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| 4/22/2002 12:00:00 AM

“Quería escribir una novela que no sucediera en Colombia”

‘Los impostores’, la nueva novela de Santiago Gamboa, es uno de los títulos más llamativos dentro del repertorio de la Feria. SEMANA habló con él.

Tres escritores frustrados que viajan a China en busca de algo desconocido son los personajes centrales de la novela Los impostores, del colombiano Santiago Gamboa. A través de Suárez Salcedo, Chouchén Otálora y Gilbert Klauss Gamboa desarrolla esta historia detectivesca en un escenario novedoso en su obra. El autor habló con SEMANA sobre su nuevo libro.

SEMANA: ¿Cómo nació la novela?

Santiago Gamboa: Yo tenía dos ideas, dos deseos. Por un lado tenía muchas ganas de escribir una novela que transcurriera fuera de Colombia y me pareció interesante usar Pekín pues desde hace varios años he estado viajando a esa ciudad. A mí siempre me ha llamado la atención que los escritores hispanos estemos ligados a lugares donde se hable el idioma español. Yo quería hacer algo como se hace en el mundo anglosajón, en donde no hay problema en hacer una novela en Paraguay, en Africa, en Indonesia, como es el caso de tantos escritores. También quise hacer una trama con espías, pero espías por accidente, y que los tres personajes principales estuvieran unidos por su amor a la literatura.

SEMANA: ¿Cómo nacen sus personajes? ¿Tiene referentes de la realidad?

S.G.: No, los personajes son, digamos, creaciones casi ciento por ciento de ficción. Uno hace una colcha de retazos de recuerdos y así se van creando los personajes con la idea de que ellos sean autónomos y creíbles. El colombiano es un escritor frustrado; el peruano es de segunda categoría en la medida en que nunca ha sido publicado y que nunca pasa del ámbito privado, mientras que el alemán, si bien su amor a la literatura no lo manifiesta escribiendo, sí lo hace presente de varias formas.

SEMANA: ¿Por qué ha viajado a China con tanta frecuencia?

S.G.: Estuve allí para escribir un libro de viajes y además para un trabajo que empecé con Sergio Cabrera y que consiste en hacer una película en Pekín. Es una historia que ya está en la cabeza y que se hará a muy largo plazo. Sería después del rodaje de Perder es cuestión de método, que está dispuesto para empezar en agosto.

SEMANA: ¿Qué dificultades le trajo desarrollar una historia en una ciudad como Pekín?

S.G.: Para mí fue un enorme placer. A mí no me gusta hacer novelas iguales. De hecho, las que he escrito son todas diferentes. Me gustan territorios estéticos, de lenguaje, y esto incita a dar un salto que no he dado hasta ahora. La mejor manera de escribir de una ciudad que se conoce poco es escribiendo a través de personajes que llegan por primera vez a esa ciudad. Eso me permite compartir con mis lectores, eso me permite hacer creíbles a mis personajes. No hubiera podido hacer una novela con un personaje principal chino porque obviamente ese sí es un mundo diferente.

SEMANA: ¿Tenía clara la estructura desde que comenzó a escribir?

S.G.: Cuando yo empecé a escribir la novela con estos personajes tenía claro que iba a ser en Pekín pero la trama, aunque parezca increíble, la fui descubriendo a medida que la iba escribiendo. Yo escribo todo así. Yo soy un escritor que se sienta a trabajar partiendo de una imagen, un diálogo que va naciendo en el camino, eso hace que la escritura sea angustiosa porque uno desconoce qué va a escribir el día siguiente.

SEMANA: Usted ha descrito muy bien a Bogotá en novelas anteriores ¿Quería hacer lo mismo con Pekín?

S.G.: En la literatura muchas veces la ciudad se vuelve otra cosa, como en el símbolo de algo. A veces hay elementos muy precisos para el lector. Cuando yo leo una novela de Faulkner se va creando en mi imaginación ese espacio.

Pero en mi novela no me interesa que la ciudad se vuelva una ciudad literaria, aquí prima más la acción que el espacio. Yo escogí Pekín porque es un sitio exótico y es necesario llevar al lector para que lo vea. Yo creo que uno nunca debe escribir nada que no les importe a los personajes. Es importante observar los techos de porcelana con formas de dragón, hay una cierta mirada de sorpresa, pero lo que yo no quiero es aprovecharme de lo exótico.
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