Viernes, 20 de enero de 2017

| 2007/10/06 00:00

Porque lo digo yo

Ni siquiera el ingenio de Diane Keaton consigue darle forma a esta aparatosa comedia romántica.

Daphne (Diane Keaton) hará todo lo que pueda para conseguirle a su hija Milly (Mandy Moore) el hombre perfecto

Título original: Because I Said So.
Año de estreno: 2007.
Dirección: Michael Lehmann.
Actores: Diane Keaton, Mandy Moore, Gabriel Macht, Tom Everett Scott, Lauren Graham, Piper Perabo, Stephen Collins.

Son varias películas en una. Pero eso no es, necesariamente, una buena noticia. La verdad es que todos parecen venir de una historia diferente en esta comedia norteamericana sobre el amor desmedido de una madre por su tercera hija. Y que se le va a uno la historia pensando en por qué no se conmueve ni se ríe en aquellos momentos en que tendría que tener lágrimas en los bordes de los ojos o bordear el ataque de risa. Diane Keaton hace, una vez más, el entrañable papel de Diane Keaton, pero en esta ocasión es una mamá desesperada por casar a una hija menor que (porque es bonita, encantadora e inteligente) debería haberse casado desde el día en que la ley le dio permiso. La mamá en cuestión, Daphne, llega al extremo de conseguir un perfecto candidato para yerno: el hombre ideal. Y la hija que no sabe nada, Milly, cae en la trampa como si no fuera nada más que una típica heroína de comedia romántica.
¿Y cuál es el drama? ¿En dónde está el conflicto? Un segundo hombre tratará de conquistar a aquella soltera. Y la madre desesperada hará lo posible para que nadie se dé cuenta de que todo es un plan malévolo.

Y el director, Michael Lehmann, que alguna vez filmó películas inquietantes, se limitará a imitar esas películas sensibleras (pondrá un poco de Alguien tiene que ceder, un tanto de La fuerza del cariño, una escena de El club de las divorciadas) como un empapelador de baños que sigue las indicaciones del catálogo. Quizá sea eso lo que ocurre: que, no obstante sus buenas interpretaciones, porque lo digo yo es lo obvio, lo trajinado, lo ya visto, y ni siquiera logra que queramos verlo otra vez.

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