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| 4/28/2012 12:00:00 AM

Potiche

La nueva película del francés François Ozon parodia el pulso entre hombres y mujeres que se dio en los años setenta.

Título original: Potiche
Año de estreno: 2010 
Dirección: François Ozon
Guion: François Ozon, basado en la obra de teatro de Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy.
Actores: Catherine Deneuve, Gérard Depardieu, Fabrice Luchini.

El cineasta francés François Ozon ha hecho lo posible para no copiarse a sí mismo. Resulta increíble que el director de la violenta Gotas que caen sobre rocas calientes (2000) sea el mismo de la misteriosa Bajo la arena (2000), que el realizador de la descarada 8 mujeres (2002) haya filmado también la elusiva La piscina (2003). Resulta difícil descubrir qué tienen en común aquellas cuatro películas con esta sátira titulada Potiche (2010). Y sin embargo, si el espectador se pone en la tarea de recordar las tramas, los personajes y las estéticas de los largometrajes mencionados, pronto se dará cuenta de que las obras de Ozon tienden a narrar la batalla de una mujer para deshacerse del hombre que un día consiguió someterla.

Las mujeres de las películas de Ozon recurren a lo que sea, a lo que la suerte les haya puesto a la mano, para sobreponerse al yugo de los hombres: recurren al sexo, a la fantasía o al asesinato, y tarde o temprano se liberan. Suzanne Pujol, la protagonista de Potiche, va por la vida cargando a un marido infame que le es infiel, que la humilla por oficio y que en sus ratos libres la trata como a un mueble. Si el esposo abusador, Robert, no fuera secuestrado por los maltratados trabajadores de su propia fábrica, si un amago de infarto no lo obligara a guardar reposo durante varios meses, la cándida Suzanne no tendría que reemplazarlo en la jefatura de la empresa y jamás caería en cuenta de que tiene el destino en sus manos.

Potiche, basada en una obra de teatro escrita por Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy, sucede en 1977 en el norte de Francia. Y en 1977 el histérico discurso socialista es arrinconado por el escalofriante discurso de derecha, las esposas descubren que no tienen por qué resignarse al marido que les tocó en suerte y los hijos de pelo largo fantasean con una vida alejada del pragmatismo. Todo el mundo grita algo: "¡burgueses!", "¡comunistas!", "¡explotadores!". Y mientras tanto Suzanne, que sonríe ante todo, comienza a recobrarse a sí misma. Se acuerda de su juventud. Se acuerda del hombre que estuvo a punto de cambiarle la vida: "el rojo" Maurice Babin. Cae en cuenta de quién es ella misma. Y sale, por fin, del letargo.

Potiche tiene un primer acto muy divertido que se ríe de todos los lugares comunes de los setenta, de ese pulso entre los dos sexos que toma por sorpresa a los hombres. Es una lástima que su trama se empantane, hasta bordear el delirio, durante la última media hora. Porque su elenco hace lo mejor que puede para mantener a flote la farsa. Y porque François Ozon, a medio camino entre la sátira despiadada de Gotas que caen sobre rocas calientes y la parodia sofisticada de 8 mujeres, por fin ha dejado más que claro que todas sus películas narran el grito de independencia de una mujer. Jamás se ha copiado a sí mismo. Pero, para bien de los espectadores, no ha podido deshacerse de ese grito.
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