Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/04/29 00:00

¿QUE SERA LO QUE QUIERE EL GORDO?

Lo que tiene, se lo quita el director en su ultima película: "Bonaparte, investigador privado" .

¿QUE SERA LO QUE QUIERE EL GORDO?

Dentro de los moldes que se suelen utilizar para encajonar las películas -y en especial las colombianas- se han fraguado los de "benjumeísmo" y "comedieta", que se aplican automáticamente a todas las obras en que actúa el gordo Benjumea. Son términos descalificativos por supuesto, con los cuales se está diciendo al mismo tiempo que es innecesario analizar este tipo de cine, que no vale la pena gastarle un minuto de tiempo, que sobran los argumentos. Parece tan evidente...

EL PERSONAJE
La acogida popular de los personajes creados por el Gordo es enorme. Aunque ha tenido varios libretistas y directores en todas las películas conserva algunas características que pueden ayudar a explicar el éxito. Es el personaje bonachón, ingenuo, que sueña (tener un táxi nuevo, ser un gran músico, llamarle la atención a la vedette, tener una aventura sentimental en Cali). En "Bonaparte, investigador privado" sueña con ser detective y luchar con bandas de maleantes parecidas a las que ve en los comics, cuya lectura le apasiona.
Siempre es un personaje incrustado en lo más rutinario de lo cotidiano (camionero, taxista, desempleado) y en una familia llena de necesidades. Bonaparte es cocinero, tiene una novia muy poco atractiva y una familia de hermanos, padres, abuelos y creo que hasta bisabuelos a cual más de insípidos. Y, como siempre, quiere salirse de esa rutina. Querer que no es algo calculado, es una fuerza espontánea que lo impulsa a encontrar un refugio en su sueño: luchar contra la banda del Pez Dorado.
La diferencia con la realidad está en que al personaje del Gordo se le cumplen los sueños. Una herencia completamente imprevista, la aparición de un gringo borrachín y drogadicto o de una joven mística o de una niña fugitiva de su casa le permiten salir de lo cotidiano y entrar al mundo del suspenso y la aventura, en el cual tiene que desplegar todo su ingenio y recibir el apoyo de la buena suerte. Porque el Gordo vence al poder y a la superioridad numérica de sus enemigos con ingenio y con una buena dosis de suerte. Pero lo importante es que le suceden cosas extrañas, que vive todas las aventuras que añoraba en su vida cotidiana. Parte de sus tácticas vencedoras son los disfraces. Así lo hemos visto disfrazado de monja, de director de orquesta, de bailarina y, en Bonaparte, de todo esto y mucho más.

EL ATRACTIVO DEL GORDO
¿Por qué gusta tanto ese personaje y sus películas? Quizá la explicación más fácil es que son películas que provocan en el espectador el reconocimiento del propio deseo de romper la cotidianidad y de sentirse partícipe de acciones extraordinarias. Tal explicación presupone que existe un sentimiento de imposibilidad de participar activamente en la realidad política del país, imposibilidad que el espectador compensa construyendo un mundo imaginario en el cual se es protagonista de aventuras maravillosas.
Escudriñando más en el reconocimiento que puede hacer el público de su mundo interior en estas películas, se puede proponer la existencia de una convicción: que la única forma de salir de la rutina cotidiana es -como le sucede al Gordo en los argumentos- por medio de un acontecimiento extraordinario, una herencia, un encuentro casual importante, una equivocación afortunada. O sea que los cauces normales no garantizan en ningún momento la oportunidad de cumplir las ilusiones más normales de la vida. Yo creo que hay mucho de esto en la pasión que provocan las películas del gordo Benjumea. Creo además que esta pasión expresa un rechazo o, al menos, una incredulidad, en la eficiencia del orden lógico que parece regir nuestra sociedad. Si se quiere es una respuesta a esas películas que giran alrededor de la voluntad como motor único del triunfo y del logro de las aspiraciones. La respuesta a películas como "Padre e hijo". Un rechazo al que sea la lógica del esfuerzo y de las oportunidades la que rige la realidad de la vida.
Todo esto es importante. Sin embargo el mecanismo de reconocimiento no se desencadenaría en el espectador si faltaran los elementos que cumplen la función de detonantes. Porque no toda película que proponga el tema de lo cotidiano, como limitación de la participación y como rutina que reduce las posibilidades creativas, tiene el mismo éxito. Se necesita la presencia del Gordo, no por sí mismo o porque sea un excelente actor, que lo es, sino por la exuberancia de los gestos, que llegan a la exageración -si los juzgamos según un gusto cultivado-, lo mismo que de las circunstancias que vive. Se necesita la presencia de situaciones convencionales (si está disfrazado de mujer un hombre se tiene que enamorar de "ella", si se desespera tiene que botar y romper todo lo que tiene a mano) y de personajes igualmente convencionales: el dueño del restaurante mandón, la secretaria completamente tarada, el malo con su sonrisa sádica, el capo de los malos ambicioso y megalómano.

EL GORDO CONTROLADO
Ahí es donde puede fallar "Bonaparte, investigador privado". En el control. El día que la codirectora de la película, Olga Lucía Gaviria, presentó la obra a un grupo de periodistas, se mostró satisfecha con el trabajo del director norteamericano contratado, James Pasternak, porque había logrado controlar la actuación del gordo Benjumea. Es como sentirse genial por encontrar un guionista capaz de disminuirle los diálogos a Woody Allen. Uno de los factores de atracción del Gordo es la espontánea sobreactuación que, algunas veces en otras películas ha convertido las situaciones en simples pretextos para que él haga un solo de gestos y muecas y meneos. Ese es el Gordo y eso es lo que del Gordo se pierde en Bonaparte.
El resultado es una película con mayor coherencia en el argumento -que tiene todos los ingredientes de la comedia norteamericana de aventuras-, en la cual el Gordo está al servicio de la acción, una acción que no tiene nada de especial. Ojalá me equivoque, pero creo que el público no va a encontrar el personaje vital y exuberante que tanto le ha entusiasmado en películas anteriores. Unicamente en el primer cuarto de hora está el Gordo con todos sus recursos: la escena del restaurante, la de la pelea imaginaria contra la banda del Pez Dorado, la de la herencia y la de la oficina cuando va a rescatar el encendedor de la dama elegante que lo metió en el lío. Después comenzó el control y la paulatina pérdida de importancia del personaje de el Gordo al centrarse todo en identificar al bandido, el Cóndor.
Una inquietud. ¿Por qué se contrató a un director norteamericano? Pudo ser por exigencias de la coproducción, pero habrá que ver si el nombre de James Pasternak le abre a la película las puertas del mercado norteamericano.

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