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| 12/3/2016 12:00:00 AM

¿Por qué los estudiantes colombianos no comprenden lo que leen?

Aunque mejoraron su desempeño en lectura durante la última edición de las pruebas Saber 11, esta asignatura sigue siendo una de las principales falencias del país en los exámenes internacionales.

Los resultados de la última prueba Saber 11 para calendario A –a la que muchos estudiantes aún llaman popularmente el examen del Icfes– dejaron contentos al Ministerio de Educación y al gobierno nacional. Tanto así, que el presidente Santos los presentó a finales de octubre con bombos y platillos, y dijo que eran un paso firme hacia su meta de convertir a Colombia en el país más educado de América Latina en 2025.

Y no es para menos: los estudiantes lograron superar el promedio global del año pasado en siete puntos (pasó de 250 a 257, donde 500 es el puntaje máximo) y aumentaron la calificación en todas las materias del examen. Además, avanzaron principalmente en lectura crítica (que pasó de una puntuación promedio de 49,7 en 2015 a 52,6 en 2016), la que había tenido la peor calificación el año pasado y no ha salido bien librada en exámenes internacionales.

Pero aunque el resultado muestra un repunte, los expertos siguen preocupados. Sobre todo porque este año se conoció un estudio de la Red de Lectura y Escritura en Educación Superior, liderado por la Universidad de La Sabana, en el que los estudiantes universitarios de primer año no salen bien librados. Según el análisis, en el que participaron 13 universidades colombianas, la mayoría de los primíparos llegan con falencias en comprensión de lectura, no saben escribir ensayos ni textos críticos y tienen mala ortografía.

“En Colombia leemos poco y lo hacemos muy mal. Mucho peor de lo que la gente supone”, cuenta Julián de Zubiría, director del Instituto Alberto Merani y consultor de Naciones Unidas en educación para Colombia. De hecho, según las pruebas Pisa (el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) practicadas en 2012 a estudiantes de 15 años de varios países del mundo, el 47 por ciento de los bachilleres colombianos está por debajo del nivel mínimo en la prueba de lectura. En ese mismo examen, solo 3 de cada 1.000 estudiantes alcanzaron el nivel de lectura crítica, lo que significa que muy pocos asumen una postura argumentada frente a los textos que leen.

“La lectura crítica va más allá de la comprensión: es leer con cierto grado de autonomía y de independencia. Y quien lo logra tiene criterios propios y puede discernir la información”, explica Rafael Silva, director de la Maestría en Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Icesi. Esto implica leer un texto entre líneas, captar las intenciones comunicativas, las estrategias retóricas, los argumentos empleados y tomar una posición frente a ellos.

Los expertos creen que esta falencia académica es grave y tiene implicaciones en el día a día del país. Para De Zubiría, por ejemplo, no se puede ser ciudadano del siglo XXI sin un pensamiento crítico: “Así no se puede participar en el debate político de forma correcta. Si uno no puede entender un párrafo, ¿cómo va a poder votar Sí o No en un plebiscito sobre unos acuerdos de más de 300 páginas? ¿Cómo va a diferenciar una noticia falsa de las que aparecen en Facebook de una real? Sin una población que lea críticamente no hay democracia que valga”.

Como si fuera poco, la comprensión de lectura –que se supone un paso anterior a la lectura crítica– tampoco ha salido bien librada en las pruebas internacionales. En el examen del PIRLS (Estudio Internacional del Progreso de Competencia Lectora), hecha en 2011 con estudiantes de 48 países de entre 9 y 10 años, los colombianos (3.966 niños) terminaron en un nivel bajo comparados con los participantes de otros países. Y en las mismas pruebas Pisa, un poco menos de la mitad de los jóvenes del país no captaron completas las ideas expuestas en los párrafos, sino solo algunos elementos por separado.

Cambios de fondo

Parte del problema es que el índice de lectura siempre ha sido bajo en el país. Según las cifras oficiales que publica el Dane, los colombianos leen entre 1,9 y 2,2 libros al año, mientras que en Argentina o Chile llegan a 5. Para Jael Stella Gómez, directora de literatura infantil y juvenil de Norma, los profesores tienen gran parte de la culpa. “Uno ve en los colegios que alejan a los estudiantes de la lectura en vez de acercarlos. Cuando uno no logra compenetrarse con una historia, no la va a entender ni la va a disfrutar. La literatura no se debe enseñar desde la pedagógico, sino desde la vida misma”.

Por eso, desde hace algunos años las autoridades adelantan una serie de estrategias para fomentar la lectura. El Plan Nacional de Lectura y Escritura, por ejemplo, ha repartido 5.978.525 libros que han beneficiado a más de 7 millones de estudiantes y, en paralelo, organiza maratones y tiene programas especiales con las bibliotecas escolares y las escuelas ubicadas en zonas vulnerables. Además, capacita a bibliotecarios y profesores, que son quienes impulsan a una persona a convertirse en lectora. Pero no es suficiente.

Los que conocen el tema, además, piensan que el problema está en el modelo pedagógico, por lo que una solución estructural implicaría cambiar los currículos, mejorar la formación de los docentes –muchos de los cuales ya vienen con falencias en lectura crítica– y enfocar el sistema educativo en desarrollar competencias y no en transmitir información, como funciona ahora.

El área de lenguaje, por ejemplo, se enfoca en enseñar gramática, ortografía y conjugaciones verbales, y aunque son temas importantes, no le dedican suficiente tiempo a desarrollar competencias en lectura. “Este tema no debería depender solo del profesor de español, sino que debería ser transversal a todas las materias: matemáticas, sociales e incluso educación física. Hay que poner a los estudiantes a leer, a comprender lo que leen y a interpretar críticamente los textos”, asegura De Zubiría.

El ministerio, por su parte, dice que según la Ley General de Educación cada establecimiento educativo debe definir los enfoques, modelos y metodologías pedagógicas: “El ministerio brinda lineamientos y orientaciones en el marco de los referentes curriculares para promover habilidades en lectura crítica que deberán ser contextualizadas por las instituciones educativas”, explicó en un documento enviado a SEMANA. Para eso, están fortaleciendo las herramientas curriculares y en 2015 publicaron un documento con instrucciones pedagógicas para cada materia, que, en el caso de lectura crítica, permite a los profesores diseñar rutas de enseñanza grado a grado.

Y aunque aún hace falta mejorar mucho, la última versión de la Saber 11 hace pensar que los esfuerzos están comenzando a dar frutos. La prueba de fuego para comprobarlo llegará cuando se den a conocer los resultados de la última versión de los test Pisa, que 13.459 estudiantes tomaron en mayo del año pasado. Por ahora, la comprensión de lectura en Colombia sigue en cuidados críticos. 

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