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| 5/28/2011 12:00:00 AM

Poder para la gente

Con su tercer disco, la propuesta musical de La Mojarra Eléctrica alcanza la madurez: un dominio de ritmos explosivos de varias geografías y varios tiempos.

Hay algo que resulta cautivadoramente familiar en el repertorio de la Mojarra Eléctrica. Si bien son composiciones propias en su mayoría, las canciones no evitan sonar un poco a son palenquero, a currulao del Pacífico o incluso a timba de La Habana. El mérito de la agrupación es encontrar los puntos de contacto entre estas tradiciones, borrar las líneas divisorias y proponer a partir de ahí su fragor de rumba desafiante.
 
Cuando le pregunté a Jacobo Vélez, clarinetista y líder la banda, por su método de composición, me confesó: “Cojo canciones tradicionales y canciones actuales que me gustan mucho; trato de integrar los dos lenguajes y que nazca algo nuevo. El compositor tiene necesidad de ser auténtico, pero finalmente se da cuenta de que todo viene de algo”.
 
Próxima a cumplir diez años, la banda mantiene el entusiasmo de sus inicios como grupo callejero: la esquina de la calle 19 con carrera séptima en Bogotá les enseñó el volumen como algo natural; debían hacerse oír por encima del bullicio de pitos y motores.
 
Adicionalmente, han venido nutriendo una conciencia social que asomaba ya desde su segundo disco (“ladrón de corbata, qué cosa barata / a todos nos roba y a todos nos mata”) y que en este nuevo trabajo se convierte casi en el eje. Una música que pone a bailar al tiempo que invoca influencias filosóficas tan variadas como las de Martin Luther King, Bob Marley y Nelson Mandela.
 
El pasado 14 de mayo lanzaron su disco Poder para la gente, fruto de una labor de cinco años en los cuales las canciones fueron escritas, puestas a consideración del público, modificadas hasta lograr una forma ideal y finalmente grabadas. El concierto fue excelente pero estuvo marcado por una nota agridulce: 48 horas antes había fallecido la cantadora palenquera Dolores Salinas, una de las mentoras del grupo en tiempos pasados. Si hemos de creer en ritos de paso, lo que ha sucedido con la Mojarra Eléctrica es su entrada a una etapa de madurez. Ya conocen tanto los golpes de tambor como los golpes de la vida, y su música es una exhibición de esos dominios.
 
En cuanto al título (que se interna como un pregón en varias canciones del disco), Jacobo Vélez ofrece una explicación bienintencionada que refleja la mezcolanza de varias lecturas: “El poder está en la memoria, en la conexión con los ancestros. Es el poder de la tolerancia, de la no-violencia que predicaba Gandhi, el poder de decidir que no nos destruyamos. Si el pueblo se despierta y siente ese poder, podemos pararnos y decir que no vamos a darnos más bala”.
 
¿Puede la música ejercer esos cambios sociales? Difícil. Incluso la “revolución de terciopelo” checa, supuestamente inspirada por el grupo de rock Velvet Underground, fue más un movimiento político al que después se le sumó una banda sonora. Lo grato es que un grupo que literalmente viene de la calle y que supo ajustarse al circuito de la rumba, ahora utiliza ese poder de convocatoria para transmitir que hay cosas en este mundo factibles de mejorarse.
 
También hay homenajes al folclor puro y simple: su versión del clásico chocoano “La canoa arranchá” es una de las mejores que se han hecho. Pero es en las melodías propias donde uno siente la verdadera facultad de mover cuerpos y mentes, sin prédicas, sólo por el poder de la música: el poder que desde siempre le han regalado a su gente.
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