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| 1/17/2015 10:00:00 PM

Pingüinos de Madagascar

Esta película animada de los estudios DreamWorks usa los estereotipos del cine de acción y espionaje como punto de partida en un ejercicio de humor recargado y absurdo. ***

Título original: Penguins of Madagascar
País: Estados Unidos
Año: 2014
Director: Eric Darnell y Simon J. Smith
Guion: Michael Colton, John Aboud, Brandon Sawyer, Alan J. Schoolcraft  y Brent Simons
Duración: 92 min


Debo confesar que, antes de Pingüinos de Madagascar, no había considerado las posibilidades cómicas de esos pasabocas de maíz amarillos y alargados que dejan los dedos un poco apestosos y que crujen sonoramente al morderse. Pero si bien, después de ver la película, me sigue resultando difícil localizar con exactitud qué los hace tan chistosos, quedé convencido: son los pasabocas más cómicos que hay.

Es algo que hace evidente la primera secuencia de estos Pingüinos de Madagascar, donde las aves del título entran a Fort Knox, el depósito de oro de Estados Unidos, a robarse no el metal precioso sino una máquina dispensadora de estos palitos de maíz.

Si la premisa es absurda es porque estamos ante una película que explota una especie particular de humor vertiginoso, basado en una seguidilla de hechos incoherentes, pero muy numerosos.
El salto entre una cosa y otra —que sucede a tal velocidad que es imposible seguirles el rastro— deja a la mente en un limbo anonadado y susceptible, es el humor del absurdo que se relaciona de cerca con la lógica del sueño, donde elementos disímiles y hasta incompatibles resultan tener una afinidad arrolladora.

Es una experiencia cómica pero extenuante, aparentemente diseñada para gente con trastorno de déficit de atención y que los estudios DreamWorks (productores de Shrek) han convertido en su especialidad: un barroco humorístico, con chistes dentro de chistes dentro de chistes, que terminan por lograr una sobrecarga sensorial. Si de cada cinco chistes el espectador pesca uno, tendrá más que suficiente.

En este caso, el punto de partida es una serie de estereotipos que la película recicla de películas de acción y de espías. Los cuatro pingüinos protagonistas —tomados de una serie de televisión del mismo nombre que, a su vez, partió de personajes secundarios en la serie de películas Madagascar— no son simplemente unas aves bonitas y pacíficas sino que se desempeñan como una especie de comando, viajando por el mundo en misiones arriesgadas.

El choque, claro, está entre su apariencia tierna, sus ojos grandes, sus aletitas inútiles y el carácter marcial de las operaciones tipo James Bond.

Cada uno de los cuatro encarna un estereotipo: Skipper es el líder, Kowalski es el cerebro, Rico es el acelerado que actúa primero y piensa después y Private es el novato tierno que quiere ganarse un papel dentro del equipo aunque aún no tiene un rol definido. En la película deben enfrentarse a otro comando de lindos animales (llamado El viento del norte) que los menosprecian por ser tan pequeñitos y bonitos, y a un pulpo malvado que odia profundamente a los pingüinos por haberle quitado el rol protagónico en los zoológicos.

Son tres películas en una y hay suficientes chistes para tres más. Termina siendo una experiencia cómica pero ofuscadora, como una cena en la que sirven un plato gigante de los cómicos pasabocas mencionados al comienzo: es mucho aire, poquito maíz y un polvillo anaranjado que, a pesar de lo sabroso, no termina de ser saludable.


Cartelera **** Excelente  ***½ Muy buena   *** Buena   **½ Aceptable  ** Regular  * Mala


Dos días, una noche *** ½

Cinta de los hermanos Dardenne que examina cuidadosamente la tensión entre individualismo y solidaridad en la historia de una mujer a punto de perder su empleo.

La familia Bélier ***

Película francesa que retrata cálidamente la relación entre una muchacha adolescente que tiene un don para el canto con sus padres sordos.

Furia implacable *

La carrera de Nicolas Cage continúa su espiral descendente con esta película genérica de venganza pésimamente actuada.

La teoría del todo ** ½

Biografía prosaica del científico Stephen Hawking que le dedica más tiempo a sus líos emocionales que a sus logros como físico.
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