Domingo, 19 de febrero de 2017

| 1997/08/04 00:00

¡QU VIVA LA OPERA!

Con la participación del barítono español Juan Pons y la soprano chilena Verónica Villarroel como estrellas internacionales, comienza este mes en Bogotá la VII Temporada de Opera .

¡QU VIVA LA OPERA!

Por séptima vez consecutiva desde que naciera en 1990 la segunda etapa de la Opera de Colombia en cabeza de su actual directora, Gloria Zea, el Teatro Colón, de Bogotá, vuelve a engalanarse con la presencia de notables figuras de la lírica mundial para la temporada que dará inicio el próximo 22 de julio y se extenderá hasta el 14 de septiembre en un evento que ya hace parte de la tradición cultural capitalina.
Las estrellas
Además de la habitual jornada Viva la ópera, que reúne en un sólo recital sobresalientes pasajes del repertorio lírico mundial, esta temporada trae dos de los más populares y conocidos títulos: Tosca , de Puccini, y Trovador, de Verdi. La gran novedad, sin embargo, corre por cuenta de sus protagonistas. Se trata de dos figuras de renombre internacional: la soprano chilena Verónica Villarroel y el barítono español Juan Pons.
Para la afición el nombre de Juan Pons es sinónimo de grandes noches en la primera etapa de la Opera de Colombia, cuando Gloria Zea ocupaba la dirección de Colcultura y aquel apenas iniciaba su carrera internacional, a punto que cantó su primera Tosca en la temporada del 80 (ver recuadro). Entonces apenas se presumía que se convertiría en uno de los más intensos intérpretes de la actualidad. Villarroel, que en los últimos años ha conseguido cimentar un importante prestigio como soprano-lírico en la Metropolitan Opera de Nueva York, debuta en Bogotá enfrentando por primera vez en su carrera el papel de Leonora en Trovador, uno de los más intensos y comprometidos personajes de la ópera verdiana para soprano-spinto.
Pons y Villarroel son la explicación de los títulos escogidos: "Juan Pons quería cantar la Tosca en Bogotá y Verónica Villarroel -que se encuentra en el mejor momento de su carrera- quería debutar Trovador", comenta Gloria Zea.
Si bien es cierto que Pons y Villarroel constituyen una garantía artística sobre el escenario, también lo es el hecho de que ambos han sido el detonante de una polémica que trasciende más allá de los resultados que puedan lograrse en una buena noche de ópera.
Para muchos los grandes marginados han sido los artistas nacionales, pues al fin y al cabo todo se ha diseñado en función de las estrellas internacionales. A la hora del balance la dirección musical y escénica, el diseño escenográfico, de vestuario y luces y todos los roles protagonistas -con excepción de Marta Senn- están encargados a figuras extranjeras. Esto, en un medio tan susceptible como el lírico, ha causado más de una controversia.
Para Fernando Toledo, vinculado a la empresa desde la década del 70 y hasta el año pasado miembro de su junta directiva, "cuando se fundó la Nueva Opera se hizo bajo el presupuesto de crear un nuevo escenario para los cantantes colombianos. De hecho, su origen mismo fue un grupo de cantantes que no encontraba espacio para expresar su profesión. Así, de ninguna manera puedo estar de acuerdo con una temporada donde la dominante sea la importación".
La crítica musical María Teresa del Castillo, refiriéndose a la selección de los títulos, manifestó: "Si no había colombianos para determinados títulos, lo obvio era cambiarlos; magnífico escuchar a Pons, pero también magnífico escuchar las voces colombianas que están en el exterior". Coincide con ella el también crítico y musicólogo Hernando Caro Mendoza: "¿Por qué no se escogen óperas donde nuestros talentos puedan trabajar?".
Para acallar esta lluvia de críticas Gloria Zea tiene su propia respuesta: "En primer lugar las voces colombianas más importantes en este momento, el tenor Juan José Lopera y la soprano Juanita Lascarro, no podían venir durante esta época. La otra voz importante, Marta Senn, será Azucena en Trovador, vocalmente muy en las condiciones de su actual registro. También estará, compartiendo el mismo título, Juan Carlos Mera. Todos los roles comprimarios serán cantados por colombianos, así que pienso que podemos hablar de una mezcla muy acertada".
Algunos observadores consideran, no obstante, que faltó analizar más a fondo el panorama de intérpretes colombianos, que incluye nombres fogueados como los tenores Ernesto Grisales y Manuel Contreras o la soprano Zorayda Salazar, para no traer a colación el de la soprano Marina Tafur, aparentemente jubilada de antemano, o la mezzosoprano Sofía Salazar. Sin embargo todas estas especulaciones solo hacen parte del preámbulo de una temporada que ha generado una particular atención entre entendidos y aficionados.
Marta Senn: la cuota colombiana
Aparte de la participación de las estrellas internacionales la actuación de la mezzosoprano Marta Senn, quien debutará Azucena del Trovador, ha suscitado todas las expectativas imaginables, pues luego de una carrera consagrada íntegramente a roles de mezzosoprano-lírico afronta uno de la cuerda dramática.
Su decisión, artísticamente hablando, es la más arriesgada de toda su carrera. "Se trata de un papel pesadísimo, así nuestro público no sea muy dado a observar ciertas sutilezas", comenta Caro Mendoza. Mientras Fernando Toledo manifestó: "No me resulta claro que habiendo tantos títulos de la ópera francesa, con los que Marta ha triunfado en el exterior, los colombianos no tengamos acceso a verla, en su país, con alguno de sus grandes éxitos".
Lo cierto del asunto es que se trata de la temporada que más polémica ha provocado antes de su inauguración. Hay fracciones de la afición que sencillamente adoran los llamados títulos populares, como Tosca y Trovador, en voces de cartel internacional, como Pons y Villarroel. Otra fracción prefiere más oportunidades al talento nacional para que la inversión trascienda más allá de los estrechos límites de un escenario que, como el Colón, alberga menos de un millar de espectadores cada noche. Otros quieren alguna novedad y no carecen de fundamento, pues como argumentó Toledo, "en el pasado los más grandes éxitos -artísticos y de taquilla- fueron las novedades: Turandot, Fidelio, Fausto...".
Con estos antecedentes la temporada 97 promete ser una de las más movidas de los últimos años. No en vano la afición operística es tan apasionada y delirante como la taurina, que vibra de igual manera con las dos orejas y salida en hombros por la puerta grande, que con la cornada, o por lo menos con un poquito de polémica que los aficionados se encargan de ampliar a su antojo. Esta temporada ofrece todos esos ingredientes: estrellas extranjeras, artistas nacionales marginados, títulos archiconocidos, dos divas -Villarroel y Senn- que han escogido la plaza para un importante cambio de tercio en su carrera, y una buena lista de técnicos y cantantes preparados para debutar en un medio que se puede tornar adverso o suscitar los más grandes aplausos. Es apenas obvio que la plaza se llene hasta las banderas.
Juan Pons: una estrella hecha en Bogotá
Quien mejor recuerda el primer nexo de Juan Pons con Colombia, en 1977, es Alberto Upegui, quien entonces se desempeñaba como director artístico de la Opera de Colombia. Ese año, cuando terminó la temporada, viajó a Europa para escuchar voces jóvenes que estuvieran iniciando su carrera y se interesaran en hacer 'tablas' con honorarios reducidos. En la Casa Caballé, en Barcelona, mientras escuchaba las audiciones se le acercó Pons, quien a pesar de no haber sido invitado le pidió que lo escuchara. "Nunca entendí por qué no fue incluido en la audición, comenta Upegui. Lo contraté y debutó en la III temporada, al año siguiente".
Fue en Bogotá donde Pons enfrentó los primeros papeles protagonistas de su carrera, alternando con Garbis Boyagian, favorito de la afición. Sin embargo el público pudo apreciar sus condiciones excepcionales, al punto que se convirtió en una de las estrellas favoritas y era cosa sabida que tras sus actuaciones el escenario del Colón terminaba todas las noches inundado de flores. Carlos Caballé, encargado de la Casa Caballé, vio la mina de oro de su joven barítono y se dio a la tarea de promocionarlo internacionalmente hasta llegar a salas como la Scala de Milán y la Metropolitan de Nueva York.
Para 1982 su agenda resultaba tan apretada que apenas cantó dos de las cuatro funciones de Tosca, de Puccini, porque en lo sucesivo fue imposible contar más con su presencia hasta 1995, cuando regresó al país para un concierto en el Teatro Colón con la soprano húngara Ilona Tokody. La ocasión fue aprovechada para concretar su participación este año como Scarpia en Tosca, un papel que por primera vez cantó en la temporada de 1980 de la Opera de Colombia.

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