Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1982/06/28 00:00

Y POR FIN EN CASTELLANO

Mishima escribio su obra maestra y se hizo el hara-kiri. Doce años después es traducida y llega a Colombia.

Y POR FIN EN CASTELLANO

Solamente después de diez años de la muerte del notable escritor Yukio Mishima, empieza a conocerse en Occidente su narrativa, influenciada por la tradición y filosofía orientales, que con su trascendente alternativa entre vida y muerte, termina finalmente llevándolo al suicidio.
Yukio Mishima nació en Tokio en 1925. Hizo estudios de leyes en la Universidad Imperial de Tokio, pero tras el inminente éxito de su primera novela "Confesiones de una máscara", se convierte de lleno a la literatura.
Considerado ya como un clásico por sus contemporáneos; y, cultivador de las artes marciales, rechaza con acritud el desarme del Japón y su repliegue a la visión occidental con el consecuente sacrificio de su cultura y valores tradicionales.
Fue creador de la"Sociedad del Escudo", un convencido ejército entrenado exclusivamente para defender a su país de cualquier toma ocasional del poder por parte de los comunistas.
Finalmente el 25 de noviembre de 1970, con tres de sus seguidores y después de lanzar una arenga por espacio de diez minutos a su nutrido cuerpo de soldados, se hace el "harakiri", con su espada predilecta.
De allí que en su literatura la muerte, como designio natural inspirado por cualquier vida naciente, sea el tema obsesivo, recurrentemente atravesado por una mirada inquisitiva que en su impasible objetividad, lo lleva hasta sus últimas consecuencias.
Dentro de un clima expectante, Mishima va urdiendo la trama de los amantes al tiempo que les opone la perversidad de un mundo adolescente que desafía omnipotenteménte el "universo adulto" con su encarnizado odio hacia convenciones, sentimientos y su estatuída paternidad, aniquilada finalmente por el clan congregado alrededor del hijo de Fusako--la amante viuda--que ve en el proyecto de matrimonio de ella con el marino, una vejación y seria amenaza a sus inquebrantables convicciones infantiles.
El amor, parece decir Ryuji--el viejo lobo de mar, el trashumante pasajero de ignotas tierras--sólo alcanza su plenitud metafísica en la muerte, sólo se rebosa consumiéndose a sí mismo en los límites de su feliz y consciente precariedad. El hecho de encontrar el ideal del "otro"a la exacta medida de su cuerpo y su solitaria afectividad: ellos dos, hechos el uno para el otro, fundiendo vanidosamente el baluarte de sus esplendorosas sexualidades en la femineidad de Fusako y la bronceada virilidad del marinero que "perdió la gracia del mar" y sus sueños de gloria trascendente--la búsqueda mística de un destino rutilante ajeno al precario goce "terreno"--cuando ancla sus propósitos en el desasosiego de un amor cotidiano y hogareño.
Desde allí es rescatado por la pequeña corte de adolescentes diabólicos que consigue--con su asesinato conjurado y ritualístico--devolverle a los inescrutables designios de su búsqueda trascendente que en vano escudriñó el fondo del mar y que sigue acompañando al propio Mishima en su irrescatable aventura metafísica.
Astrid Muñoz

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