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| 5/26/2012 12:00:00 AM

Rebeldes inmortales

Un nuevo libro y varias películas demuestran que la Generación Beat no pasa de moda. Kerouac, Ginsberg y Burroughs, padres de la contracultura estadounidense, siguen encantando al mundo por su talento y sus excesos.

En la última carta que Jack Kerouac le envió a Allen Ginsberg -el 29 de junio de 1963- escribió lo siguiente: "He tenido visiones horribles de los excesos del mundo (...) nuestra esencia mental está completamente destrozada por la música, la gente, los libros, los periódicos, el cine, los juegos, el sexo, las habladurías, la economía, etc. (...) estoy a punto de morir ahogado, en consecuencia". Efectivamente, unos años después, en 1969, Kerouac murió sumido en la depresión y el alcoholismo. Su obra y su vida, así como la de Ginsberg, estuvieron marcadas por la rebeldía e inspiraron el nacimiento de la contracultura estadounidense. Hoy, varias décadas después, siguen generando fascinación.

Se conocieron en Nueva York, en 1944, en un apartamento cerca a la Universidad de Columbia. Ginsberg, de origen judío, tenía 17 años y era un aspirante a poeta que vivía con su amante y mentor, Lionell Trilling. Kerouac, de 21, era estudiante, gran jugador de fútbol americano y había nacido en Massachusetts, de padres franco-canadienses. A pesar de sus orígenes disímiles, se hicieron amigos de inmediato: ambos compartían el gusto por la bohemia, el jazz, las drogas, el sexo libre y la literatura. Los dos también estaban profundamente decepcionados por la sociedad conservadora y puritana en la que vivían. Empezaron a verse con frecuencia y a formar un grupo más amplio de amigos que, al poco tiempo, empezaron a ser conocidos como los beatniks.

Desde entonces los dos escritores mantuvieron una intensa relación epistolar: durante los 20 años siguientes se escribieron con frecuencia cartas en las que documentaron su vida, la génesis de su obra, pero también narraron los sucesos más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX. Las cartas son desiguales: en algunos casos se trata de largas y complejas reflexiones sobre la creación poética o extensos análisis sobre la filosofía Zen; mientras en otros son breves mensajes que relatan algún viaje o comentan algún chisme del mundo de las letras.

Cuando Kerouac murió, a los 47 años, gran parte de su correspondencia fue enviada al archivo de la Universidad de Columbia. Ginsberg, por su parte, contrató a un estudiante de la Universidad de Texas, llamado Jason Schinder, para que las transcribiera y archivara. El poeta estaba consciente del valor literario del material. En 1961 le dijo a su amigo Lawrence Ferlinghetti: "Llegará el día en que las cartas de Ginsberg a Kerouac harán llorar a Estados Unidos".

Desde luego, tendría que pasar mucho tiempo, casi 50 años, para que eso sucediera. Después de la muerte de Ginsberg, en 1997, uno de sus mejores amigos, Bill Morgan, se puso en la tarea de cruzar los dos archivos. Con otro editor, David Stanford, lograron clasificar y ordenar más de 300 cartas que publicaron, en 2010, bajo el título Jack Kerouac and Allen Ginsberg: The Letters. El libro acaba de salir al mercado en español.

Desenfreno y literatura

La importancia de la Generación Beat es innegable. Sus obras inspiraron a toda una generación de estadounidenses y fueron precursores de los movimientos estudiantiles de Mayo del 68, la cultura hippie, la oposición a la guerra de Vietman o eventos como el Festival de Woodstock en 1969. El espíritu libre de Ginsberg, Kerouac, William Burroughs, Neal Cassady, Herbert Huncke, Carl Solomon, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky, entre otros, cambió el curso de la cultura.

Gran parte de su influencia tiene que ver con su estilo de vida desenfrenado. En la primera carta, por ejemplo, Kerouac se encontraba en la cárcel del condado de Bronx, por haber encubierto un asesinato. Varias veces durante su vida el novelista se vio implicado en este tipo de situaciones sórdidas. Por su parte, Ginsberg pasó varios años fuertemente medicado y recluido en clínicas psiquiátricas. En una carta de julio de 1949, Kerouac le escribe: "Te admiro por haber ingresado voluntariamente en un manicomio (...) procura, mientras convences a los médicos de que estás chiflado, no convencerte a ti mismo". A lo que Ginsberg le responde: "No he ingresado para averiguar cómo son las cosas y las personas (...) me tomo mis manicomios muy en serio".

Durante uno de esos periodos de reclusión, Ginsberg conoció a Carl Solomon, un poeta que inspiró su gran obra: el poema Aullido. Muchas de las cartas que escribe desde entonces tienen que ver con el tortuoso proceso de armar el poema que empieza con el famoso verso: "He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura". De hecho, Kerouac le sugirió el título. Este también dedica cientos de páginas a contar cómo escribió su novela que se convertiría en un clásico, En el camino. En ambos casos queda claro que los dos se tomaban muy en serio la literatura y que eran, además, lectores voraces.

Las cartas también cuentan con detalle los viajes que hicieron alrededor del mundo. Kerouac relata su recorrido en carro por California y México, mientras Ginsberg narra sus periplos por Europa y Marruecos. En los dos casos hay abundantes descripciones de sus experiencias con todo tipo de drogas y de la frenética actividad sexual, que incluía constantes orgías.

Cine Beat

Pero el fenómeno de la Generación Beat no se limita a los libros. La semana pasada en el Festival de Cannes se presentó una versión cinematográfica de En el camino, dirigida por el brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios y El jardinero fiel) y protagonizada por Garrett Hedlund y Sam Riley, junto con Kristen Stewart, Viggo

Mortensen, Kirsten Dunst y Steve Buscemi. Meirelles intentó llevar al cine el complejo estilo de Kerouac - un largo monólogo interior- e intentó ser lo más fiel posible a la obra. Tanto así que utilizó en el rodaje el mismo carro en el que Kerouac hizo buena parte de sus viajes.

La crítica, sin embargo, no ha sido muy benévola. Salvador Llopart, por ejemplo, escribió en La Vanguardia: "El filme no consigue atrapar la excitación del momento, y deviene un largo deambular en el que los personajes no cambian, ninguno tiene interés personal más que drogarse y, un poco, sin abusar, practicar sexo en todas las combinaciones posibles".

A finales de 2012 se estrenará una adaptación de Big Sur, otra de las novelas de Kerouac, dirigida por Michael Polish y protagonizada por Stana Katic, Kate Bosworth y Josh Lucas. Más adelante, a principios de 2013, saldrá Kill your Darlings, una cinta dedicada a la Generación Beat, en la que Daniel Radcliffe (Harry Potter), hace el papel del joven Ginsberg. Al parecer el interés por estos 'poetas malditos' no se esfumará en mucho tiempo. Como le dijo a SEMANA el escritor colombiano Hugo Chaparro: "Hay un reclamo a la explotación de los Beatniks como industria pop. Un movimiento que sirve para vender el pasado con el aire de una moda que no pasa y permite continuar con el negocio. También para reinventar en tiempo express a los héroes que pudieron escribir clásicos contemporáneos: textos que continúan en el camino".
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