Lunes, 16 de enero de 2017

| 2008/11/08 00:00

Quantum of Solace

La reinvención de la saga de James Bond trae otra compleja, realista y desigual película de acción. **1/2 (aceptable)

Bond (Daniel Craig) trata de reponerse de la muerte de aquella espía doble, Vesper, de la que estaba enamorado

Título original: Quantum of Solace.

Año de estreno: 2008.

Dirección: Marc Forster.

Actores: Daniel Craig, Olga Kurylenko, Mathieu Amalric, Judi Dench, Giancarlo Giannini, Gemma Arterton, Jeffrey Wright.

Desde la pasada película de James Bond, Casino Royale (2006), quedaba más que claro que la idea de los productores de siempre era darles a las aventuras del agente 007 (una serie que completa ya 22 largometrajes) ese tono serio, realista, trascendental, que se ha estado poniendo de moda en el cine de acción de estos últimos años: el enfoque descreído de los thrillers protagonizados por el espía Jason Bourne; la mirada fatalista de las nuevas versiones de Batman; las pinceladas sicoanalíticas que convierten a Spiderman, en teoría, en algo más que un divertimento. Para quienes no la recuerden del todo, para quienes no la vieron, Casino Royale mostraba a Bond antes de ser el mujeriego elegante, cínico e intrépido que dice la frase exacta en el momento preciso: hacía todo lo posible, desde torturarlo hasta enamorarlo, para probar que el mito era un hombre como cualquiera.

Quantum of Solace, la nueva entrega de las aventuras, continúa la historia de aquel hombre ordinario. Bond ha aprendido, de la peor manera, que no es posible llevar una vida normal si se está "al servicio secreto de su majestad". Y, empeñado en hacer sufrir a los mercenarios que le quitaron todo en el episodio anterior, de viaje por ciudades de Italia, Haití, Inglaterra, Austria y Bolivia, se ve obligado a comprender que el mundo es gobernado por empresarios inescrupulosos, que no es personal nada de lo que sucede en el universo de los espías, que los únicos ideales que quedan son la venganza y la supervivencia. El planeta oscuro por el que se mueve no es, mejor dicho, el que recorrieron los memorables Bond interpretados por Sean Connery, Roger Moore y Pierce Brosnan. Ya no hay humor. Ya no hay héroes ni villanos. Ya no hay nadie en quién confiar. La época ha derrotado a los superhéroes. Y ahora se despeinan, sangran y sufren deslices morales. Pensándolo bien, lo más práctico sería inventarse otros.

Quantum of Solace es una serie de secuencias vertiginosas de acción, una angustiosa trama que se reduce, en últimas, a una persecución, y ese curioso empeño, más bien ridículo, de mostrar que el 007 en el fondo es una persona como usted o como yo. El actor Daniel Craig, que todavía tiene más actitud de villano de la serie que de Bond, cumple con su parte: sigue interpretando a una afligida máquina asesina porque aún no le piden que sea aquel espía refinado e ingenioso. El director Marc Forster tampoco tiene la culpa: se pone al servicio del guión como un buen profesional. Así que el gran problema es de concepción: el realismo al que le apuesta todo presiona al espectador a exigir más verosimilitud de la cuenta, a exigir que Bolivia parezca Bolivia, a reclamar que los hombres no sobrevivan a caídas desde octavos pisos. Y entonces, ante esa audiencia que requiere más y más, la película se convierte en una decepcionante mezcla de hallazgos y ridiculeces.
 

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