Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2015/09/19 13:28

Ray Loriga, ese ‘maldito escritor’

Polémico, prolífico y polifacético. Así es este escritor español que participa de la Fiesta del libro de Medellín.

Ray Loriga

A los 21 años escribió su primera novela, Lo peor de todo. Y a los 30 ya hacía su primera película, La pistola de mi hermano, basada en un libro suyo. Sus 48 años de vida han transcurrido entre la literatura, el cine, los periódicos y la música –un gran melómano que además estuvo casado con Christina Rosenvinge, la cantautora de Christina y Los Subterráneos-.

Loriga hará parte este sábado en la Fiesta del libro de Medellín, con Víctor Gaviria y Gabriela Alemán, de una charla llamada ‘El crudo encanto de la realidad’. SEMANA habló con él.


SEMANA: En los años noventa algunos le pusieron a usted la etiqueta de escritor maldito. ¿Le gustaba eso?

Ray Loriga:
Me hacía gracia, pero yo prefería llamarme ese ‘maldito escritor’. No me gustaba abusar de esa leyenda, pues era injusto con los verdaderos escritores malditos, o de culto o Underground. En mi caso -una vez publicas con una editorial y te reseñan en periodicos y te reconocen en el mundo-, era un escritor conocido, nada subterráneo.

SEMANA: Uno lo leía a usted y pensaba: “este señor va a morir joven”…

R. L.:
Ese era un poco el primer plan, pero afortundamente falló. No, mentiras, nunca tuve una idea suicida y, por suerte, no entré a la lista de los que mueren a los 27 años y dejan un bonito cadáver.

SEMANA: ¿Entonces su vida no fue frenética?

R. L.:
Lo fue. Viví muy de prisa, el éxito llegó temprano y no tenía ataduras. Se me abrió un mundo divertido, frenético y, a la vez, peligroso. No era un suicida, pero sí descuidado en lo que hacía y con mucho arrojo para tirarme a las cosas de cabeza. Hasta que el cuerpo no aguantó más. Y luego fui inteligente para saber, como los futbolistas, que mi carrera activa tenía que acabar.

SEMANA: Cuando publicó ‘Héroes’ (1993), tal vez su libro más renococido, llamó la atención que una foto suya con pinta de rockero fuera la portada. Caso inusual en los escritores.

R. L.:
Si hubise sido un señor sesentón, calvito, con gafas y gordito, a lo mejor no iba a llamar la atención. Pero sí lo logró la presencia de un tipo con cara de rockstar. Esta imagen además jugaba bien con el libro, que era la vida de un chico común y corriente, de una ciudad cualquiera, que se encierra en una habitación a soñar con las estrellas del rock y a soñar que es una de ellas.

SEMANA: Con sus primeras novelas era imposible no hacer comparaciones con el escritor colombiano Andrés Caicedo (‘¡Que viva la música!’)…

R. L.:
Yo no lo había leído cuando escribí ‘Héroes’. En su momento varias personas me comentaron que en los libros había un espíritu similar. Pero no era de extrañar. Sus protagonistas eran jóvenes. Como decía Kurt Cobain: “olía a espíritu adolescente”.

SEMANA: Cuando escribió ‘Lo peor de todo’ (1992), su primer libro, lo encasillaron como un escritor de la Generación X. ¿Si era su lugar?

R. L.:
Cuando escribí el libro no tenía la aspiración, ni la idea, y creo que pocos la tenían, de pertenecer a ella por una sola razón: el libro ‘Generación X’ (1991), de Douglas Coupland, ni se conocía. Luego, por las temáticas, juveniles y adolescentes, me catalogaron con otros escritores, como Alberto Fuguet y Rodrigo Fresán, como de esa generación.

SEMANA: ¿Por qué esa fascinación suya por David Bowie, tanto que el título de una de sus canciones es el mismo de una de sus novelas?

R. L.:
Tiene que ver con la historia que motiva a Héroes: la enfermedad de mi hermano. Él era esquizofrénico, muy inteligente y le encantaba la música. Y yo, desde el otro lado de la pared del cuarto, oía a Bowie, del que él era fanático. Cuando lo ingresaron a un hospital psiquiátrico me regaló todos sus discos. Y esos discos se convirtieron en la conexión con un hermano que estaba empezando a perder, y que acabé perdiendo.

SEMANA: ¿No hay más?

R. L.:
Y tambien por la forma como Bowie, sobre todo en ‘Ziggy Stardust’ (1972), le habla directo a quienes lo escuchan. Para los adolescentes es casi un protector de sus miedos.

SEMANA: Usted es de los pocos que se da el lujo de dirigir una película sobre un libro que escribió, como el caso ‘La pistola de mi hermano’ (1997), que, a propósito, ganó en un Festival de Cine de Bogotá…

R. L:
No lo tenía planeado, pero yo siempre quise hacer novelas y guiones de cine. No tenía claro que sería director, solo había hecho cortos. Cuando compraron los derechos de la novela el productor me dijo que la dirigiera. Y con miedo, inconsciencia, respeto y arrojo lo hice. El resultado me dejó satisfecho.

SEMANA: Y al poco tiempo lo llama Almodóvar…

R. L.:
Sí, para colaborar con el guión de ‘Carne trémula’. Almodóvar había leído mis libros y le gustaban mucho, quería mi opinión y más si se trataba de una adaptación muy libérrima de una novela de la escritora de misterio Ruth Rendell. Eso fue como hacer un master de guiones.

SEMANA: ¿Cómo va su relación con la Iglesia Católica después de haber hecho ‘Teresa, en el cuerpo de Cristo’ (2007)?

R. L.:
La Iglesia vive enojada y eso que el Papa Francisco le pone cara de buen humor a todo. La Iglesia en España no se acostumbra a vivir sin el poder que tuvo por años. Y cuando alguien se toma la tarea de hacer una película seria sobre uno de sus figuras, se molestan, como si dijeran: “no toques a mi santos”. Quieren que sus santos se reduzcan a una estampita.

SEMANA: ¿La película, protagonizada por Paz Vega, no era mas carnal que espiritual?

R. L.:
Si se lee a Santa Teresa -por lo que la juzgaron y la encarcelaron-, son textos implícitos en los que relaciona la unión de Cristo con una terminología sensual y sexual. Yo lo que hice fue seguir los relatos de ella. La película fue escándalo en su día y, desgraciadamente, hoy lo sigue siendo.

SEMANA: ¿Desde ‘Tokio ya no nos quiere’ (1999) uno puede hablar de otro Ray Loriga?

R. L.:
Siempre he escrito desde la posición en la que me encontraba: un poco reportero de mis propias emociones y de mi entorno. El escritor a los 21 años de ‘Lo peor de todo’ no es el mismo de ‘Tokio ya no nos quiere’ y así sucesivamente. No busco repetirme porque me aburriría, no quiero ser como una banda de rock que repite la misma música porque eso es lo que vende.

SEMANA: Recientemente escribió de fantasmas, historias infantiles, de política, de cultura, de fútbol. ¿Es cierto que dijo que ahora escribía por dinero?

R. L.:
Fue una broma. Dije que para comer hay que escribir de todo. Y que había que escribir un libro para un hijo y otro libro para el otro. Y todo acabó en una frase que nunca dije.

SEMANA: El cine español tuvo hace 20 años un momento brillante con Julio Medem, Juanma Bajo Ulloa y Daniel Calparsoro, entre otros. Hoy parece volver a ese camino…

R. L:
El impacto de esa generación, muchos de ellos vascos, se perdió porque los productores se volvieron más comerciales. Luego vino otra generación, muchos de ellos de Barcelona, como Jaume Balagueró (‘REC’), que no tiene complejos. Y son tan buenos que están llevando a los productores a arriesgarse.

SEMANA: En la literatura española, tal vez, sí hablamos de los autores de siempre…

R. L.:
Por la crisis que atraviesa España, las editoriales se volvieron conservadoras, se dejó de publicarles a los escritores jóvenes. Ahora solo le apuestan a los conocidos y a los pesos pesados, a los que venden, a los que reconoce la crítica.

SEMANA: ¿La novela ‘Za Za, emperador de Ibiza’ (2014) es la más arriesgado que ha escrito?

R. L.:
Siempre intento arriegar lo suficiente. Es una novela en clave de humor y quería jugar con eso. El humor ampara el riesgo.

SEMANA: ¿Hoy qué es Ray Loriga: escritor, director de cine, guionista, periodista?

R. L.:
Soy todo eso. Me dedico a cada cosa en cada momento con la responsabilidad y el esfuerzo que merece cada una de ellas. 

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