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| 11/8/1982 12:00:00 AM

PROMETEO CRIOLLO

Etapas múltiples y diversas en la obra de Carlos Rojas: una reconstrucción personal del arte del siglo XX.

PROMETEO CRIOLLO PROMETEO CRIOLLO
Carlos Rojas ha sido uno de los personajes más notorios en el panorama del arte en Colombia. Sus muy diversas actividades cubren la gama que va desde la enseñanza universitaria hasta la artesanal desde el diseño gráfico hastá la arquitectura y desde el dibujo hasta la escultura, pasando por la pintura y afines. Todo lo anterior calificado por una gran voluntad de verbalizar.
Como artista plástico, Rojas ha representado un poco el papel de Prometeo criollo, capaz de realizar sorprendentes giros que hacen que en su producción, las etapas cubiertas asemejen una reconstrucción, a nivel personal de la historia del arte desde los primeros años del Siglo XX hasta hoy. De esa manera ha atravesado períodos tan distantes y diversos entre sí como algunos de los que se muestran en la retrospectiva y que se mencionan a continuación:
Una etapa planista en que la búsqueda de ajustes de color se sustenta con el argumento de reconstruir imágenes de pueblos de diferentes sitios, tanto europeos como colombianos, bajo la influencia de la visión purista de los movimientos de Stijl y Hard Edge (Borde Duro).
Una etapa informalista, en que superficies ricamente texturadas sugieren, con la vaguedad de sus siluetas, la aparición de personajes y situaciones bajo la influencia del grupo Catalán y sobre todo de Antonio Tapies.
Una etapa cubista, en que la visión poética del Cubismo Sintético, según lo practicaron Braque y Juan Gris, genera elegantes composiciones de papeles pegados que aluden a naturalezas muertas y cuyo color dominante es el negro.
Una etapa expresionista que produce las llamadas "Mujeres en Faja", de las que la exposición del Colombo deja ver sólo una. Ensambladas con corsets pegados sobre lienzos y pintadas con colores violentos, estas mujeres conformaron uno de los momentos más acertados y conmovedores del artista. En ellas se pierde una considerable porción de la reserva estética, y se vuelca libre la voluntad de crear estupor en el que las ve.
Quién sabe cuál hubiera sido la trayectoria de Carlos Rojas de haberse detenido para desarrollar en profundidad el tema de la figura humana tratada con violencia y agresividad. Pero su impaciencia por probarlo todo pudo más, y pasó a otras etapas organizadas alrededor de la idea lineal y abstracta, en las que trabajó con el plano en el caso de la pintura, y con líneas y aristas rectas en el caso de la escultura.
Estos períodos posteriores son eminentemente formalistas e investigativos, y tienen una interesante conclusión en el tercer o cuarto año de la década del 70 cuando por entre las rayas horizontales de color de varios cuadros se generó un espacio profundo, no perspectivado, que impresionó considerablemente a la crítica internacional reunida en Sao Paulo con motivo de la Bienal de 1975. Estos cuadros fueron el descubrimiento de un pre-paisaje cuya gran virtud fue su notable falta de programa y la consecuente frescura y espontaneidad de su visión.
Pero tampoco este momento de gran acierto habría de durar. En vez de llevar hasta sus últimas consecuencias el descubrimiento recién anotado, la voluntad verbalizadora (el intento de historizar él mismo su propio proceso artístico, previo y posterior y de entenderlo a través de nombres o títulos autoimpuestos) se inmiscuyó en el camino de la opción natural y fluída de su buen gusto, su conocimiento y su talento, y lo llevó a intelectualizar las rayas horizontales del espacio incontenido: lo llevó a cruzar verticales sobre las horizontales para producir imágenes que cuando eran más interesantes sugerían apretados espacios de arquitecturas opresivas, y que cuando eran pobres, como lo fueron con frecuencia, sugerían el diseño de telas, o de pañuelos, simplemente.
La retrospectiva enfatiza la obra reciente del artista, en la cual, la exploración de las posibilidades cromáticas y de brillo de los pigmentos metálicos añade un material más a la larga lista que Rojas ha utilizado en su carrera. Estos sapolines dorados o plateados (de la serie: A la Búsqueda del Dorado) no son tan sorprendentes cuando uno sabe que ha pintado con materiales peregrinos como la violeta de genciana, el mercurio cromo, la tintura de yodo y los tintes de cacharrería, entre otros. Y es el de los materiales explorados por el artista, un primer renglón que falta entre los que deberían aparecer en la retrospectiva.
Tampoco han sido anotadas algunas de las etapas de su proceso, como la de los cuadros llamados "Termómetros", o varias de sus etapas de escultor. En cambio se muestran varios ejemplares recientes de esculturas, de tubos soldados de sección cuadrada, lamentablemente desarticuladas, en el piso, tiradas como si quisieran evocar la naturalidad gestual de las piezas de Anthoy Caro.
La falta de rigor en la retrospectiva de Carlos Rojas en el Colombo Americano seguramente se debe, por lo menos en parte, a la ausencia de una curaduría ajena al mismo artista quien escogió y colgó personalmente la exposición.
Cuando algún día se haga la rigurosa retrospectiva de Carlos Rojas, habrá que mostrar, aparte de dibujos, pinturas, y esculturas, muchos otros objetos hechos, o restaurados, o falsificados por él. También habrá que tener a la vista del público muchas páginas por él escritas, en las cuales, entre numerosas apreciaciones obvias aparece una que otra verdad de significación. Y es posible que aún con todo ello, y mucho más, no podamos llegar a conclusiones estrictas sobre un personaje y una obra tan extensos, confusos y variados.--
Galaor Carbonell

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