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| 4/3/1989 12:00:00 AM

¡Qué monada!

La historia de Diane Fossey y su lucha por salvar los gorilas, son la base de "Gorilas en la niebla", una de las películas del año.

Para algunos, era una loca que había perdido todo contacto con la realidad por estar viviendo durante tantos años con los gorilas de Rwanda. Para otros, una mujer egoísta que sólo pensaba en su trabajo, que amargó la vida de los nativos de esa zona, que les quemó chozas y plantaciones para defender sus animales y se convirtió en objeto de burla cuando llegaba a las oficinas públicas a implorar por los gorilas cazados para ser vendidos a los zoológicos europeos. Unos la adoraban y respetaban. Otros la odiaban y se burlaban de su apariencia extravagante, sucia y preocupada sólo por la suerte de un bebé gorila que acababa de ser secuestrado. Hasta diciembre de 1985 cuando amaneció muerta en la casa modesta que había construído junto a los nidos de sus gorilas. Nadie supo quién la mató y las autoridades se conformaron con un juicio ridículo y la construcción de una tumba, en el corazón de la selva.
Se llamaba Diane Fossey y su libro, "Gorilas en la niebla" (se consigue en castellano editado por Salvat), se lee como una novela de aventuras porque reconstruye todo ese proceso que tuvo que atravesar, desde su llegada impaciente y tímida a un país que desconocia, hasta la consagración internacional al convertirse en la primera autoridad en un campo científico que hasta entonces se alimentaba sólo con especulaciones y rumores. Diane Fossey con sus fotografías, sus películas sus artículos, sus entrevistas, sus declaraciones rabiosas, sus campañas que despertaron eco en organismos como las Naciones Unidas, era una figura familiar de revistas como National Geographic, Time y Life en la cuales, denunciaba con dolor el espantoso crimen que se estaba cometiendo con la complicidad de las autoridades del Congo, crimen que tenía al borde de la extinción la especie de los gorilas.
Aparentemente, un tema como este no debía interesar a Hollywood. Sin embargo, el productor Arnold Glimcher, quien preparaba una película, sobre los gorilas con la misma Fossey cuando fue asesinada, se sorprendió al descubrir que, paralelamente, Peter Gruber y Jon Peters, otros productores importantes, también trabajaban en un proyecto similar y entonces, como excepción al clima de competencia y egoísmo que distingue a Hollywood, se unieron dos grandes estudios como Columbia y Warner para lograr "Gorilas en la niebla", la película que ahora aspira a cinco Oscares de la Academia (incluyendo el de mejor actriz para Sigourney Weaver, mejor adaptación no original, mejor edición, mejor música para Maurice Jarre y mejor sonido), y se ha convertido en todo un símbolo para los millones de ecologistas que pelean en el mundo para defender los bosques, los ríos, las lagunas y los animales amenazados.
El lenguaje de la película juega con todo el proceso de aprendizaje y adaptación de la protagonista al nuevo mundo que estaba descubriendo. La forma como se acerca a los nidos de los gorilas, como repite sus gestos, como come tallos y hierbas, como emite gruñidos, como graba los ruidos de los animales y luego los descifra en la soledad de su cabaña, como se convierte en otro gorila y va clasificando la información que recoge para enviarla a la National Geographic y asombrar al mundo con sus descubrimientos, todo esto contado sin prisa, con una fotografía que revela todos los tonos de la selva, todos los sonidos, todos los roces, todos los movimientos mientras el espectador a diferencia de otras películas de la selva, no se siente en un circo ni participe de una comedia sino sumergido en un drama que va adquiriendo los tonos de la demencia absoluta.
Es que Fossey, es decir Sigourney Weaver (ella confiesa que llegó a sentirse tan poseída por el personaje que al regresar a Nueva York tuvo que ir muchas veces al zoológico, a buscar los gorilas y estar junto a ellos para sentirse más tranquila), se va volviendo una mujer ruda, desconfiada, capaz de golpear y destruír para defender sus gorilas, que se sentía impotente ante la corrupción de los funcionarios que aceptaban toda clase de sobornos de los exportadores de animales, capaz de permitir que el cuerpo y el corazón se le secaran porque prefería la compañía de sus amigos peludos.
Michael Apted, el director, ha conseguido una película que le cambia al espectador muchos conceptos sobre la naturaleza. Si antes pensaba que en el mundo, lo más importante está en los seres humanos, ahora tiene que inclinarse hacia los animales, especialmente los que están en vías de extinción y ese espectador, tiene que ser así, siente un estremecimiento leve cuando comprueba que los árboles, los ríos, los nativos mismos son los que vivían con Diane Fossey y que sólo falta ésta para que la película se convierta en uno de sus documentales, esos que enviaba a Estados Unidos y Europa y eran pasados después de la cena por televisión, mostrando cómo los descomunales gorilas le pasaban las manos a la mujer por el pelo y cómo ella se sentía tranquila y feliz en medio de un grupo de animales que a la mañana siguiente estaría diezmado, sólo para que unos niños rubios en Colonia o París pudieran conocer los gorilas detrás de una jaula.
"Gorilas en la niebla" es una película sorprendente, no es la clásica aventura de la selva, no es un Tarzán con faldas, ni siquiera escamotea el desenlace. Es una mirada tierna, afectuosa y solidaria con quienes piensan que los animales son tan importantes y necesarios como el hombre.
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