Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/02/21 00:00

¿Quieres ser millonario?

La nueva película del inglés Danny Boyle merece cada uno de los premios que se ha ganado desde diciembre.

Jamal Malik (Dev Patel), un sobreviviente de las barriadas, está a punto de ganar el premio mayor de la versión india de ¿Quién quiere ser millonario?

Título original: Slumdog Millionaire.
Año de estreno: 2008.
Dirección: Danny Boyle.
Actores: Dev Patel, Freida Pinto, Madhur Mittal, Anil Kapoor, Saurabh Shukla, Rajendranath Zutshi, Jeneva Talwar.

Avanza como una bola de nieve. El drama de su protagonista, un pandillero de Mumbai, en India, que está a punto de ganar el premio máximo en el show de televisión ¿Quién quiere ser millonario, se va agrandando con el paso de las escenas hasta bajarnos a todos las defensas. La inquietud que produce crece y crece, igual que en el célebre programa de concurso, hasta llegar a un clímax que deja al más exigente satisfecho. La ingeniosa estructura narrativa, al vaivén de las preguntas que se suele hacer en el programa (el héroe, Jamal Malik, recurre a los recuerdos de su durísima infancia en la búsqueda de las respuestas), convence, más temprano que tarde, al cinéfilo combativo que se resiste a ceder el corazón. Resulta imposible, al final, no estar del lado de ese personaje que desde niño ha tenido claro a quién ama.

Por la pantalla, como si se tratara de una adaptación de alguna novela perdida de Dickens, pasan escenas de una niñez a prueba de desgracias, de una juventud desgarradora que es mejor olvidar y de una adultez melodramática que merece una recompensa.

Y pasan con la fluidez, con el triste sentido del humor y con el buen oído con que suelen pasar las imágenes que el británico Danny Boyle, el seguro director de Tumbas a ras de tierra (1995),

Trainspoitting (1996) y Exterminio (2002), consigue a fuerza de poner la cámara siempre en el mejor lugar posible, a punta de editar lo filmado con minuciosidad y de comprender, a la perfección, el mundo a narrar.

Se podría concluir, en un primer momento, que poco tienen que ver los personajes de ¿Quieres ser millonario? con los anteriores héroes de las películas de Boyle. Si se piensa en las motivaciones de Jamal, de su hermano Salim y de su amada Latika, sin embargo, pronto se descubre que el cineasta inglés ha estado contando desde su primer largometraje la historia de un pícaro (en el sentido en que lo es el Lazarillo de Tormes) que se dará por bien servido si consigue sobrevivir. Ha habido siempre, en el cine de Boyle, una bolsa de dinero que pone en peligro la vida de un protagonista que sólo tiene la vida para perder. Y una redención inesperada. Pensemos en la aparatosa Vida sin reglas (1997), en la confusa La playa (2000), en la conmovedora Millones (2004): vivir, según el autor, es salvarse por un pelo; amar es tener muy buena suerte; narrar es contagiar la compasión.

¿Quieres ser millonario? merece todos los premios que se ha ganado desde finales del año pasado. Pero, sobre esas estatuillas que irán llenándose de polvo en las estanterías de las oficinas, merece esa extraña alegría con la que reacciona el auditorio mientras la ve: lo más probable es que en un tiempo olvidemos los nombres de sus personajes, el montaje veloz, las canciones nerviosas, pero que, como suele suceder con las producciones más brillantes, recordemos siempre esta emoción que nos produjo.

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