Sábado, 21 de enero de 2017

| 1988/09/12 00:00

Radiografía de un líder

Sus primeros años, su lucha revolucionaria y su consolidación en el poder, en la biografía de Fidel Castro realizada por Tad Szulc, que acaba de aparecer en español.

Radiografía de un líder

La primera vez que se encontraron fue en La Habana, en los primeros días de 1959, cuando todavía estaban frescos el fango y la sangre en los uniformes verde oliva de Fidel Castro y sus compañeros de la Sierra Maestra. Cuba era un hervidero y en medio del huracán, igual que miles de corresponsales llegados de todo el mundo, estaba él, pragmático, duro y cínico: Tad Szulc, el reportero del New York Times que enviaría extensas crónicas sobre la iniciación de una Revolución que su país miraba con preocupación.
Era la primera vez que se encontraban y de ahí en adelante, ese supuesto amor a primera vista habría de enriquecerse con nuevos encuentros, con nuevas citas a lo largo de las cuales el otro, Fidel Castro, hablaría con ingenuidad (como lo hace cuando quiere atrapar el afecto y la atención de otros), con pasión (como también lo hace cuando quiere que sus juicios sean comprendidos inmediatamente), y también con ese humor caribe que le ha servido a algunos de sus amigos para calificarlo, equivocamente, como uno de los líderes con mayor capacidad para burlarse de ciertas situaciones.
Este libro (que ahora llega a Colombia en su versión castellana), "Fidel", publicado en un grueso e insostenible tomo por Grijalbo, es el producto de la relación, en ocasiones ambigua, entre ese reportero y ese personaje. Durante los últimos años han sostenido cinco interminables entrevistas, en las cuales Szulc se atrevía a hacer lo que la mayoría no osaría en presencia de Castro: interrumpirlo.
Notas, grabaciones, diálogos con los amigos de Fidel, búsqueda de fuentes que nunca antes habían sido consultadas, paciente indagación de citas históricas, películas, casetes de video y sobre todo, la forma supuestamente objetiva como el periodista ha enfocado un personaje y un tema, que en otras manos se hubiera convertido en una auténtica bomba de tiempo pero que en "Fidel", asume el carácter de uno de los primeros trabajos a fondo y en serio sobre Castro, a diferencia del centenar de libros obsequiosos arrodillados y comprometidos que han aparecido en todos estos años y en todos los idiomas.
Este no es un libro objetivo pero sí honrado y el mismo Castro así lo ha reconocido. Es que con una historia candente, llena de vida y actualidad como ésta, ningún periodista puede ser objetivo y la honradez tiene que ver con un detalle simple: las profundas diferencias ideológicas que existen entre el reportero y el personaje nunca fueron barreras para el acercamiento de ambos. Al contrario, se estableció no una complicidad pero sí una tolerancia fructifera que tiene como resultado un libro ameno, bien traducido al castellano y a través del cual conocemos uno de los grandes mitos vivientes de este siglo. Ese mito que quienes viajan a La Habana tienen ocasión de conocer una noche, en su Palacio, con su uniforme verde oliva, masticando un enorme cigarro y haciendo gala de una memoria de auténtico elefante.
Dos años después de ese primer encuentro en La Habana, pocas horas después de la entrada triunfal, Szulc acompañó a Castro al campo de batalla de Bahía Cochinos, luego de la frustrada invasión por parte de cubanos contrarrevolucionarios y mercenarios empujados por la CIA y otros organismos norteamericanos. Era 1961 y en ciertos sectores liberales de Estados Unidos se tenían algunas esperanzas sobre el futuro de ese pequeño pero problemático país. El periodista mantendría contacto con Castro, en algunas ocasiones a través de otras personas o por cartas y llamadas telefónicas que iban alimentando la idea de un reportaje muy extenso, que podría convertirse en libro. En 1984, la revista Parade lo envió a La Habana y esa fue la ocasión de plantearle el tema. Castro siempre ha sido renuente a las biografías. El temor a que malinterpreten lo que dice, el fastidio de verse dibujado en una imagen que siempre ha cuidado hasta en los menores detalles (el aura de misterio que en ocasiones lo rodea, no es producto del azar, tiene que ver con el mismo poder que detenta), lo prevenían de cualquier intento biográfico. Pero con Szulc llegó a un acuerdo: le facilitaría todos los datos, le daría todas las informaciones indispensables, le organizaría viajes alrededor de la isla, siempre y cuando el libro no apareciera como una biografía oficial. Tenía que ser un trabajo independiente y Castro ni siquiera tendría que conocer los originales.
Maniático de los detalles, obsesionado con las confirmaciones de lo datos más insignificantes, muy organizado con sus ficheros y ayudándos con la memoria de un computador --con el cual trabajó con un equipo de jóvenes reporteros--, Szulc ha logrado un libro que puede leerse como una novela de acción. No es un libro sobre la Revolución, sus logros y sus conflictos. Es un libro sobre este hombre que es capaz de sostener un discurso en una plaza pública durante más de ocho horas, o quien sorprende a sus amigos despertándolos en la madrugada para tomarse un té bien cargado y hablar de muchos temas, desde una nueva película cubana (la fundación de la escuela de cine en San Antonio de los Baños reveló un aficionado furibundo a las películas, nacionales y extranjeras), pasando por recientes medidas monetarias internacionales, hasta llegar a un tema que se ha vuelto recurrente en los últimos años: la liberación de algunos presos políticos. La investigación de Szulc fue muy completa y figuras como la colombiana Clara Nieto de Ponce de León, quien fue embajadora de la Unesco en La Habana, son una de las fuentes frescas para esta obra. Se recurre a fuentes que obviamente no se limitaron a Cuba y que abarcan otros países en América y Europa.

Las descripciones son estupendas, vívidas, y en ocasiones humoristicas. La misma división de la obra anticipa con sus capítulos, la aventura que el lector emprende de la mano del reportero: "El Hombre", "Los años jóvenes" (1926-1952), "La Guerra" (1952-1958), "La Revolución" (1959-1963), y " La Madurez" (1964-1986). Para los que prefieren más el lado político y concreto de la vida de Castro, el penúltimo es el capítulo más interesante porque contiene dos aspectos de su carrera que siguen siendo objeto de análisis: la salida del Che Guevara de Cuba, rumbo a Bolivia, y las discrepancias de Castro con los soviéticos. El tema del Che sigue siendo uno de esos tópicos que los visitantes a Cuba prefieren no tocar, y el de las relaciones con los soviéticos siempre surge en una reunión de más de dos.

Aun para las personas menos interesadas en los temas políticos, económicos, internacionales y militares que van surgiendo como trasfondo de esta biografía humana, "Fidel" resulta un libro entretenido, sorprendente y revelador. Después, sólo queda tomar una excursión y visitar los lugares descritos.--

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