Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Psicomagia: actos que curan

En una larga entrevista, Alejandro Jodorowsky, explica en qué consiste esta disciplina curativa

Alejandro Jodorowsky, chileno de origen ruso, es también actor, novelista y director de cine.

Alejandro Jodorowsky
Psicomagia
Siruela, 2004
358 páginas.
La Psicomagia podría definirse como una disciplina artística terapéutica. Creada por Alejandro Jodorowsky, es una combinación de antiguas y eficaces formas de curación relacionadas con la magia, innovadoras teorías sicológicas del inconsciente y técnicas del arte de vanguardia como los happenings, las instalaciones y los performances. "La psicomagia viene a recobrar un dominio perdido: la colaboración estrecha entre la terapia y el arte".

Mucha gente se ha beneficiado de su acción curativa. Entonces, es mejor dar un ejemplo sencillo de cómo funciona, de cómo es un acto psicomágico. Jodorowsky recibe la visita de una mujer que tiene un hijo homosexual. Ella no ha podido aceptar que su hijo sea diferente. Aunque lo quiere, siente una profunda vergüenza. El hijo quiere ser pianista y cada vez que se presenta a un examen o da un concierto, su madre entra en pánico de que le vaya a ir mal. El muchacho lo nota y eso lo afecta a tal punto que siempre fracasa. Jodorowsky comprende que la carrera de pianista representa para esa mujer una actividad afeminada y le prescribe el siguiente ejercicio: fabricar una figura a imagen y semejanza de su hijo y ponerle trocitos de uñas, cabellos y retales de ropa del muchacho, "a fin de que el objeto esté realmente impregnado de su energía". Siguiendo sus instrucciones, la mujer pega un Luis de oro debajo de cada pie y vierte una gota de oro sobre cada uno de los chakras o centros vitales del cuerpo. Después, rocía la figura con agua bendita, la coloca al lado de un piano que tiene las teclas untadas de miel -símbolo de la dulzura y la suavidad-, deja en la habitación una vela encendida y reza allí una hora cada día por el éxito de su hijo. "El concierto siguiente fue un éxito, y las relaciones entre madre e hijo cambiaron positivamente": ¡Psicomagia!

Inspirado en las prácticas de magia negra comunes en México, en los brujos que hacen maleficios confeccionando figuritas con la efigie de la víctima y le clavan alfileres, Jodorowsky decide invertir el proceso: "Si se puede hacer el mal a distancia, ¿por qué no he de hacer el bien?". De hecho, él no cobra por su terapia, sólo pide a sus pacientes que le envíen una carta dando fe de su mejoría. "Al realizar el esfuerzo de escribirme extensamente, la persona paga un precio que yo percibo". En el libro hay varios testimonios de curación y agradecimiento.

La psicomagia, a diferencia de la sicología, no considera suficiente ser consciente de una situación problemática para resolverla. Para superar una dificultad no basta con identificarla claramente. "Una toma de conciencia que no es seguida de un acto resulta completamente estéril". La idea es que la persona actúe su drama y de esa manera se cure. Se busca hablarle al inconsciente y presionarlo con su mismo lenguaje simbólico. Cada vez que Jodorowsky da un consejo psicomágico, está convencido de que se trata de la respuesta apropiada para el problema de esa persona.

Psicomagia, el libro, contiene, en su primera parte, una larga conversación de Jodorowsky y Pilles Farcet realizada entre 1989 y 1993. Por cierto, Farcet no traga entero y muchas veces lo coloca contra las cuerdas con agudas preguntas. La segunda parte, trae otra entrevista, más reciente, con Javier Esteban. Y, complementariamente, un texto de Jodorowsky sobre creatividad y crecimiento personal y los ya mencionados testimonios de los pacientes curados.

Alejandro Jodorowsky ha hecho teatro, novelas, cómics y cine. También lee el tarot en una librería de París y da conferencias muy concurridas sobre temas terapéuticos en el Cabaret Místico. No es un borracho ni un charlatán. Quienes lo conocen dicen que es un personaje alta y definitivamente "pánico", cuyo trato introduce fisuras en el orden de nuestro universo. Leer este libro, con sus increíbles anécdotas y sus lúcidas argumentaciones, es confirmar que no exageran. Así es: contra todo escepticismo su lectura consigue perturbarnos. Y dejarnos una que otra fisura.

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