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| 9/21/1992 12:00:00 AM

QUE SUBA EL TELóN

Para el estreno de Carmen, que abre esta semana la temporada de la Nueva Opera de Colombia, ha sido necesario salvar toda suerte de dificultades.

CUANDO SUBA EL TELON DEL TEATRO Colón y aparezca la plaza sevillana del primer acto de la Carmen de Georges Bizet, que inaugura la segunda Temporada de la Nueva Opera de Colombia, muy pocos estarán enterados de los antecedentes de este estreno, que mantuvo a la expectativa al público colombiano durante más de ocho meses.
La directora ejecutiva, Gloria Zea, no es nueva en estas lides, pues como directora de Colcultura manejó temporadas de ocho y nueve títulos. Proyectar la financiación, establecer convenios culturales con el teatro Teresa Carreño de Caracas, institucionalizar el coro, contratar los cantantes, ha sido apenas el preludio de la complicada empresa.
Por ejemplo, fue necesario ajustar diseños y construir nuevamente la escenografía, pues no cabían los decorados de Edwin Erminy del Teresa Carreño por la diferencia de tamaño entre los dos escenarios.
Una vez iniciados los ensayos, la mezzosoprano Sofía Salazar desarrolló una faringitis contraída en el anfiteatro romano de Mérida en España, donde días antes cantó, con enorme éxito, la misma Carmen. Pero las dificultades continuaron. Incluso fue dificil, inicialmente, disponer para los ensayos del escenario del Colón por compromisos contraídos con antelación por la sala.
Para la puesta en escena, original del argentino Tito Capobianco, vino el director asociado en Caracas Carlos Salazar, quien hace unos días fue intervenido de urgencia por una imprevista peritonitis. Cuando llegó el vestuario de Caracas, resultó imperativo cambiar el vestido que llevará Carmen en la puerta de la plaza de toros.
Para evitar irregularidades idiomáticas se recurrió a la versión que reemplaza los diálogos en francés por los recitativos, añadidos tras la muerte de Bizet por Ernest Guiraud. El tenor Manuel Contreras canta el don José por primera vez en su carrera y esa fue tarea nada fácil. La joven soprano Juanita Lazcarro, debutante operística,, confundía el carácter de su personaje y lo propio ocurría al barítono Sergio Hernández con su toreador. Hasta conseguir las figuras para el ballet fue faena de romanos.
Pero para todo ha existido una solución. Gloria Zea impuso su experiencia de años: con antelación a la llegada de la troupe dispuso de un especialista en garganta, buen conocedor del sen sible instrumento de los divos. Recurrió a todas las academias de ballet de Bogotá y previó un equipo de asistentes musicales y escénicos para salvar las dificultades. Incluso hay voces listas para subir a escena cuando así sea necesario. La enfermedad de Carlos Salazar fue un auténtico contratiempo, pero también se sorteó.
Todo está a punto para dar la orden: ¡Que suba el telón!
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