Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/12/18 00:00

Por siempre Beatles

Treinta años después de su separación el libro ‘Antología’, editado en castellano, el disco ‘1’ y una página ‘web’ oficial mantienen más vigentes que nunca a los cuatro fabulosos de Liverpool.

Por siempre Beatles

Una vez más los Beatles son noticia y sus millones de fans tienen tres motivos más para celebrar. Ediciones B acaba de lanzar en el mercado colombiano la versión en castellano del libro Antología, en el que por primera vez los Beatles y sus más cercanos colaboradores cuentan, en primera persona, la historia del conjunto. El libro trae más de 1.300 fotografías, muchas de ellas inéditas.

Además, el 13 de noviembre EMI publicó 1, un disco que agrupa las 27 canciones que fueron número uno en las listas de éxitos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Ese mismo día se lanzó en Internet www.thebeatles.com, la primera página oficial del cuarteto de Liverpool.

En enero de 1969 los Beatles emprendieron un proyecto que terminaría siendo el comienzo del fin del mítico cuarteto de Liverpool. SEMANA reproduce apartes del libro Antología, en el que los cuatro ex Beatles y George Martin, productor de los discos del grupo, recuerdan cómo fue aquel trauma. Las declaraciones de John Lennon fueron tomadas de diversas entrevistas que concedió a lo largo de su vida, varias de ellas cuando aún estaban muy abiertas las heridas tras la separación del grupo y su resentimiento con sus ex compañeros era evidente.



Apartes del libro

Paul: Comenzamos Let It Be en enero de 1969 en los estudios Twickenham, bajo el título de trabajo de Get Back. El director era Lindsay-Hogg. La idea consistía en mostrar a The Beatles ensayando, improvisando, dando los últimos toques a su actuación y por último tocando en un concierto multitudinario. Mostraríamos todo el desarrollo del proceso. La idea original era embarcarnos en un crucero transoceánico y alejarnos del mundo. Pero terminamos en Twickenham. Creo que era una situación más segura para el director y todos los demás. Ninguno de nosotros quería embarcarse en un crucero. Entre nosotros había cierta tensión porque llevábamos mucho tiempo juntos y empezaban a aparecer fisuras en el grupo.

George Martin: En aquel entonces atravesaban un período revolucionario; trataban de crear algo novedoso y querían un nuevo ingeniero. Trabajaban con Geoff Emerick y contrataron a Glyn Johns. Supongo que básicamente querían un nuevo productor, pero no me lo dijeron. De modo que yo seguía allí.

Al mismo tiempo se les ocurrió una idea excelente, que a mí me pareció interesante poner en práctica. Querían componer un álbum completo, ensayarlo y luego actuar frente a un público multitudinario. Un álbum grabado en vivo con material nuevo. La mayoría de artistas que graban un concierto en vivo tocan su repertorio habitual pero ellos dijeron: “Grabemos un álbum de canciones inéditas frente a un público en vivo”.

John: Yo no tomaba decisiones de forma consciente. Todo se producía a nivel subconsciente y grababa discos con The Beatles como quien acude a la oficina a las 9 de la mañana. Paul u otro decía: “Tenemos que grabar un disco”, y yo grababa el disco sin darle más vueltas. Cuando las sesiones eran provechosas disfrutaba con ellas. Si la sesión era aburrida, me aburría. El caso es que se había convertido en una rutina.

Paul: Todos querían tomarse unas vacaciones aquel verano y yo pensé que deberíamos trabajar. Al final los convencí para poner en marcha el proyecto de Let It Be. Pero tuvimos unas peleas tremendas y plasmamos en la película la ruptura de The Beatles en lugar de lo que habíamos deseado.

John: El rodaje de Let It Be fue un infierno. Cuando se estrenó la película mucha gente se quejó de que Yoko parecía disgustada. Pero ni el fan más incondicional de The Beatles habría soportado esas seis semanas de amargura. Fue la sesión más desagradable de la historia.

George: Creo que nos fue mal durante los dos primeros días pero en seguida vimos que nada había cambiado desde la última vez que habíamos estado en el estudio y que volvería a ser fatal. Teníamos demasiados malos rollos. Nunca habíamos tenido mucha intimidad y ahora nos filmaban mientras ensayábamos. Un día Paul y yo nos peleamos. Está grabado; él sale diciendo: “Eso no lo toques”. Y yo digo: “Tocaré lo que quieras que toque, o no toco, como quieras. Dime qué es lo que quieres...”. Nos habían filmado peleándonos. Nunca llegamos a las manos pero pensé: “Esto es absurdo. Puedo ser relativamente feliz por mi cuenta pero no en esta situación. Yo me largo”.

Ringo: La mañana había sido tensa y habíamos tenido más discusiones, así que hasta la hora de comer no nos dimos cuenta de que George se había ido a casa. Cuando regresamos no había vuelto y nos pusimos a improvisar como fieras. Paul empezó a tocar el bajo justo en el amplificador, John se quedó al margen y yo toqué de una forma muy rara, como no lo había hecho nunca. Normalmente no toco así. Nuestra reacción fue muy curiosa. Y Yoko se unió, por supuesto.

Paul: Si yo sugería algo y George, pongamos por caso, no quería hacerlo, en seguida se convertía en una minidiscusión. Retrospectivamente, es fácil interpretar en la película que yo me pasé, sobre todo porque sólo era un componente del grupo, no el productor ni el director. Por mi parte era puro entusiasmo, nada más. Creo que se enfureció porque yo siempre estaba proponiendo cosas nuevas. Creo que él lo interpretó como si quisiera imponerme. No era mi intención, pero lo parecía.

A mi juicio, aquello fue lo que a la larga produciría la ruptura de The Beatles. Empecé a pensar que no era buena idea tener ideas. Hasta entonces nunca me había cortado, aunque puede que me pasara con el tono. Creo que George debió pensar: “¿Desde cuándo me dices lo que tengo que tocar? Yo también estoy en The Beatles”. Así que entiendo su punto de vista. No obstante el episodio me dolió mucho y dejé de expresar mi opinión libremente. Empecé a pensármelo dos veces antes de decir algo.

George: En los dos últimos discos, probablemente desde que dejamos de hacer giras, yo había observado que Paul estaba restringiendo nuestra libertad como músicos. Antes entrábamos en el estudio, agarrábamos la guitarra, nos aprendíamos la melodía y los acordes y nos poníamos a hablar sobre los arreglos. Pero en un determinado momento, probablemente en la época de Sgt Pepper, Paul empezó a tener ideas fijas sobre cómo quería que se grabaran sus canciones. No estaba abierto a las sugerencias de nadie. En cambio John aceptaba sugerencias.

Con Paul llegábamos a extremos ridículos. Yo iba a sacar la guitarra de la funda y él me decía: “No, no. Eso todavía no. Vamos a hacer la pista del piano con Ringo y luego haremos eso”. Era un ambiente sofocante y, aunque el nuevo disco tenía que romper con esa forma de grabar (íbamos a tocar en directo otra vez), Paul ya venía con una idea fija de lo que quería. Yo pensaba: “¿Qué estoy haciendo aquí? ¡Esto es patético!”. Para colmo estaba Yoko, que en aquella época nos daba muy malas vibraciones. John y Yoko se habían aislado. No creo que él estuviera muy interesado en seguir con nosotros y creo que Yoko lo presionaba para que nos dejara porque eso era lo que ella quería.

Ringo: George estaba componiendo más. Estaba independizándose y no se dejaba dominar por Paul porque al final Paul quería decirle cómo debía tocar el solo, y él dijo: “Mira, el guitarrista soy yo. El solo lo toco yo”. Y siempre tocaba muy bien los solos.

Paul: Después de que George se marchó nos reunimos en casa de John y creo que su primer comentario fue: “Metamos a Eric (Clapton)”. Yo dije: “¡No!”. Creo que lo dije medio en broma. Pensamos: “Eh, un momento. George se ha ido y las cosas no pueden quedarse así. ¡Hay que hacer algo!”.

Ringo: Fuimos a ver a George a su casa y le dijimos cuánto lo queríamos. Todo se arregló y él volvió al grupo.

John: A Paul se le ocurrió la idea de que primero ensayáramos, a lo Simon y Garfunkel, en busca de la perfección, y luego hiciéramos el disco. Y, naturalmente, nosotros somos unos vagos de mierda que llevamos 20 años tocando; ya somos mayorcitos, ensayar es una estupidez. No estábamos motivados. Hicimos unos cuantos temas pero no nos compenetrábamos.

Era una sensación horrible, francamente horrible, y como no dejaban de filmarte, estabas deseando que se fueran. Nos plantábamos allí a las 8 de la mañana, y a esas horas no se puede hacer música, ni a las 10, ni a la hora que sea, en un lugar extraño con gente que te filma y luces de colores. Yo me dejaba llevar. En aquella época tenía a Yoko y todo me importaba una mierda.

Paul: En Let It Be John quería marcharse y creo que a todos nos parecía que era el principio del fin.

John: Habíamos alcanzado la cumbre y nos dedicábamos a pararnos los pies. Estábamos limitando nuestra capacidad para componer y actuar por ceñirnos a una especie de formato y por eso hubo problemas. No es que no nos lleváramos bien. Lo he comparado millones de veces con un matrimonio. Fue una larga relación. Paul y yo estábamos juntos desde que él tenía 15 años y yo 16. Los cuatro llevábamos juntos muchísimo tiempo. Y lo que ocurrió fue que, por aburrimiento y por un montón de cosas más —Epstein había muerto y los negocios no iban bien—, tanta presión acabó con nosotros. Así que empezamos a picarnos, como hacen todos cuando están juntos. “Por culpa tuya —has tocado mal la pandereta— mi vida es un desastre”. Nos volvimos quisquillosos y lo pagamos los unos con los otros porque éramos lo único que teníamos.

George Martin: John complicaba las cosas porque siempre estaba con Yoko y llegaba muy tarde o ni siquiera aparecía, y la cosa se puso muy tirante. Estaba pasando por una etapa muy problemática cuando hicimos el disco. Me dijo: “Paso de toda tu mierda de producción. Queremos que sea un disco honrado”. “¿Qué quieres decir con un disco honrado?”, le pregunté. “No quiero efectos ni mezclas raras —dijo—. Tiene que ser como es. Grabamos la canción y punto”. “Muy bien —respondí yo—. Pues lo haremos como quieras”. Empezábamos un tema y no acababa de salir y lo repetíamos una... dos... tres veces, hasta la prueba 19: “John, el bajo no ha quedado tan bien como en la prueba 17, pero la voz está bastante bien. Vamos a repetirlo”. Prueba 43: “Bueno, sí...”. No se acababa nunca porque nunca era perfecto. Y se hacía interminable.

Ringo: Los días eran largos y podían hacerse pesados y Twickenham no era el sitio ideal para que se creara buen ambiente. Era como un almacén inmenso. Luego nos trasladamos a los nuevos estudios en el sótano de Apple para seguir con el disco.

En Apple las instalaciones eran geniales. Era comodísimo y era como estar en casa. Nos encantaba ir y cuando no trabajábamos podíamos sentarnos alrededor de la chimenea que habíamos mandado construir para que el sitio fuera acogedor.

No obstante, al hacer el playback, nos dimos cuenta de que no podíamos tener el fuego encendido porque oímos: “Crac, crac, crac”. “¿Qué diablos es eso?”, preguntamos. Y después descubrimos que era la madera que crujía.

George: Saville Row era un edificio muy bonito antes de que los constructores lo convirtieran en un Tesco. Recuerdo haber ido allí cuando estábamos pensando en comprarlo y que el sótano era fantástico. Había una chimenea inmensa y vigas de roble. Pensamos: “¡Esto es fabuloso! ¡Aquí sí que compondremos y haremos discos!”.

Cuando ya era un estudio lo habían tapado todo y era un sitio asqueroso con techos de poliestireno. El culpable había sido Alex Margas, que “construyó” un estudio de 16 pistas con 16 altavoces que luego hubo que desmontar y rehacer. Para el sonido en estéreo sólo necesitas dos altavoces. Era horrible. Pero incluso con los cambios allí se estaba mejor.

George Martin: Alex, ‘El Mágico’, dijo que EMI no valía nada y que él podía construir un estudio mejor. Pero no lo hizo, y cuando grabamos en Saville Row tuve que llevarme el equipo de EMI.

Magic Alex, con toda su pericia técnica, había olvidado hacer agujeros en las paredes entre el estudio y la cabina de control, así que teníamos que pasar el cable por la puerta. Y el aparato de aire acondicionado que había en un rincón hacía un ruido muy desagradable y teníamos que desenchufarlo siempre que grabábamos. Por lo demás, ¡era ideal!

Paul: Las instalaciones de Apple estaban bien porque George Martin hizo lo mismo que en los estudios de Twickenham: unos cuantos arreglos improvisados. El estudio no estaba terminado pero técnicamente era perfecto.

George: Cuando fui con Eric Clapton a ver tocar a Ray Charles, antes de que actuara Ray salió un tipo que tocaba el órgano, bailaba y cantaba. Pensé: “Me suena”, pero era más alto de lo que yo recordaba. Al cabo de un rato salió Ray Charles, el grupo tocó unas cuantas canciones y luego volvió a presentar a ... ¡Billy Preston! Desde la última vez que lo vimos en Hamburgo, en 1962, había crecido hasta medir 1,80. Le dejé un mensaje para que se pasara por Saville Row. Llegó cuando estábamos en el sótano haciendo Get Back. Yo fui a recepción y dije: “Ven a tocar porque están todos un poco raros”. La idea le entusiasmó. Yo sabía que a los demás les caía fenomenal y fue como un soplo de aire fresco.

Es interesante ver lo educada que es la gente cuando traes un invitado porque no quieren que todo el mundo se entere del mal genio que tienen. Ya había ocurrido en el Album Blanco cuando llevé a Eric Clapton para tocar en While My Guitar Gently Weeps. De repente todo el mundo se comportaba de maravilla. Billy bajó y yo dije: “¿Se acuerdan de Billy? Aquí lo tienen. Puede tocar el piano”. Se sentó ante el piano eléctrico y al instante se produjo una mejora del ciento por ciento en las vibraciones de la sala. Aquella quinta persona bastó para romper el hielo que habíamos ido creando entre nosotros.

Paul: Habíamos estado buscando un final para la película y la pregunta clave era: “¿Cómo vamos a terminarla en dos semanas?”. Alguien sugirió que subiéramos a la azotea e hiciéramos el concierto allí.

George: Subimos a la azotea para tocar en vivo de una vez por todas porque era mucho más sencillo que ir a cualquier otro sitio; además nadie lo había hecho y sería curioso ver qué ocurría cuando empezáramos a tocar. Instalamos una cámara en la recepción de Apple, detrás de la ventana, para que nadie la viera, y filmamos a la gente que entraba. La policía y todo el mundo entraban diciendo: “¡No pueden hacer eso! ¡Tienen que parar!”.

Paul: Fue estupendo porque era al aire libre, algo poco habitual para nosotros. Filmaron abajo, en la calle, y salen muchos ejecutivos mirando arriba: “¿Qué ruido es ése?”. Al final Mal (Evans) nos comunicó que la policía estaba quejándose. Nosotros dijimos: “No vamos a dejar de tocar”. Y él: “La policía los arrestará”. “Buen final para la película. Que vengan. ¡Genial! Ese sí que es un final: ‘The Beatles arrestados por tocar en una azotea”. Al final el policía número 503 del Greater Wetminster Council subió por la parte de atrás. Creo que desconectaron el equipo y ese fue el final de la película.

Ringo: La policía siempre me decepciona. Cuando subieron yo estaba tocando y pensé: “Ojalá me lleven a rastras”. Lo estaba deseando porque nos estaban filmando y habría quedado genial que los polis hubieran agarrado la batería a patadas y eso. Naturalmente, no lo hicieron; sólo balbucieron: “Tienen que bajar el volumen”. Podría haber sido fabuloso.

George Martin: Al final se hizo un documental —con todas sus imperfecciones— del LP de Let It Be. Glyn Johns y yo nos ocupamos de la música y fue un disco honrado, que es lo que querían. Pero tardó mucho en editarse porque a nadie le gustaba el documental que se había hecho, lleno de errores. Estaban habituados a trabajos muy pulidos. Creo que por eso no se lanzó.

John: La cinta terminó siendo como una versión prohibida. Dejamos que Glyn Johns la remezclara; no queríamos ni verla. Se la dimos y le dijimos: “Ahí la tienes. Tú mismo”. Era la primera vez desde nuestro primer disco que nos desentendíamos. Había 29 horas de cinta. Parecía una película de lo larga que era. Veinte pruebas de todo, porque estábamos ensayando y grabándolo todo. Se nos hacía una montaña. Pensé que estaría bien que saliera toda la mierda de The Beatles porque nos hundiría. Destruiría el mito: “Somos así, sin pantalones, sin aderezos, sin esperanza. Así que ¿por qué no lo dejamos de una vez?”. Pero eso no sucedió. Acabamos haciendo Abbey Road a toda prisa y añadiendo una capa de barniz para preservar el mito.



Documento de los Beatles

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