Viernes, 20 de enero de 2017

| 1989/03/27 00:00

¿QUIEN MATO A CAROLYN?

Aparece en Colombia "Presunto inocente" de Scott Turow, la novela más leída del momento.

¿QUIEN MATO A CAROLYN?

Si el lector revisa las listas de los libros más vendidos y buscados durante los últimos meses en países como Estados Unidos, España, Argentina, Chile, Venezuela, Brasil, Francia y otros más, encontrará siempre un título, "Presunto inocente". Se trata de la primera novela escrita por un abogado llamado Scott Turow, un joven norteamericano que escribe bien y quien, con la historia del asesinato de una hermosa, rubia y fácil mujer, pone al descubierto las turbias relaciones que existen entre la justicia, el sexo y el poder político.
El protagonista, Rusty Sabich, ayudante jefe del fiscal del condado de Kindle, es también el narrador de esta novela. Ambicioso, bien casado en apariencia, convertido en la mano derecha del fiscal general, Raymond Horgan, y dispuesto a limpiar la ciudad de tramposos y delincuentes, en plena época electoral se halla parapetado en medio de una campaña de deslealtades y zancadillas, y es encargado de llevar la investigación de un caso que parece fácil pero el cual, poco a poco, se convierte en una brasa ardiente para todos: es que han asesinado y aparentemente violado a Carolyn Polhemus, la bella ayudante del fiscal, una mujer que era capaz de desatar los peores instintos y cuyo cadáver, encontrado en su apartamento, se convierte en símbolo de la violencia peligrosa que rodea a todos, grandes y chicos.
La novela, publicada en castellano por "Mondadori" (convertida en la niña bonita de las editoriales europeas por la calidad de sus autores y obras, al lado de Versal y Alfaguara), es la reconstrucción paso a paso de esa investigación. También, es un descenso al infierno de la justicia norteamericana (otro autor, Tom Wolfe, lo acaba de hacer con "La hoguera de las vanidades") a través de esta investigación, que equivale a destapar una alcantarilla que ocultaba lo peor de jueces, abogados, policías, políticos, alcaldes, funcionarios, periodistas y otros personajes oscuros que intentan sacarle ventaja a la muerte de esa muchacha.
El cargo de fiscal general del condado es uno de los más apetecidos por todo el manejo de recursos y personas que representa. Raymond Horgan, cansado y recién separado de su esposa después de 30 años de vivir juntos, ha decidido hacerse reelegir y su principal oponente, Nico Della Guardia, hasta hace unos meses uno de sus ayudantes principales (expulsado de la oficina por Sabich, el narrador por desleal y corrupto), emplea las peores armas políticas y personales para atajarlo. Es una campaña sucia que está siendo manipulada en la sombra por el alcalde y otros políticos. Justo cuando faltan pocas semanas para las elecciones, se presenta este asesinato. Sabich recibe la orden perentoria de aclararlo todo, de apresar al responsable y poco a poco, gracias a los manejos de sus rivales, aparece como el principal sospechoso.
Lo que viene enseguida es el espectáculo sangriento y deprimente de un grupo de profesionales, gente bella e importante, que se destrozará mutuamente, se insultará, engañará y atacará en los peores términos, usará las armas más innobles mientras el mismo narrador, sumergido en ese mar de lodo hasta el cuello, intentará defenderse con el único recurso que le queda: buscar la verdad mientras todas las pistas conducen a su relación amorosa y apasionada con la muchacha asesinada, conducen al pasada turbulento de una mujer que utilizó el sexo y el dinero para escalar los tramos más difíciles del aparato judicial.
Bien escrita, llena de sorpresas y repleta de personajes brillantes y sórdidos, la novela tiene la eficacia, el ritmo, el lenguaje y sabre todo, la excitación de esas series policíacas de la televisión. El protagonista, a quien todos quieren ver en la cámara de ejecución como responsable de haber gozado con el cuerpo de una mujer que muchos deseaban, no es inocente. Admite la responsabilidad moral y en medio del desenfreno reinante, aparece como uno de los más capacitados para analizar, condenar y mirar de nuevo el caos y la basura que lo rodea. No es un héroe. No es un santo.
Simplemente forma parte de un sistema judicial corrupto y cuando lo acosen, tendrá que emplear las mismas armas despreciables de los demás. Y en esa muestra de fuerzas desequilibradas, será donde la novela alcance su mayor ferocidad e interés.
Poco a poco las piezas son encontradas, reunidas y expuestas en ese juicio que llamará la atención por la importancia de los personajes. Los fiscales, sus asistentes, los abogados los investigadores, los policías, un forense japonés que está demasiado implicado y hasta la esposa del acusado, forman parte de ese circo del que todos salen destrozados, sin ganar ni perder, aunque la verdad sólo llegue a manos del narrador en las últimas páginas, sorprendiendo al más avezado de los lectores de novelas policíacas, dándole un giro imprevisto a una historia que descubre los hilos secretos de una trama vergonzosa y pestilente. Hasta el punto que los abogados y jueces norteamericanos tienen este libro entre sus favoritos porque relata una historia sobre personajes que ellos conocen bien, demasiado bien.
¿Quién mató a Carolyn, quién la violó, por qué están rotas las ventanas, por qué el recién elegido fiscal quiere hundir a su antiguo compañero de trabajo, por qué ha desaparecido un vaso que es evidencia clave en el juicio, por qué la esposa del ayudante del fiscal resiste estóicamente, por qué el forense entrega un informe falso sobre el semen encontrado en el cadáver, por qué todos quieren acabar con el protagonista, por qué esta novela es una de las más leídas y vendidas en los últimos meses?

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