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| 5/11/2010 12:00:00 AM

¿Qué hace tan especial al museo Tate Modern?

La galería de arte moderno más popular del mundo cumple diez años. Más de 45 millones de personas han visitado sus exhibiciones y el peculiar edificio donde se aloja.

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BBC
 
 
En estos diez años los trabajos de los grandes "clásicos" contemporáneos han llenado sus galerías de público: Henri Matisse, Pablo Picasso, Andy Warhol, Mark Rothko, Wassily Kandinsky... pero también artistas no tan asentados en el conocimiento popular, parte de los enfants terribles del sistema artístico británico: Demian Hirst, Tim Creed, Bill Viola, Tracey Emin han dejado su impronta descarada y no exenta de polémica.

Y no ha faltado una buena representación del arte latinoamericano y español, que permitió a los visitantes adentrarse en el mundo rojo de Cildo Meireles, sentir el desgarrador grito de auxilio en forma de una grieta en el suelo del Shibboleth de Doris Salcedo o penetrar en el claustrofóbico juego de sombras y perspectivas de Juan Muñoz.

Por fuera...

Cinco millones de visitas al año es una cifra inusitada para un espacio dedicado al arte contemporáneo.

El éxito de la Tate Modern parte del atractivo de una estación de electricidad reconvertida en un espacio destinado a propulsar el arte.

Su chimenea de más de 35 metros forma una línea paralela con la magnífica catedral de Saint Paul y dibuja un conexión del otro lado que permite el futurista puente del milenio diseñado por el famoso Norman Foster.

El emplazamiento de la Tate y su vida ha permitido regenerar la otrora deprimida zona del South Bank y convertirla en una de las zonas más vibrantes de la capital.

...y por dentro

La experiencia para el visitante recuerda a la que se experimenta al entrar en una catedral: la combinación de altísimos techos y luces bajas que cortan la respiración y que llevan a preguntarse si la obra misma no la constituye el espacio arquitectónico donde ésta tiene lugar.

A la hora de evaluar el éxito de la galería, hay dos palabras que se repiten en la boca de artistas, crítica y público. Las exposiciones de la Turbine Hall: 155 metros de largo, 23 de ancho y 35 de alto.

Para el artista belga asentado en México Francis Alaÿs, en la Sala de Turbinas "es muy difícil disociar el arte del propio espacio".

Son 6.000 metros cuadrados de un total de los 11.700 disponibles en toda la galería, destinados a una firma invitada, a un artista que tiene la misión de transformar ese espacio.

Convertirlo en un gran sol, como hizo Olafur Eliasson en el 2004, al regalar a Londres por unos meses la ilusión de tener lo que más le falta.

Louise Bourgeois, en cambio, albergó una araña monumental. Para Anish Kapoor era el lugar perfecto para una gigantesca e irregular trompeta, que se desplegaba magistralmente desde el techo.

Las obras son parte de la Serie Unilever, una comisión anual para ese espacio.

Claves del éxito

Miguel López-Remiro, subdirector de curatorial y documentación del Museo Guggenheim de Bilbao, l dijo a BBC Mundo que precisamente ésta es una las claves del éxito.

"Yo destacaría la serie Unilever que ha marcado una época y un hito en la museografría contemporánea, dedicar un espacio tan sumamente grande a exposiciones individuales o comisiones a artistas de talla internacional, a una comisión temporal, es algo especial".

Una especie de marca de la casa.

Pero son muchas más las causas que explican el éxito de la Tate.

La libertad de sus espacios, que hacen que el visitante se sienta como en su casa, que acuda repetidamente, que vuelva a integrarse o interactuar con las obras de arte, que aprenda que el arte moderno no siempre es pasivo sino que su propia experiencia se convierte en arte.

Plaza pública

"La Tate es una gran referencia del arte contemporáneo. Se produce en una época en la que es muy importante el contacto directo con la obra de arte, la pieza de teatro, o la pelicula de cine. Hay más información disponible desde cualquier parte del mundo con internet que también hace que se quiera una mayor interactividad con la obra, una presencia y contacto real", le dijo a BBC Mundo López-Remiro, del Guggenheim de Bilbao.

Para el artista Francis Alÿs "es sorprendente que la Tate ha conseguido crear un espacio para la distribución de información, una plataforma pública que es a la vez un espacio donde la gente se reúne. Es como si un efecto inesperado de su arquitectura hubiera ayudado a crear un espacio que sustituye a la función que cumple la plaza pública en otros lugares".

Y por supuesto la elección de sus artistas. Una colección permanente que trata de conseguir el balance entre reflejar la obra de los artistas consagrados y los que todavía están vivos y que se encuentran transformando el arte en este momento.

En conversación con BBC Mundo, Alÿs puso voz a un pensamiento esgrimido por muchos otros: "la Tate ha hecho el arte mucho más accesible a un público mucho más amplio y ha cambiado el concepto, lo ha vuelto cabeza abajo, de que el arte moderno es algo que sólo interesa a una élite"

Todo esto ha convertido a la antigua estación de electricidad en una de las fuerzas energéticas que impulsan el motor de la cultura.
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