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| 6/22/1998 12:00:00 AM

POR FIN COMPLETA

La más reciente grabación de 'Las cuatro estaciones' incluye los instrumentos que Vivaldi exigió en su partitura y los sonetos que compuso para descifrar cada uno de los conciertos.

Satie se atribuye una de las más malintencionadas frases de todos los tiempos: "No se sabe si Vivaldi escribió 600 conciertos o 600 veces el mismo concierto". Vivaldi, el maestro del siglo XVIII italiano, fue una celebridad en todo Europa pese a que la mayor parte de su vida transcurrió en Venecia, donde dirigía el Ospedale della Pietà que, bajo el aspecto de orfanato-convento, era uno de los cuatro conservatorios de la ciudad. Para las novicias que conformaban una de las más sólidas orquestas del mundo iluminista escribió el Padre rojo (Vivaldi era pelirrojo), la mayor parte de su obra, clasificada en grandes colecciones. Il cimento dell'armonia e dell'invenzione, la más importante. Por dos razones: porque Vivaldi siguió al pie de la letra un ideal del pensamiento de la época: que el arte imite a la naturaleza. Segundo, porque los cuatro primeros de los 12 conciertos son la más popular obra instrumental de la música: Las cuatro estaciones.
No hay orquesta que no las haya enfrentado y, en consecuencia, es la obra más grabada de la historia. La obsesión por lograr el sonido más fiel al original ha sido una constante y de hecho se han realizado grabaciones de excepción. Mucho menos conocido es que Vivaldi escribió cuatro sonetos que ilustran y dan la clave para entender cada uno de los conciertos.
Ahí estriba el éxito de esta nueva grabación de Las cuatro estaciones que el sello BMG acaba de poner en el mercado. El conjunto de la Freiburger Barrockorchester y The Harp Consort logra reunir el instrumental exigido por Vivaldi en su manuscrito original, que incluye hasta guitarras. La interpretación es paradigmática en brillantez y fidelidad al estilo. Pero además contiene la grabación de los cuatro sonetos vivaldianos, que hasta el momento jamás habían aparecido en alguna grabación de esta obra, y que son la clave para entender escenas descriptivas, como la tormenta del último movimiento del Verano o los sutiles vientos del Invierno.
Una prueba más que ilustra lo equivocado que estaba el malintencionado Satie.
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