante pueda sentarse a mirar. Ese cambio es magnífico para el observador. Es un sistema astuto para enriquecer la imagen de la feria.

S.: ¿Cómo analíza usted las nuevas tendencias?
M. T.: Las vengo observando desde 1980 cuando su creador, el crítico italiano Achille Bonitto Oliva las lanzó en Venecia.

Por un lado, está clara su promoción ante la desesperación de las galerias que ya no saben qué vender. Pero, por otro lado, los que se han promovido son jóvenes que, sin ser presionados, están elaborando otra pintura que tiene mucha libertad y mucha gracia.

Creo que los italianos y los alemanes son los más importantes. Los franceses me parecen insignificantes y los norteamericanos no me interesan.

Es curioso comprobar que los norteamericanos, que durante largos años han llevado la batuta de las innovaciones, están copiando, en este momento, a las transvanguardias europeas. Pero les han dado otro aire y muy astutamente les han cambiado el sentido.

Yo pienso que la transvanguardia puede hacer explotar esa pinturita destinada a decorar los muros de las casas pequeñas bueguesas.
Creo que el arte tiene que conseguir un espacio mayor y un receptor distinto a los que ha tenido en los últimos años.

S.: ¿Con qué medios?
M.T.: El crítico no puede decidir. Pienso en un arte que vaya a la calle. No como lo hicieron los conceptuales en los años sesenta, sino en una nueva forma de muralismo que ataque e invada. La transvanguardia ha conseguido, en parte, esa renovación, haciendo cuadros gigantescos, pintando espontáneamente sobre cualquier material, prescindiendo del marco... Todo eso parecen detalles insignificantes, pero son verdaderos ataques a lo constituido. Se trata, naturalmente de un movimiento de moda y, por consiguiente, transicional.

S.: En la FIAC, comprobando el poco número de esculturas expuestas este año, usted me dijo: "La escultura me interesa cada día más ".
M. T.: Es verdad. La escultura tiene una posibilidad que no tiene la pintura: puede ir a la calle, es decir, tiene una vocación pública. Y de hecho, Ramírez Villamizar, Negret o Feliza Bursztyn lo demostraron en Bogotá. Sus obras están metidas en la visualidad de la ciudad.

Por eso pienso que en este mundo que cada día se va empobreciendo, achicando, encogiendo, el artista puede ayudar al hombre a través de esa posibilidad de familiarizarse con lo visual. El escultor puede hacerlo, el pintor no.

S.: ¿Qué balance hace usted de la participación latinoamericana en la Feria de Arte de París?
M. T.: América Latina no merece tener una participación tan secundaria.

La "Galería Latinoamericana" mostró una restrospectiva de Arden Qinn que hizo, en 1944, en Argentina la revista "Arturo" con Maldonado y los concretos.

La sala de Totres García, presentada por una galería extranjera, fue una de las cosas que más me gustó en la FIAC. Las obras de Tamayo expuestas por la Marlborough, me parecieron muy inferiores a lo que él hacía hace cuarenta años. Quilici, pintor venezolano, lo encontré menos interesante que hace algunos años, pero es un pintor talentoso.

Las esculturas de la holandesa Lika Mutal, que vive en Perú, me parecieron extraordinarias, pero estoy segura de que pasaron desapercibidas. También me gustaron los cuadros de Julio Larraz y las cajas de Salcedo. Bernardo Salcedo me sigue pareciendo el gran ingenioso y sofisticado del arte colombiano.

Obregón, a pesar de estar pintando cosas espantosas, sigue siendo sagrado para mí. Lo que él pintó, para el artecolombiano, es intocable. Eso me basta. No se le puede pedir a la gente que pinte maravillas toda su vida.

Las fotos de Becky Mayer, dentro de una cosa romántica y nostálgica, tienen una gran atmósfera. Me parece muy interesante que la FIAC haya integrado la fotografía que es hoy día uno de los sistemas importantes de expresión que, de ninguna manera, puede colocarse al margen.

Resumiendo, le diría que, en general, pocas cosas me conmovieron en la FIAC-83: un dibujo a pluma de Delvaux, la sala de Torres García, las cajas de Salcedo y los grandes cuadros de Baselitz.

No sé si me pasa que estoy viendo el mundo y la vida cada dia más excitantes que el arte. Todos los días uno está tan llamado y tan solicitado por problemas tan tremendos, que una feria como la FIAC parece una tregua en la batalla.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.