Domingo, 22 de enero de 2017

| 1991/01/14 00:00

RAICES CHINAS

"El club de la buena estrella" recrea las tradiciones orientales, vistas desde occidente.

RAICES CHINAS

La irrupción de una estética y de una mentalidad oriental en la narrativa norteamericana no había tenido hasta hoy tal resonancia ni una acogida tan unánime como lo ha hecho la hermosa novela "El club de la buena estrella". Amy Tan, la autora de este fenómeno literario es una mujer de 38 años, de padres chinos y quien visitó el país de sus antepasados por primera vez en 1987.

A partir de ese viaje Amy Tan emprendió la escritura de su novela. Es necesario, entonces imaginarla reconociendo el lugar de sus ancestros. Unos ancestros y una tradición que irían respondiendo a los numerosos interrogantes que se había planteado la escritora a lo largo de su vida. Interrogantes y visiones desplazadas o rechazadas por su otra cultura, la norteamericana. Forzoso es presumir que ese viaje, un viaje iniciático en busca de sus verdades ancestrales, le abrió las innumerables puertas por donde ella penetra en ese mundo de dos generaciones de mujeres chinas que viven los destinos de otra civilización.

Pero la empresa de escribir una novela así, en donde las mujeres recuerdan episodios de su pasado, no se realiza convocando sencillamente los demonios de la memoria. Efectivamente, Amy Tan escribió su libro con un cúmulo de hechos pasados, reales o creados por ella misma. No interesa, lo que importa aquí es cómo esos hechos al ser convocados muestran una admirable continuidad y una inquietante ruptura en el paso de las generaciones. Las cuatro mujeres que se sientan a jugar semana a semana el mah-jong tendrán por tema capital la evocación de sus recuerdos en relación con la experiencia de su juventud. Pero las hijas de estas señoras chinas que juegan mah-jong también relatan la historia de su vida y siempre a través de las vivencias relacionadas con sus madres.

Construida en una perfecta simetría, que refleja el propio juego que se lleva a cabo en el que las damas llaman ~El Club de la buena estrella", la novela toda posee ese mismo sentido de orden y de reveladoras figuras a lo largo de sus hermosas páginas. La sabia construcción del libro lleva al lector a armar en un solo conjunto narrativo los diferentes cuentos, las diferentes historias que las mujeres relatan. Entonces puede leerse, si se quiere, como un libro de cuentos, porque al fin y al cabo cada capítulo independiente es como una hermosa joya que se ha engastado en un conjunto más vasto.

Si las mujeres mayores rememoran el tiempo vivido en su país natal, sus hijas incorporarán a los recuerdos de su infancia el barrio chino donde nacieron y crecieron. Aunque en todas ellas el pensamiento simbólico preside los actos, las creencias y los temores, en la nueva generación se inicia un movimiento de conciencia dirigido hacia la consecución de un pensamiento más racional y práctico y que sin duda es el principio de la ruptura de una tradición milenaria.

La riqueza de la escritura de Amy Tan, la extrañeza del mundo que revela y la delicadeza de su voz, unidas a su hechizante forma narrativa, hacen que este libro, hermoso como pocos, perdure en la memoria del lector, como una de las más gratas experiencias literarias.

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