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| 10/21/2006 12:00:00 AM

¿Qué está pasando en Hollywood?

La más grande industria del cine mundial se prepara para enfrentar una nueva era marcada por Internet, el video y los bajos presupuestos.

Cada vez es más difícil refutar la frase "no hay nada bueno en cartelera". Tiene razón la gente que se queja de la bajísima calidad de las producciones que han llegado a Colombia en estos últimos meses (habría que decir "a Bogotá", por supuesto, porque las demás ciudades parecen pueblos olvidados por el cine) y está en lo cierto el espectador que sospecha que algo muy extraño está sucediendo en el Hollywood de estos años. La verdad es que desde la temporada de las nominadas al Oscar, en la que se presentaron largometrajes tan valiosos como Munich, Crash, Capote, Secreto en la montaña, Johnny y June y Orgullo y prejuicio, se han estrenado muy pocas películas que valgan lo que vale la boleta. Se pueden contar con los dedos de las manos. Y cuando se revisa la lista, V de Venganza, El plan perfecto, Cars, El niño, Los edukadores, Match Point y Vuelo 93, es fácil notar que sólo tres han sido realizadas por la industria cinematográfica más grande del mundo.

Los más descreídos dirán que nada bueno se debe esperar de Hollywood. Pero tendrán que reconocer, con los cinéfilos entregados a los grandes cineastas estadounidenses, que la historia del cine está llena de emocionantes, efectivas e inteligentes películas norteamericanas. Y al final estarán de acuerdo con la siguiente idea: aun cuando, comparado con los decepcionantes 2001, 2002, 2003 y 2005, el 2006 ha sido un buen año desde el punto de vista comercial, una especie de renacer de la industria gringa liderado por los rotundos éxitos de taquilla de La era del hielo 2, El código Da Vinci y la segunda parte de Piratas del Caribe (que han producido, entre las tres, 2.500 millones de dólares en el mundo), resulta innegable que en los últimos 10 meses los grandes estudios han estrenado muy pocas obras que han llenado las expectativas. Nadie ha pretendido que lluevan obras maestras. Simplemente, que aparezcan divertimentos bien escritos, bien interpretados, bien filmados.

Es cierto que Hollywood parece agotado de tanto en tanto. Y que siempre, cuando más de un analista decreta su muerte, sorprende con la producción de relatos memorables. Pero esta vez, ante la proliferación de largometrajes animados (La era del hielo, Vida salvaje, Roja caperuza, Cars, Vecinos invasores, Jorge el curioso, Las aventuras de Lucas), de nuevas versiones de clásicos (Superman regresa, La pantera rosa, Poseidón, La profecía, Un papá con pocas pulgas), de continuaciones innecesarias (Scary Movie 4, Bajos instintos 2), de comedias baratas (Chiquito pero peligroso, Click) y de largometrajes de terror desechables (Cuando un extraño llama, Las colinas tienen ojos), ante la propagación de obras mediocres, la falta de ideas de la industria ha pasado de ser un rumor a ser una realidad innegable. Todo parece indicar que ahora sí se ha terminado una época. El cine gringo seguirá existiendo tal y como ha existido desde hace 110 años: no cabe duda. Pero el negocio tendrá que ser replanteado.

Decía el cineasta George Lucas, en una entrevista que concedió a Business Week la semana pasada, que "con el descenso en las ventas de los 'DVD' y el aumento de alternativas de entretenimiento, es improbable que se vuelvan a filmar películas de 100 millones de dólares". Lo que significa, para comenzar, que las superestrellas de estos últimos 20 años, devastadas por el paso del tiempo, "puestas en su lugar" por medios de comunicación que pertenecen a las mismas multinacionales que poseen la mayoría de los grandes estudios (se habla del enloquecido Tom Cruise, del refundido Jim Carrey, del antisemita Mel Gibson), jamás volverán a alcanzar esos inverosímiles salarios de 25 millones de dólares: sus presencias, como ha quedado comprobado en estos tiempos, no garantizan ya el éxito comercial de un largometraje. "La gente seguirá produciendo las historias que le interesen con los actores que le interesen, decía Lucas, es sólo que, en la era del video digital, de Internet, de la democratización de las cámaras, ya no podrán costar lo que costaban".

Por supuesto: Hollywood repetirá, hasta que se agoten, fórmulas que la gente no sólo conoce de memoria sino que (esto jamás deja de sorprender) está dispuesta a ver una y otra vez. Pero, como ha prometido la Paramount, bajará los costos de cada producción. Y, como ha anunciado la Walt Disney, bajará lo más que pueda el número de producciones por año. Les sacará el jugo a negocios como la descarga de largometrajes por Internet. Y, liberado de la tiranía de los actores taquilleros, dejará que los artistas de siempre produzcan esos pequeños relatos que se logran vender en las temporadas de los premios. Los emblemáticos Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y George Lucas, fundadores de lo que los historiadores del cine han llamado "el nuevo Hollywood", han anunciado que, desde ahora, sólo filmarán las obras de bajísimos presupuestos que los dieron a conocer en los años 70. El inclasificable David Lynch ha confesado, en la página web en la que estrena sus cortometrajes más extraños, que desde ahora grabará sus historias oníricas con una camarita de video.

Se espera que, a finales de este árido 2006, las nuevas películas de Clint Eastwood (Banderas de nuestros padres), Robert de Niro (El buen pastor), Steven Soderbergh (El alemán bueno), Edward Zwick (Diamante sangriento), Bill Condon (Dreamgirls) y Sofia Coppola (María Antonieta) empiecen a salvar la honra de una industria que ha sabido prolongar su decadencia. Que ha seguido existiendo, a pesar de la televisión, a pesar de los nuevos medios, porque siempre ha encontrado la forma de ser necesaria.
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