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| 1/20/1986 12:00:00 AM

PILAS NUEVAS PARA UN VIEJO MUSEO

Vientos modernos oxigenan el Museo Nacional

Hasta hace poco tiempo, quizás no más de un año y medio, hubiera sido difícil creer que en el Museo Nacional de la capital de la República, aparte de sus colecciones históricas y antropológicas, se estuvieran exhibiendo muestras tan dinámicas como han sido, por mencionar sólo las más recientes, el Salón Nacional, la retrospectiva del maestro Obregón, Once Artistas Vallecaucanos, y la colectiva de Artes Gráficas y el Onceavo Portafolio de Cartón de Colombia, estas dos últimas actualmente a la vista del público. Este entusiasmo del Museo se debe a su más reciente administración y al apoyo que ha tenido por parte de la dirección de Colcultura. Ello ha resultado en un replanteamiento interesante que va desde sus métodos y espíritu de exposición, como lo atestigua la Sala de la Independencia, ya arreglada de acuerdo con los nuevos criterios, hasta sus métodos de almacenamiento de material coleccionable, desde monedas y estampillas, pasando por toda la gama imaginable, hasta cuadros importantes. Todo en el Museo se ha modificado sensiblemente para mejorar, a partir de conceptos básicos. Ahora la institución adelanta la modernización sustancial con qué responder adecuadamente a sus responsabilidades nacional e internacionalmente.
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Once Artistas Vallecaucanos
En la sala inferior del Museo Nacional se muestra esta exposición colectiva, como anticipación de los 450 años de la fundación de Cali. Allí se incluye, si no a todos, por lo menos a un grupo considerable de los artistas más prestigiosos de aquella región.
Aparecen nombres muy bien conocidos como Omar Rayo, Pedro Alcántara, Leonel Góngora, María Teresa Negreiros, Lucy y Hernando Tejada, Oscar Muñoz, todos dentro de los parámetros habituales de su producción.
Aparecen también figuras más lateralizadas, pero bien significativas como Alicia Barney, quien, con convicción, se sigue dedicando a la producción artística dentro de lo no objetual y conceptualizante, como son sus intentos bioecológicos por establecer mediciones de contaminación de diferentes sitios del Valle y del Río Cauca, a veces enfatizadas por elementos escultóricos muy interesantes. El trabajo de la Barney parece surgir de arraigadas e inteligentes posiciones personales, que hacen que su obra, a pesar de pertenecer a un género que ha perdido cierta actualidad, se mantenga en plena vigencia. Otra figura que pudiera considerarse joven en la muestra es Rodolfo Vélez, quien recientemente ganó el premio en el Salón Marta Traba del Museo La Tertulia. Sus trabajos aún tienen mucho por andar, sobre todo en términos del evidente ajuste que hace a tendencias en boga y a su utilización exagerada de los recursos expresionistas. La sorpresa más positiva de esta exposición la da el artista Ever Astudillo quien regresa a la vista del público con obras recientes que incluyen recursos de altorrelieve a manera de siluetas recortadas e instaladas frente al plano pictórico, que sirven de cortinas entreabiertas que nos invitan a entrar al apasionante espacio de las actividades marginales de la Cali pachanguera, con coloraturas a pistola, efectos de luz de neón, y dibujo a lo "cartelera de cine" que ayudan a configurar imágenes prostibulares.
Ellas enuncian un fuerte sabor a pueblo y convicciones atareadas con el desciframiento de los códigos nocturnos, que incluyen alusiones sexuales de toda índole, animadoras de su propuesta de interpretación.
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Onceavo Portafolio de Cartón de Colombia
En la gran sala superior del Museo Nacional se muestra la exposición de una parte considerable de la colección de obras gráficas producidas por Cartón de Colombia a lo largo de diez portafolios, y el contenido del Onceavo que acaba de salir a la luz pública. El esfuerzo de esta empresa es extremadamente laudable en nuestro medio donde constituye el único caso de continuado impulso a la producción gráfica. El Onceavo Portafolio está integrado por quince artistas nacionales que ocupan la mitad del mismo, compartiéndolo con otros quince, casi todos latinoamericanos. En su interior, el actual conjunto evidencia algunos problemas de tipo crítico y técnico que deben quedar señalados en un afán por aclarar aspectos fácilmente corregibles. Un empeño de este tipo supone la orientación a la posibilidad de generar la experimentación y búsqueda de nuevas posibilidades en el área específica de las matrices y sus imágenes resultantes. Y si bien es cierto que esto ocurre mayoritariamente en las obras de los artistas extranjeros, entre los colombianos esa búsqueda de la especificidad gráfica resulta menos comprobable. Muchos de nuestros artistas, desafortunadamente, no parecen conocer las posibilidades técnicas de los medios seriados, y por lo tanto han acabado haciendo reproducciones de sus obras pictóricas. Aun algunos que conocen muy bien las técnicas del grabado, litografía, serigrafía, etc., se han eximido de elaborar imágenes completas, limitándose a hacer planteamientos a todas luces iniciales. Tal es el caso de la litografía de Jim Amaral, la cual, viniendo de manos tan prestigiosas y apoyada en la imaginación proverbialmente rica, nos deja desconsolados. Lo mismo sucede con los tonalmente pobres grabados de Mónica Meira y María Cristina Cortés, la gráficamente exigua litografía de Emma Reyes, la superficial serigrafía de Ricardo Potes, y las francamente deleznables obras de Luis Roncancio y María Clara Gómez. En cambio otros colombianos acuden al Portafolio con obras de sustancia como el críptico grabado de Salcedo, hecho a partir de consideraciones de lenguaje inextricable y respeto por los aspectos recónditos de la plancha de metal y su manipulación; igualmente óptimo es el grabado en metal a varios colores de Alberto Sojo, elaborado a plena conciencia; el denso trabajo serigráfico de Flor María Bohuot, con su colorido tema de los amantes; la brillantemente concebida litografía de Heriberto Cogollo, y la exquisita xilografía de Alfonso Quijano, quien a través del trabajo minucioso sobre planchas de madera elabora espacios mágicos de sorprendente frescura e imaginación.
Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, a pesar de las deficiencias técnicas ya anotadas, la ventaja de los colombianos frente a los extranjeros en este Portafolio, está dada por la carga de originalidad de sus respectivas obras. En el grupo nacional casi no se encuentran trabajos con referencias derivativas, como es el caso de Núñez, de Venezuela, quien parte de la imaginación de su compatriota Soto; de Miguel Angel Ríos, de Argentina, quien recurre a la producción de Paul Klee; y de Milos Jonic, de Francia, quien prácticamente copia a Miró. Pero también es apenas justo que se señale, entre los de fuera, las obras excelentes de Raquel Rabinovitch, Marcelo Bonevardi, Miguel Herrera, Benjamín Lira, Ivel Weihmuller y Nelson Sambolín.
En resumen, este unico Portafolio anual de gráfica en nuestro medio, producido a un costo considerable de dinero y esfuerzo, puede muy fácilmente superar sus actuales limitaciones. Sólo necesita especificar sus propósitos y exigir de los artistas el cumplimiento de ciertas metas elementales para entrar en la plenitud de las posibilidades investigativas y aclaratorias del medio apasionante que es la expresión gráfica seriada de imágenes artísticas.--
Galaor Carbonell
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