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| 11/26/1990 12:00:00 AM

POKER DE ASES

Semblanza de cuatro grandes escritores irlandeses.


"Cuatro dublineses". Richard Ellmann. Ensayo. Tusquets Editores. 180 páginas.
Oscar Wilde, William Yeats, James Joyce, Samuel Beckett, cuatro escritores irlandeses nacidos en Dublín, conforman la tetralogía "Cuatro dublineses" de Richard Ellmann, quien fue catedrático de literatura inglesa en la Universidad de Oxford: el primer norteamericano que logrò tan alto honor.
Las cuatro semblanzas de Ellmann sobre los dublineses ilustres difieren entre si, en el fondo y en la forma, no tablemente. Más que el analista frío que utiliza criterios universales para el estudio objetivo de los escritores, el método de Ellmann consiste en reflexionar sobre el autor y su obra y también sobre las relaciones entre lo uno y lo otro. Ante Wilde, Ellmann se muestra curioso frente a ciertos aspectos de su vida. De James Joyce investiga preferencialmente los estímulos que buscaba para la buena marcha de su escritura, en particular en relaciòn con "Ulises". De Yeats, entrevé sus tribulaciones valetudinarias, que relacionaba el propio poeta irlandés con su capacidad creadora, y de Beskett a Ellmann le interesan aspectos secundarios de su producciòn y las posibles afinidades entre la obra beckettiana y la prosa de Oscar Wilde. Es este capitulo, el dedicado a Beckett, el menos logrado del libro. Vacilante, impreciso, errático a veces, padece de una cierta falta de entusiasmo, que explica su inconsistencia. Es el autor que probablemente menos le interesa conocer y en realidad su único contemporáneo.

No son pocas las obras de referencia que se han publicado sobre Wilde y sobre Joyce, y aunque la obra de Yeats ha sido ampliamente divulgada, éste es el menos conocido de los autores tratados en el libro de Richard Ellmann. De Yeats algunos aspectos de su personalidad poética están aqui felizmente tratados, como son las transformaciones liricas que se operan en torno a su conocido poema "Visiòn", que se ha convertido en el símbolo de la última etapa de su vida: recoge su experiencia eròtica en decadencia. Al igual que los héroes simbolistas de "Axel" de Villers de L'Isle Adam, ante el casi inevitable desengaño, los héroes de Yeats se hacen también simbòlicos: su heroína, Denise, ama a un hombre con el alma y acepta a otro con el cuerpo. Entonces, dice Ellmann,"El alma puede mantenerse a distancia mientras se entrega el cuerpo y viseversa" . Esta tensiòn sintetiza los motivos de la última producciòn de Yeats, volcada sobre una reflexiòn que relaciona cuerpo y espiritu en varios niveles: el de los enamorados, el del yo con su contrapartida en el mundo espiritual y el de la confrontaciòn entre libre albedrío y determinismo, hasta llegar a sustanciarlo todo en lo que llamò tardíamente "la visiòn beatifica" como última posibilidad de alcanzar el ser unificado esa síntesis de pensamiento que se vio perdida con la presencia del racionalismo. La breve semblanza de Oscar Wilde es en realidad una viñeta de su,vida de estudiante en Oxford en donde Ellmann señala el germen de su obra literaria, de su extraordinario temperamento artístico y de sus pasiones amorosas que finalmente lo arrastraron a la ruina, la humillaciòn y el deshonor.

Las páginas dedicadas a James Joyce, quizás las más intensas del libro, son una exploraciòn culta en torno a "Ulises", "Retrato de un artista adolescente" y "Finnegans Wake".
Un estudio sintético de su formaciòn, un acompasamiento de su asunto, y de su desarrollo, y una confrontaciòn de la experiencia y la obra de arte. La materia de lo vivido convertida en escritura. Si Ellmann se refiere insistentemente a las anécdotas eròticas y a las expectativas amorosas no es por el placer de relatarlas como tales, sino para señalar en ellas la búsqueda de signos, que del dominio eròtico pasan a formar estìmulos activantes de la escritura. Aunque Ellmann propicia esta identificaciòn hasta límites sospechosos de mecanicismo, está convencido de que en el arsenal de lo vivido buscaba Joyce las formas que luego plasmarla en el texto literario: su método consistìa en escuchar los cantos de las sirenas . Se diría que esta era una de las formas de su entrabamiento, puesto que en la escritura de un libro tan denso, compacto y complejo como "Ulises", Joyce escribe desde dieciocho puntos de vista distintos, con otros tantos estilos bien diferenciados.

Ellmann, más que analizar, relaciona. Más que someter las obras a un arduo examen, describe y narra la experiencia literaria, no como un erudito pretensioso de inteligencia y conocimientos: más bien como un lector sensible y atento que se deja arrastrar y vivificar por el encanto de la lectura.
Este libro es, pues, el recuento de esa aventura.
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